Congreso Maizar. La cadena productiva activó la resiliencia
Sacudida por el impacto de la plaga de spiroplasma en la actual campaña agrícola, la cadena maicera, agrupada en Maizar, celebró esta semana su Congreso anual en el que se reflejó el potencial de crecimiento que tiene tanto en materia de expansión de la producción como en la industrialización del grano.
En el discurso de apertura, el presidente de Maizar, Federico Zerboni, destacó: “Necesitamos reglas claras y duraderas, apertura económica para integrarnos al mundo y aumentar nuestras exportaciones”.
A su vez, el presidente del Congreso Maizar 2024, Ignacio Garciarena, invitó a los productores a levantar la vara del maíz y el sorgo. Habló de aumentar significativamente el valor agregado, y que ambos cultivos pueden convertirse en la base productiva de múltiples materias alimenticias, industriales y hasta de servicios ecosistémicos. “No producimos bienes primarios, tampoco tan solo industrializados, producimos bienes complejos a partir de la fotosíntesis, cosechamos a la luz del sol y con su resultante, bioplásticos y biocombustibles y maíces en cientos de formatos y de eso, bienes complejos. No somos una economía primaria”, sostuvo.
Como dato del potencial que tiene la cadena, en el Congreso se dijo que la Argentina podría sumar exportaciones por más de US$14.000 millones con el maíz si aprovechara el potencial de este cereal como lo hace Estados Unidos, el principal productor del mundo.
Roberto Bisang, profesor de la UBA, junto con Ricardo Negri y Felipe Galia, del ITBA, presentaron un simulador que permite tanto desde el punto de vista de la gestión de la empresa como desde el de las políticas públicas, estimar el impacto de avanzar en una mayor agregación de valor.
“Si la Argentina aprovechara el potencial de la cadena del maíz en la misma proporción que Estados Unidos, aumentaría 154% el empleo en el sector y facturaría US$14.276 millones más que en la actualidad”, señaló Maizar tras la disertación de los expertos.
Además de las proyecciones, el impacto de la plaga estuvo presente en Maizar 2024. “Las siembras tempranas de maíz tuvieron excelentes resultados, pero las tardías enfrentaron un obstáculo inesperado: la chicharrita, Dalbulus Maidis, un insecto transmisor de enfermedades que causó daños considerables en amplias zonas del país. Esta plaga redujo la cosecha esperada de maíz en un 25%, y aún se están evaluando los daños finales”, señaló Zerboni. Se estima una pérdida económica cercana a los US$2200 millones.
“Ese cisne negro con el que hoy nos toca lidiar, porque en el camino siempre hubo altibajos. La buena noticia es que nuestro talento colectivo sigue encontrando soluciones a los problemas que surgen. Somos optimistas”, especificó.
Cada vez que los disertantes del Congreso Maizar 2024 mostraban en las pantallas las opciones de los principales defensivos químicos, los híbridos más resistentes o las posibles medidas para atenuar los efectos de la chicharrita, la sala se llenaba de celulares apuntando hacia esas pantallas. Tras una última campaña diezmada por la incertidumbre ante el crecimiento de la plaga y su llegada a zonas donde nunca había estado, causando desastres en la producción, quedó claro que todos buscaban una respuesta para enfrentar la próxima siembra del cultivo. La plaga y la enfermedad generada, spiroplasma, es la más importante desde el Mal de Río IV en 1997.
Durante la conferencia titulada “Spiroplasma: armonizando estrategias institucionales”, donde participaron entidades como el INTA, Senasa y el Inase, se discutieron los enfoques para combatir la enfermedad y se plantearon algunas posibles respuestas.
Pablo Cortese, presidente del Senasa, detalló que se estima que, al 22 del actual, los daños alcanzan el 10 a 15% de pérdida promedio a nivel nacional sobre la cosecha del cereal, que estaba prevista en 56 millones de toneladas. Los maíces más tardíos fueron los más dañados, mientras que los tropicales tuvieron un mejor comportamiento respecto a los de las regiones más templadas.
