Campaña 2024/2025. Los rindes máximos requieren de una estrategia de nutrición
Por Flavio Gutiérrez Boem y Gerardo Rubio.
Los últimos años se presentaron en las diferentes zonas de producción agrícola condiciones de deficiencias hídricas, desde moderadas hasta severas de acuerdo al momento y localización, lo cual ha conducido a una actitud mucho más conservadora en términos de decisión de uso y aplicación de tecnologías, entre ellas la fertilización. Esta campaña agrícola 2024-2025 arranca con mejores condiciones iniciales, con lluvias que vienen cargando los perfiles, pero que todavía no alcanzan para completar en forma plena la capacidad de retención de los suelos.
La disponibilidad de agua suele ser el principal factor que determina el rendimiento de los cultivos extensivos que se producen en las diferentes regiones agrícolas de la Argentina en secano. Una pregunta que es habitual cuando se tiene que decidir la cantidad de nutrientes a aplicarle a un cultivo es si la respuesta esperada y, por lo tanto, las dosis dependen de la expectativa de rendimiento. Es razonable esperar que, si el año es seco, el rendimiento será menor al de un año normal. La menor productividad esperada ¿tiene algún impacto sobre la respuesta del cultivo a la fertilización?
En nutrientes poco móviles en el suelo, como el fósforo (P), se comprobó que en la mayoría de los cultivos la respuesta a la fertilización no depende del rendimiento obtenido. La respuesta del cultivo depende básicamente de la disponibilidad de fósforo del suelo, algo que se puede medir en cualquier momento antes de la siembra a través de un adecuado muestreo y del análisis en un laboratorio de suelos.
Por lo tanto, si la disponibilidad es baja, el incremento de rendimiento que produce la fertilización es similar para un rango de rendimientos bastante amplio. Incluso se puede dar el caso de que en años relativamente secos el incremento relativo del rendimiento (porcentaje de aumento sobre el testigo no fertilizado) sea mayor que en años húmedos, siempre que no se trate de una sequía extrema.
El maíz se beneficia con la fertilización
Pero la situación es más compleja para los nutrientes móviles en el suelo, como el nitrógeno (N). En estos casos, la respuesta a la fertilización no solo depende de la disponibilidad del nutriente en el suelo (el caso del fósforo), sino también del rendimiento esperado (que determina la demanda de nitrógeno del cultivo). Es decir, el nivel de nitrógeno disponible que uno se fije como objetivo (nitrógeno del suelo más el del fertilizante) debe tener en cuenta el rendimiento esperado en el lote.
En una revisión reciente de 788 experimentos de fertilización nitrogenada del cultivo de maíz realizados en la región pampeana, se observó que el nivel de N disponible necesario para alcanzar máximo rendimiento aumentó 23 kilogramos de nitrógeno por cada tonelada de rendimiento adicional, en sitios que variaron su productividad entre ocho y 14 toneladas de maíz por hectárea.
Evaluación
Por lo tanto, para determinar la dosis óptima necesaria de nitrógeno a aplicar es clave tener una acertada predicción del rendimiento a alcanzar. A mayor rendimiento, mayor el nivel de nitrógeno disponible a plantearse como objetivo. La otra pata de la recomendación es realizar una adecuada evaluación de la capacidad del suelo de proveer parte de ese nitrógeno requerido.
El conocimiento acumulado por años de experimentación agrícola realizada por numerosos investigadores y especialistas nos permite realizar estas afirmaciones generales. Sin embargo, el ajuste local a cada situación de producción requiere del conocimiento del suelo y del cultivo, por lo que sugerimos a los productores que no dejen de consultar a su ingeniero agrónomo.
Los autores integran la Fauba y el Conicet
Campo – La Nación