SUPLEMENTOS RURALES

Eduardo Cogo – Pergamino: “Con reglas claras el potencial lechero argentino es enorme”

Norte de la provincia de Buenos Aires. Probablemente el corazón agrícola del país. Cuando uno piensa en Pergamino y su zona de influencia imagina una de las zonas más ricas de la geografía nacional. El imaginario se tiñe de “verde soja”. Sin embargo, y si bien en parte esto es cierto, también se producen otros cultivos (trigo, maíz y legumbres) pero, además, tiene su lugar una micro cuenca tambera que no sólo produce leche sino también la procesa, generando fuentes de trabajo y permitiendo agregado de valor y diversificación.

Para conocer de primera mano el potencial de la zona y de la lechería en general, Clarín Rural convocó al médico veterinario Eduardo Cogo, asesor del Centro Consultor Ganadero (CCG). Junto con otros cuatro veterinarios y dos ingenieros agrónomos, el CCG orienta los destinos de unas 3000 vacas en ordeñe en la zona.

Como para dimensionar lo que representa esta mini-cuenca, hay 13 tambos, 4100 vacas en producción que generan 26,6 millones de litros de leche sobre 2650 hectáreas. Este sector emplea 68 personas (unas 2,6 personas cada 100 hectáreas). “La particularidad de esta cuenta pequeña en volumen es que se procesa en el propio partido de Pergamino el 85% de la leche producida en tres queserías (Pergalac, Alimentaria Pergamino y Don Eugenio) y tres “muzarelleras” (Bounviccino, Lacteos L´attesa. y San Javier) que compran leche intra y extra cuenca”, destacó Cogo.

Las queserías procesan unos 34,6 millones de litros por año y las fábricas de muzzarella unos 3 millones. La industria afecta casi 100 empleados.

Cuarentena a la muzzarella

“Con la cuarentena, como es sabido, los más perjudicados han sido los que tienen como producto principal la muzzarella, que, dicen están vendiendo 15-20% de lo que vendían”, lamentó Cogo.

Al poner bajo la lupa cómo están las cosas, el médico veterinario sintetizó: “El negocio no todo lo bueno que podría ser, pero no es malo todavía”. Y explicó: “Todavía se sigue sacando el jugo a contratos de exportación que se hicieron en 2019, pero no sabemos qué va a pasar a futuro, si nos guiamos por lo que sucede en Nueva Zelanda, los precios vienen cayendo 5010% los últimos meses”.

En parte, la caída de rentabilidad que está sufriendo el sector se ve compensada por -como dijo Cogo- “la desgracia de la agricultura”, por la baja de precios de la soja y el maíz que abarata el alimento para las vacas lecheras.

Lo que le preocupa es la llegada de la primavera, el exceso de oferta y qué va a pasar con las otras variables: “Son muchas cosas que influyen, el precio de los insumos, el dólar, que nos afecta muchísimo cada vez que se devalúa, el precio internacional, el consumo interno cuarentena mediante, y no sabemos qué va a pasar con cada uno”.

No obstante, los tamberos ya piensan en la primavera. “Hay que prepararse para hacer la mayor cantidad de leche con forraje propio, tratando de comprar menos proteína afuera y bajando la cantidad de insumos dolarizados, es verdad que la producción propia de forrajes y granos también es con insumos en dólares pero es distinto, no es lo mismo que comprar pellets que copian directamente la curva del dólar”, resumió Cogo.

Al igual que en Argentina, en la zona conviven “la producción pastoril, donde el pasto o las reservas ocupan 75% de la dieta, y los tambos estabulados con TMR (Ración Total Mezclada) con 100% de la comida que viene del mixer”.

El veterinario contó que en la zona no han cerrado muchos tambos, “los que desaparecieron fue porque no había en la familia quien siguiera el negocio”, pero sí, al igual que en el país, “los que están han duplicado la cantidad de vacas en ordeñe durante la última década”. Y explicó: “Muchos de los tambos acá son en superficie alquilada en kilos de soja, por lo que tienen la necesidad y la obligación ser altamente productivos por cada hectárea y esto obliga a tener altas cargas”.

