Para eso, se toma como espejo lo que ocurre en Brasil, donde el uso de biológicos es el más alto del mundo. Allí, los productores no tienen empacho en usar biológicos cuando corresponde, o químicos. O mezclarlos. Allá conviven, sin grieta.
Buena parte del recorrido de la industria de biológicos en Brasil la relató Sergio da Silva, histórico investigador de Embrapa, el organismo homólogo del INTA argentino. Da Silva fue invitado por la filial argentina de la empresa Koppert para disertar en el congreso.
Con 46 años de trayectoria en el organismo de ciencia y técnica, Da Silva tiene una mirada amplia sobre la evolución del uso de estas herramientas: “No dejen de ser curiosos. Sean curiosos y tengan su experiencia con los biológicos, porque con certeza la integración de biológicos y químicos traerá la sustentabilidad y seguridad alimentaria para Argentina, así como está siendo para Brasil”.
Así respondió Da Silva cuando se le pidió un consejo para seguir el ejemplo brasileño. Según él, la experiencia de Brasil con los biológicos se remonta a 2013, y desde ahí comenzó un proceso virtuoso para el agro del gigante sudamericano: “Brasil es uno de los países que más usa insumos biológicos para producir granos, fibras como el algodón, y bioenergía como el azúcar”, asegura.
El desarrollo, según cuenta, empezó casi de manera artesanal: “Todo esto comenzó en Brasil para el control de una lagarta (oruga) que también hay aquí en Argentina, Anticarsia gemmatalis, que ataca la soja. Observábamos en el campo lagartas muertas por hongos. Las colectábamos, las poníamos en una licuadora, hacíamos una mezcla con agua y la aplicábamos en los cultivos. ¡Y las lagartas morían!”.
Pero el crecimiento del área agrícola brasileña también trajo aparejado un aumento en el uso de productos químicos: insecticidas, fungicidas y otros aplicados al suelo. Hasta que el desequilibrio fue evidente.
“Tuvimos un descontrol de los enemigos naturales”, relató. “Eso permitió que la Helicoverpa armigera, una lagarta de gran daño, aumentara muchísimo su población. Ya no lográbamos controlarla con insecticidas”.
En ese contexto, la adopción de insumos biológicos dio un vuelco clave: “Coordiné un trabajo con entomólogos para pedir el registro de un virus biológico que controlaba la Helicoverpa. También usamos una avispa, el Trichogramma, que ponía sus huevos en los huevos de la lagarta. En lugar de nacer una lagarta, nacía una avispa. Con el virus y el Trichogramma reducimos más del 60% del uso de insecticidas. Eso fue un hito, en 2013”.
El resultado fue contundente: “Triplicamos con creces el número de productos biológicos registrados en el Ministerio de Agricultura de Brasil. Vemos que los químicos son importantes, pero si se usan sin control pueden generar desequilibrios. Y llega un punto en que uno se queda sin estrategias químicas efectivas”.
Durante su paso por Argentina, Da Silva recorrió Mar del Plata, Balcarce, Pergamino y Rosario, siempre con el mismo mensaje para los productores: abrirse a probar estas tecnologías.
“No necesitan dejar los químicos, pero pasen a conocer los biológicos, porque en algún momento pueden ayudar a la agricultura de Argentina, como ayudaron en Brasil”, recomendó el experto al finalizar la entrevista.
Bichos de Campo – Diego Mañas


