Según datos de Aduana de Estados Unidos, Australia tiene la cuota más grande, con 378.214 toneladas, seguida por Nueva Zelanda con 213.402 toneladas. Si bien, el deseo de los exportadores es que se amplíe la cuota, hoy lo que podría tener alguna probabilidad adicional es una alguna reducción arancelaria para los productos o también una nueva cuota bilateral con atributos específicos. En los próximos días podría haber noticias en este sentido, según la industria. De acuerdo con fuentes empresarias, es “importante negociar un aumento de cuota” para realizar envíos sin penalizaciones arancelarias.
“Ahora las cuotas llevan el arancel recíproco específico de cada país y fuera de las cuotas es 26,4% más el mencionado arancel”, señaló Miguel Jairala, analista económico del Consorcio de Exportadores de Carnes ABC. De acuerdo con el experto, en principio, desde el 7 de agosto, Brasil pagaría un 50% de arancel en cuota y 76,4% por fuera de cuota. Además, a partir de estos cambios, Canadá podría tener una oportunidad para hacer envíos a su vecino país.
“Seguramente Brasil quiera colocar ese excedente en China o en otros mercados de Asia o del Norte de África. En el caso de la Argentina sería solamente relevante qué pasa en China”, precisó Jairala.
Aunque todavía no está definido el nuevo arancel que podría tener impacto en los productos argentinos, la incertidumbre y el endurecimiento comercial generan preocupación en el sector exportador, que están a la espera de la pronunciación de Trump, sobre el destino de los productos nacionales.
Según explicó un analista y empresario del rubro, quien pidió omitir su nombre, el comercio se frena cuando se imponen medidas de este tipo. “Ya hay antecedentes: cuando entra en vigencia un arancel tan alto, directamente desaparecen las operaciones”, señaló.
Así, dicen en el sector, el envío de carne brasileña hacia otros destinos también puede generar distorsiones en los mercados alternativos. En particular, esta decisión para el rubro cárnico se suma a otro problema estructural en EE.UU.: la suspensión de importaciones de terneros vivos desde México, alrededor de 1,6 millones por año, a raíz del avance del gusano barrenador, una plaga que ya había sido erradicada en EE. UU. en 1966, pero que volvió a detectarse en México. Esta enfermedad, provocada por una mosca que deposita huevos en el ganado, representa una amenaza sanitaria seria y refuerza la escasez de carne en el mercado estadounidense.
El caso de China
Según el experto, si Brasil envía su excedente a China el flujo de carne desde la Argentina hacia el gigante asiático podría reducirse. En rigor, aclaró que no se espera un impacto inmediato en el mediano o largo plazo, pero el reordenamiento global de flujos comerciales está en marcha.
“El problema no es solo comercial, sino geopolítico”, sostuvo. El experto aclaró que esto no se trata de una guerra de aranceles, sino más bien de una pulseada entre Trump y Lula da Silva. En este contexto sanitario y de tensiones comerciales, la hacienda en EE.UU. ya vale el doble que, en la Argentina, lo que acentúa la presión sobre los precios internacionales.
Por ahora, según las fuentes consultadas, no hay definiciones concretas sobre el tratamiento que recibirá la Argentina en materia arancelaria. Teóricamente, el país figura en una lista preferencial, como un guiño hacia el gobierno de Javier Milei, pero no hay ninguna confirmación oficial. El riesgo de que el excedente brasileño se desplace a mercados donde compite directamente con la Argentina, como China, preocupa sobre todo al sector exportador, insistieron.
La Nación – Belkis Martínez