Se estima que Argentina cerró 2019 con una producción anual de 10.300 millones de litros de leche, esto es casi un 2% menos que en 2018. Sin embargo, esperan que para 2020, si se da un verano normal, pueda recuperarse y llegar a los 10.500 millones (lo mismo que 2018), incluso 10.700 millones de litros. Comparando con las producciones del último lustro los 10.300 de 2019 tampoco están mal puesto que en 2017 se lograron 10.097 millones y en 2016 unos 10.292 millones. El techo lo puso 2015 con 12.061 millones de litros.

La llave de la eficiencia

Consultado sobre las claves para un manejo eficiente y de alto potencial, Cogo graficó con las cuatro patas de una mesa: “Sin importar el modelo productivo, sea pastoril o estabulado, hay que ser eficientes en la producción de forraje, pero también ser eficientes consumiéndolo, y tener un buen manejo reproductivo, eso dentro de las cosas que suceden en el campo, la cuarta pata es lograr un buen grupo de trabajo, el personal es cada vez más importante”.

En lo que respecta al consumo de pasto “a diente”, Cogo se entusiasmó por la eficiencia que han ido logrando los tambos. Incluso lo compara con los planteos ganaderos de carne. “Mientras que los tambos han ido haciendo bien los deberes y se logran eficiencias por encima del 80% en verdeos de raigrás y en alfalfas, en los planteos de carne aún están con eficiencias del 60%”, relató. Y recordó que “durante mucho tiempo para los tambos era una materia pendiente pero los tamberos se dieron cuenta que lo tenían que hacer para sobrevivir sí o sí”.

“La eficiencia reproductiva, en tanto, se logra estando encima de la vaca, sobre todo los primeros 21 días postparto, previniendo infecciones uterinas y cualquier cosa que suceda, pero, además, con todas las herramientas posibles que se dispongan para detectar celos, algo que sigue siendo un problema, con protocolos a tiempo fijo, y todo lo que permita tener la mayor cantidad de vacas en curvas de lactancia altas y persistentes”, explicó el médico veterinario pergaminense. El objetivo, en rodeos holando, es acercarse a los 180 días abiertos en leche tambo total.

En cuanto al personal, Cogo opinó que hay que también estar muy cerca de los grupos de trabajo. “En lo estrictamente laboral, darles una remuneración acorde, otorgar premios y castigos por objetivos de producción, con incentivos, y en lo humano, estar atentos a las necesidades que tienen, por ejemplo, la escuela de los hijos, el transporte, la salud, el hogar, la logística, cosas que muchas veces no demandan una gran inversión, pero sirven y mucho”, enumeró.

Tambo vs soja

Pareciera que a priori, en las tierras agrícolas del partido de Pergamino, los tambos juegan de visitante. Sin embargo, Cogo confió: “El tambo que es capaz de producir de 15.000 a 20.000 litros por ha por año con un sistema ajustado donde la comida que ingresa a esos establecimientos no supere el 30-35%, en general ha logrado márgenes que han sido competitivos respecto de la agricultura pura”.

A lo que se refiere el médico veterinario y asesor tambero es que es clave poder producir entre el 65 y el 75% del forraje en el propio campo. “Porque sino, dependés de tener que salir a comprar afuera y ahí todo se descompensa”, dijo. Y agregó: “El último año tuvimos tres devaluaciones grandes y en esos momentos te quedás produciendo leche en pesos y le estás dando de comer a las vacas en dólares, por el contrario, si el propio tambero se produce su forraje, si bien esa producción también tiene insumos en dólares es otra relación la que se pone en juego”.

Potencial más allá del virus

“El potencial de la lechería argentina es enorme, pero se necesitan reglas claras”, sentenció y advirtió Cogo, consultado por el margen de crecimiento tiene una zona como Pergamino, pero también el país.

“Con una economía estable, sin las devaluaciones que golpean duro a la actividad y una leche a 30 centavos de dólar, podemos hacer lo que queramos, pero tiene que haber una decisión de ser un país exportador de leche en serio y tener regularidad”, explicó Cogo.

Para el veterinario, “lo triste de la lechería argentina es que es muy pero muy competitiva respecto del resto de los productores del mundo, aún a 30 centavos de dólar por litro de leche al tambero que es de lo más barato del mundo, pero la inestabilidad económica impide que podamos aprovecharlo”.

Vale recordar que del precio que pagan los consumidores en la góndola por un saché de leche, el 72% son costos de producir, industrializar y comercializar, 26,8% son impuestos y 1,2% son ganancias de la cadena, según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Del análisis se desprende que el productor lechero argentino es el que menos cobra en la región y el consumidor el que más paga el saché.

