Trigo. Recta final para una campaña atípica y con deudas por saldar
La campaña 2023/2024 de trigo muestra varias particularidades. Por un lado, rindes muy desparejos de acuerdo con el régimen de lluvias y de heladas tardías en cada zona. Por ejemplo, a lo largo de la provincia de Córdoba hay expectativas de rindes de 10 quintales por hectárea, media cosecha y rindes de tendencia.
Por otro lado, como consecuencia de la reducción de la producción hasta volúmenes de 13-14 millones de toneladas, los precios que se ofrecen hoy para la época de cosecha están bien por encima de la capacidad teórica de pago de los compradores y son históricamente altos. Entonces, en un escenario de premios, los productores que tengan expectativas de altos rindes, como en algunas localidades del sur bonaerense, deberían aprovecharlos con coberturas comerciales. Los que no tienen esa perspectiva deberán empezar a refinanciar pasivos.
“Con el actual escenario de precios a cosecha los márgenes netos de las empresas con rindes de tendencia dan positivo”, indica Matías Amorosi, gerente general de la consultora Az-Group. En esos casos habría que activar la comercialización de por lo menos una parte importante de la producción esperada. Es decir, habría que tomar decisiones de venta y aprovechar que hay pocas operaciones de trigo para la época de cosecha, con riesgo de una “puerta 12” en diciembre-enero.
“Puede suceder que el precio pierda el premio que tiene hoy y se ubique debajo de la capacidad teórica de pago, con un mercado internacional con buenas producciones en el hemisferio norte como telón de fondo”, advierte Amorosi. En los otros casos, con bajos rindes potenciales por sequía y heladas tardías, los resultados son muy poco alentadores. Con rindes en torno de las 3,2, y de las 3,3 toneladas por hectárea en el sur de Córdoba y en el oeste de Buenos Aires, respectivamente, los márgenes netos, cuando se incluye el alquiler, son negativos. Solo dan números positivos en campo propio.
Quienes tengan expectativas de rindes muy bajos y mantengan deudas de años anteriores por el fracaso de las cosechas 2022/2023 tendrán que salir a procurar la refinanciación de las obligaciones que se pensaban cancelar con el trigo 2023/2024. “Si no se van a poder pagar cuentas con el trigo nuevo, es hora de sentarse cuanto antes con los bancos y con los acreedores comerciales a renegociar deudas pagando tasas en pesos con la próxima cosecha de granos gruesos”, aconseja Amorosi.
En este universo de productores hay distintas situaciones, aunque la mayoría no llegará a ser catastrófica: un trigo de US$247 por tonelada compensa, en gran medida, rindes bajos, con posibilidades de recuperación económica con el cultivo grueso siguiente, que podría ser beneficiado por un régimen de lluvias más favorable. En esos casos podría ocurrir que “la facturación de diciembre-enero alcance para cubrir los costos del trigo, aunque no será suficiente para achicar la deuda de arrastre”, proyecta el analista.
Campo – La Nación