Según indicó, el Senasa hizo una inscripción de emergencia de fitosanitarios para el manejo de la plaga con el fin de acelerar el proceso. “Brasil tenía 50 formulados y nosotros no teníamos ninguno. Hoy ya tenemos cerca de siete formulados. Esto permite tener una herramienta más que no es la solución completa, pero nos da una estrategia adicional”, dijo. Se trata de productos de aplicación foliar o de curasemillas pertenecientes a Syngenta, Corteva, Bayer y Sumitomo.
Recordó que el Gobierno formó un Comité de Crisis en colaboración con las entidades agropecuarias, una mesa técnica para coordinar acciones conjuntas con diversas organizaciones de profesionales y técnicos y se puso en marcha un acuerdo con el INTA y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para hacer seguimiento del clima, entre otros aspectos.
El vector
María de la Paz Giménez Pecci, investigadora del INTA, aclaró que cuando se habla de la enfermedad del achaparramiento del maíz, esto puede ser causado no solo por la bacteria del spiroplasma, como se está dando mayormente en el país, sino también por el fitoplasma, el virus del rayado fino y el maize streak/mosaic virus.
Para empezar a entender cómo actuar frente a la enfermedad, dio algunos detalles sobre su vector, el Dalbulus maidis. Detalló que tiene una vida promedio de uno a tres meses. Es un insecto de zonas calientes, pero se puede adaptar al frío. En general, si hace frío, esto mata a la población, pero la hembra ovífera infectada vive más tiempo, puede estar entre tres y cinco meses, refugiada en un lugar donde no le afecte la helada.
La especialista dijo que los síntomas y las pérdidas no siempre son proporcionales. “En general, a más síntomas, mayor es la pérdida, pero los materiales más tolerantes soportan mejor el bloqueo del floema, por lo que pueden producir a pesar de tener la enfermedad. Así, ante los mismos síntomas, podemos tener menores pérdidas en los germoplasmas de mejor comportamiento”, expresó.
Indicó que esto depende de varios factores: el momento de la infección, el germoplasma, la presión de inóculo y el momento de la evaluación. “Si la chicharrita llega antes de V8, estamos en problemas; si llega después, dependerá de la temperatura, ya que, a mayor temperatura, los patógenos se multiplican más”, comentó.
Teniendo en cuenta esto, brindó algunas estrategias de manejo. Entre ellas mencionó la importancia de hacer un vacío sanitario de 90 días mínimo sin maíz verde para no proveer hospedero al vector durante el invierno, la eliminación de plantas de maíz “guachas” y evitar cultivos anticipados al grueso de la siembra.
Además, resaltó la importancia de que no haya siembras escalonadas porque de esta forma, dijo, “le damos a la chicharrita el alimento necesario”. También remarcó la importancia de utilizar germoplasmas de buen comportamiento en resistencia y tolerancia y el control del insecto vector con curasemillas.
“Los estreses ambientales potencian la sintomatología y causan síntomas similares. Muy probablemente lo que vimos en esta campaña no es solo achaparramiento, sino también achaparramiento en un ambiente de estrés”, agregó. Relató que “el cultivo sano, bien nutrido y la buena calidad de semilla hace que la ventana de mayor susceptibilidad de la planta se achique”.
Manejo de la población
Augusto Casmuz, ingeniero de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, contó que realizaron un proyecto de forma conjunta con CREA en el que se hizo un seguimiento de la dinámica de la plaga en el norte y se evaluaron estrategias de manejo. Explicó que en las pruebas de control químico realizadas en la última campaña no se halló ninguna solución contundente, aunque destacó que la situación mejora con poblaciones menores. “En el mejor de los casos, logramos una eficacia del 50 al 60%, pero esto también confirmó la importancia del manejo de la población Cuando hay más chicharritas por planta, es difícil lograr controles aceptables”, señaló el especialista.
Campo – La Nación – Pilar Vazquez y Belkis Martínez