Su experiencia no pasó desapercibida. Socios, contratistas y vecinos del campo se acercaron a ver el tractor en funcionamiento. “Venían a preguntar cómo andaba, porque muchos están como yo: necesitan renovar, pero no están dispuestos a pagar esos valores de mercado”, relató.
La irrupción de maquinaria agrícola de origen chino, como otros productos, con precios hasta un 50% más bajos que los nacionales está empezando a modificar el tablero de juego en el agro argentino. “Esto puede cambiar la mentalidad de los productores y hacer tambalear a una industria local que se subió a un caballo que ya no se puede sostener”, apuntó Linari.
Desde el lado de los distribuidores, Paolo Tucci, socio de la concesionaria Ostagro –una firma familiar con más de 40 años en el rubro, ubicada en Moquehuá, partido bonaerense de Chivilcoy- también nota el fenómeno provocado por la diferencia de precios que puede llegar hasta el 100% en algunos casos, cuando se compara igual potencia.
El empresario vende un 90% de industria nacional y, desde mediados del año pasado, sumó un 10% de importado, en especial tractores chinos de 120HP, que es lo que más se busca en el mercado.
“Hoy se amplió la oferta y de a poco el productor toma confianza y se anima a comprar tractores chinos. Cuando empezaron a entrar el precio de la maquinaria nacional se achicó. Hoy lo que se impone es volumen de ventas con márgenes más chicos, porque los precios de la maquinaria están desfasados respecto al valor de los granos. Cuando les ofrezco a los productores esa mercadería lo primero que veo es su asombro por el precio y por la calidad del producto”, dijo a LA NACION.
“Vemos un crecimiento en la demanda. De hecho, nos está sucediendo que a la hora de hacer un negocio, todo lo que está en el agua viniendo, o embarques que están todavía armándose en China, ya están vendidos. Eso nos está pasando hoy, nos desborda esta demanda en ascenso y cada vez más se está programando más cantidad de tractores. Por nuestro lado, estamos frenando la oferta porque también tenemos que ver que las condiciones se mantengan de acá a tres meses para seguir importando en las condiciones de hoy. Si está programado el embarque, en 30 días llega el tractor", agregó.
Tucci, que trabaja con la marca Lovol, señaló que los fabricantes chinos “ya tienen de todo: sembradoras, picadoras, cosechadoras, rotoenfardadoras” y que ahora están adaptando los modelos al mercado sudamericano. “Ya están instalados en Brasil y en México. Cuando entiendan la demanda argentina, lo van a resolver en dos minutos”, anticipó.
Según fuentes del sector, hoy los productores están mirando alternativas chinas y eso lleva a que algunas fábricas locales ofrezcan rebajas de hasta un 20% porque deben pagar sueldos. “Los chinos no son improvisados y fabrican en escala. El problema lo tienen las filiales de marcas tradicionales que están asentadas en la Argentina; no pueden modificar precios porque tienen inventarios valorizados en dólares del año pasado”, explicaron.
Para Rucci, estos productos chinos como tractores, que son accesibles, vienen con todo el equipamiento y cumplen con lo que muchos productores buscan. “Los productores que compran están superconformes. Luego de que uno se anima, llama el vecino, un amigo, un pariente para preguntar sobre el mismo tractor o uno similar, porque el boca a boca corre en los pueblos, como un efecto dominó”, dijo.
“Hoy estamos viendo la punta del iceberg de lo que puede llegar a pasar en la Argentina con esta maquinaria agrícola para el campo. Puede venir una revolución y nos vamos a sorprender la capacidad de adaptación y para competir que tiene China con productos o marcas que hace 100 años que están en el mercado", añadió.
Mientras tanto, la maquinaria local intenta adaptarse a la nueva realidad. “Esto se impone, por sentido común”, finalizó Linari.
La Nación – Mariana Reinke


