Sin embargo, no se observó una disminución significativa en la cantidad ni en la diversidad de malezas.
En particular, especies como Amaranthus hybridus, Echinochloa y Eleusine indica continuaron emergiendo, sin importar el tipo de tratamiento.
Además, el estudio reveló que la mayoría de las semillas se concentra en los primeros cinco centímetros del suelo, tanto con siembra directa como con labranza ocasional.
“Muchas especies no respondieron de forma significativa a la remoción del suelo”, explican los investigadores. El mensaje es contundente: las malezas no se desactivan con un pase de disco.
Un sistema más vivo y complejo
Desde la Red de Manejo de Plagas de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), organización que dio a conocer los resultados del trabajo, advierten que esta evidencia refuerza la necesidad de enfoques más integrales y sistémicos.
“La receta no pasa por elegir una u otra herramienta de forma aislada, sino por diseñar sistemas más diversos, complejos y vivos”, destacan.
Rotaciones intensas, incorporación estratégica de cultivos de servicios, alternancia de modos de acción de herbicidas y una mirada de largo plazo aparecen como las claves. En palabras de Aapresid, “la labranza ocasional puede alterar la composición, pero no reduce la amenaza”.
¿Volver a empezar?
El avance de las malezas resistentes genera una gran presión sobre los sistemas productivos, y puede tentar a los productores a romper con la siembra directa en busca de soluciones rápidas.
Sin embargo, este estudio advierte que esa decisión puede dar una falsa sensación de control y, peor aún, socavar los principios de sustentabilidad que sostienen el sistema.
En este sentido, la conclusión es clara: no se trata de volver al disco, sino de volver a pensar el sistema desde sus cimientos.
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