Los dirigentes llegaron con datos en la mano que describen la magnitud de la crisis. Sembrar maíz temprano, según cálculos de la Bolsa rosarina, requiere una inversión inicial de u$s1.190 por hectárea, mientras que la soja demanda unos u$s680. Esta diferencia no es menor y obliga a decidir si vale la pena arriesgar más capital en un contexto de costos que suben en dólares y rentabilidad que se achica.
El regreso de las retenciones a niveles plenos a partir del 1° de julio —33% para soja y 12% para maíz— profundizó la presión fiscal en un momento donde los precios internacionales no acompañan.
Los fletes representan otro problema estructural: el transporte equivale al 29% del costo total del maíz y al 20% en soja, un porcentaje que deja fuera de competencia a productores alejados de los puertos. En zonas del NOA, el sur de Córdoba o el oeste bonaerense, la combinación de distancia, baja productividad y alta carga impositiva convierte la campaña en una apuesta riesgosa.
Los insumos también subieron fuerte: la urea trepó u$s80 por tonelada, el fosfato u$s20 y los combustibles encarecieron todas las labores agrícolas. Para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, este encarecimiento sostenido limita la capacidad de aplicar paquetes tecnológicos completos y deja a muchos lotes expuestos a perder competitividad frente a otros países exportadores.
Pero lo que más preocupa es que, aún en regiones de alta productividad, los márgenes se ven presionados por costos que no dejan de crecer. La Bolsa rosarina calcula que con precios de cosecha en torno a u$s284 por tonelada para la soja y u$s173 para el maíz, solo rendimientos excepcionalmente altos permitirán cerrar la campaña con números positivos. Cualquier contratiempo climático o logístico puede convertir una planificación ajustada en una pérdida económica significativa.
El compromiso presidencial: retenciones en la mira, pero sin fecha definida
Frente a este panorama, la promesa presidencial fue recibida con cautela. “Milei dijo que las retenciones son el próximo impuesto que se va a bajar y que la rebaja será definitiva, no transitoria. Pero no dio fechas”, contó Andrea Sarnari al salir de la reunión. Según la dirigente, el presidente escuchó con atención los problemas de rentabilidad y la urgencia de generar un horizonte más claro. También quedó sobre la mesa la preocupación por el futuro del INTA, tras el decreto que recortó su autarquía presupuestaria. Además, Sarnari detallo que se le contó al presidente que “el INTA es clave para sostener innovación en todo el territorio. Fue receptivo, aunque no avanzó en detalles”.
En diálogo con la prensa, Pino destacó que la reunión fue “un gesto de reconocimiento político” hacia el agro. “Milei nos reiteró que el campo es el sector más competitivo y productivo del país. Su compromiso, según dijo, es con la producción, no con partidos”, aseguró. El titular de la Sociedad Rural también remarcó que la previsibilidad fiscal es indispensable si se quiere mantener la inversión. “El orden macroeconómico debe consolidarse. Si no hay reglas estables, es imposible planificar”, resumió.
El presidente de Coninagro valoró la instancia de diálogo directo, pero recordó que la situación es límite. “No estábamos acostumbrados a una reunión tan extensa con un presidente. Es importante destacarlo. Pero eso no significa que dejemos de plantear los problemas. La situación productiva es muy delicada”, sostuvo Magnano.
Por su parte, Castagnani explicó que el presidente designó un funcionario con rango alto —no vinculado al Senasa— para atender reclamos sobre la barrera sanitaria patagónica y la habilitación del ingreso de carne con hueso, una medida que generó rechazo en productores del sur.
Los dirigentes anticiparon que la inauguración de la Expo Rural, prevista para el 17 de julio, podría ser escenario de definiciones más concretas ya que siempre que un presidente viene a La Rural hay expectativa. Todos los dirigentes rurales coincidieron en señalar que “Milei sabe que su discurso será muy observado”.
Lo cierto es que, de no mediar cambios fiscales o una mejora de precios internacionales, la combinación de costos elevados, presión tributaria y financiamiento caro afectará las decisiones de inversión y podría derivar en un retroceso productivo. Con esta premisa, la BCR proyecta que el área sembrada podría mantenerse estable, pero con menor inversión en tecnología, fertilización y protección de cultivos. Un escenario de estas características eleva el riesgo de caídas de rendimiento y recorta la competitividad frente a otros países proveedores.
Para muchos productores medianos y chicos, la campaña que empieza a delinearse se ubica entre las más inciertas de los últimos años. La urgencia por reglas claras y un alivio fiscal no responde solo a una cuestión de rentabilidad: en algunas regiones, la continuidad de la actividad depende de que el compromiso presidencial se concrete pronto. A favor del oficialismo es importante destacar que los precios internacionales -pilar fundamental de los gobiernos peronistas- no acompañan y están muy lejos de proporcionarle a Milei aquel “viento de cola” que tuvo nuestro país durante varios años. Por ahora, la promesa de una rebaja definitiva de retenciones es el único horizonte, pero mientras no lleguen medidas concretas, la incertidumbre seguirá marcando la agenda del agro.
Ámbito Financiero – Daniel Aprile


