l dato más preocupante para los fabricantes es la edad del parque: entre el 70% y 80% de los tractores que trabajan en el campo argentino tienen más de 15 años, y un porcentaje similar de cosechadoras supera la década de uso. Esto repercute en la calidad y eficiencia de las labores de cosecha y poscosecha, y limita la adopción de tecnología de punta.
Para que el recambio sea sostenido, AFAT calcula que en un mercado “razonable” deberían incorporarse anualmente entre 7.000 y 8.000 tractores, 1.000 a 1.200 cosechadoras y 800 a 900 pulverizadoras. Hoy, las cifras están muy por debajo de esos niveles.
La tecnología disponible ya ofrece saltos importantes de productividad y eficiencia: pilotos satelitales con precisión de 3 centímetros, corte de dosificación cuerpo por cuerpo, pulverización pico a pico, dosificación variable, mapeo y aplicación zonificada de herbicidas, aplicaciones selectivas en tiempo real, autorregulación de cosechadoras y transmisiones inteligentes en tractores. Pero para que estas innovaciones se expandan, las máquinas viejas deben salir de circulación.
Este debate se suma al siempre vigente temor a la importación de usados. Debido a la facilitación dispuesta por el gobierno nacional, se pueden traer equipos nuevos o usados de cualquier parte del mundo, y eso debería hacer que los precios bajen. Por ahora eso no sucedió: Bajaron los precios de las maquinas nuevas, pero los usados no representan un negocio tan atractivo como parecía. Hasta ahora, traer equipos de afuera no representa una baja sustancial en los precios finales que los contratistas o productores deben desembolsar.
AFAT agrupa a las principales marcas del sector (Agrale, Massey Ferguson, Challenger, Valtra, CASE IH, New Holland, CLAAS, FPT, Jacto, John Deere y Stara), que producen en 12 plantas industriales con más de 500 mil metros cuadrados y una red de 500 puntos de venta en todo el país. El sector genera unos 16.700 empleos directos e indirectos.
Bichos de Campo