Así, el desglose marca que la leche entera en sachet en febrero de 2020, tuvo un precio promedio de $57,41 por litro, de ese precio el tambo explica el 30,2% del precio final ($17,35), la industria el 27,4% ($15,72), el comercio el 15,6% ($8,96) y los impuestos el 26,8% ($15,39). O sea que el litro de leche se multiplica casi tres veces desde que sale del campo hasta que llega la góndola.

Para Cogo, la clave, entonces, es “trabajar todos juntos, con un programa serio a por lo menos 10 años, con participación del estado, la industria, los productores, los exportadores, todos”.

Rural – Clarín – Juan I. Martínez Dodda

 

Germán Spinelli – Suipacha: “Todavía no tenemos problemas, pero tenemos que prepararnos”

“Todavía no tenemos problemas, estamos entregando la leche y cobrando, comparado con otros sectores estamos mejor, no podemos quejarnos, esperemos siga así”. La reflexión corresponde al médico veterinario, Germán Spinelli, que hace 25 años tiene tambos. Precisamente dos, uno en la zona de Suipacha y otro en Mercedes de 140 vacas cada uno.

Viene de un año 2019 que fue bueno para el sector primario, traccionado por los precios. Cuando ya creía que iba a morder el polvo, y lo iban a sacar de la cancha (o del tambo), sobrevino un año 2019 que le permitió recuperarse, pagar deudas y quedar “a mano”, pero no se animó a invertir más, prefirió mantener el status quo para ver qué pasaba. Y la jugada le salió bien, visto y considerando el momento actual de incertidumbre.

“La bonanza duró hasta cuando fue la gran devaluación del año pasado y de ahí en más el precio era bueno pero poco a poco la inflación nos fue comiendo renta”, se lamentó. En lo productivo, tuvieron un buen verano en la zona, para la producción de reservas y pasturas.

“Por suerte, podemos seguir vendiendo la leche y cobrando, quejarse hoy, como está todo no es justo, pero también hay que decir la verdad, hoy estamos un poco abajo del valor de 30 centavos de dólar que deberíamos tener, ronda los 26 centavos, aunque hay que remarcar que la variabilidad es muy alta, algunos cobran más y otros menos”, expuso Spinelli. Y remarcó: “Mal la actividad no está, pero si esto sigue así, se va a complicar, porque va a empezar a sobrar leche”.

Según los números de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), en febrero de 2020 el productor tambero recibió́ $17,84 por litro de leche vendido, un 13% mayor que en septiembre de 2019, la evolución de los ingresos estuvo por encima de sus costos, que aumentaron el 10% para el mismo periodo.

En dólares, el productor recibió́ en febrero por litro de leche USD 0,28, la relación se mantuvo relativamente estable si se lo compara con un año atrás, pero con una caída del 12% si se lo compara con febrero de 2017 (USD 0,31).

Consultado sobre si está tomando medidas de prevención, Spinelli contó que “hay que tratar de mantener los costos a raya pero sin afectar la productividad y la eficiencia, ahora se vienen todos los laboreos de invierno, la preparación de verdeos, terminar de sembrar pasturas, una serie de gastos que hay que hacer, pero con cautela, sería un error gravísimo recortar gastos que afecten la productividad, pero también sería imprudente no estar preparados”.

Una de las claves es el consumo interno, que ya en 2019 registró una caída de 6% promedio respecto de 2018 (productos como crema, dulce de leche, leches chocolatadas, manteca, postres y yogures presentaron caídas del 10%). Distinto sucedió́ en el caso de la leche en polvo, que aumentó sus ventas un 7%. La caída en las ventas al mercado interno -según FADA- tiene como principal causa la disminución del poder adquisitivo de la población. El consumo per cápita en 2019 alcanzó el nivel más bajo desde 2003, con 182 litros anuales, representando una caída del 3,8% respecto 2018.

“Dependen muchas familias de nosotros, es una actividad muy linda pero cuando lo único que recibís son dolores de cabeza se hace difícil, la pasé muy mal en 2018, ahora estoy sin deudas pero tampoco invirtiendo en nada”, cerró Spinelli.

Rural – Clarín – Juan I. Martínez Dodda