SUPLEMENTOS RURALES

"Tenemos que dejar un sistema agrícola mejor que el que había cuando llegamos"

En Argentina la agricultura no da tiempo para dormirse. Hoy, el tema prioritario en la agenda es la medición de huella de carbono para la implementación de mejoras, y las empresas más rápidas de reflejos ya están mostrando sus hojas de ruta en ese sentido. Es el caso de Syngenta, una de las compañías de insumos líderes del mundo, que esta semana en el 31° Congreso de Aapresid presentó junto a esa entidad un mapa de brechas que muestra el potencial de captura de carbono de los suelos agrícolas y cómo la adopción masiva de prácticas como siembra directa, rotaciones y cultivos de servicios ayudarían a acercarse a ese potencial.

Clarín Rural conversó con Marcos Bradley, director general de Protección de Cultivos de Syngenta para Latinoamérica Sur, para conocer la visión que hay detrás de este proyecto.

-¿Cuándo y por qué la empresa toma esta decisión de empezar a medir, de ir a lo concreto, a buscar los datos?

-Nace por una cuestión nuestra local. Hace dos años me reuní con el equipo de Aapresid pensando qué podíamos hacer juntos. Tenemos una vocación real por la sustentabilidad, nos preocupa y nos ocupa, tenemos muchísimos programas de sustentabilidad distintos donde buscamos desarrollar información y soluciones, y son un montón los productores que buscan ser más sustentables y hacer las cosas mejor. Entonces ahí encontramos algo para hacer juntos, algo de largo plazo: empezar a medir carbono orgánico en el suelo para trazar una línea de base sobre la cual vamos a mejorar.

Así nació este programa de brechas. La idea es medir lo que no se mide. Hoy tenemos un mapa de carbono orgánico en suelos agrícolas de Argentina, con tres niveles de información. El actual, ¿qué es lo que hay? Las diferencias en las mismas regiones son enormes, lo que hay de materia orgánica depende del manejo, del clima, de la calidad de los suelos... Un segundo nivel es el carbono alcanzable, que con buenas prácticas agrícolas y rotaciones puede mejorar y mucho. Y hay un tercer nivel que sería un cálculo bioquímico de cuál es el potencial máximo que puede alcanzar el suelo. Ese nivel potencial difícilmente lo alcancemos con prácticas agrícolas en condiciones normales, pero la brecha que encontramos entre lo que hay hoy y lo que podría hacerse es muy grande, del 45 por ciento más o menos dependiendo del lugar. Vemos que hay productores que tienen un nivel de captura de carbono orgánico en el suelo mucho más alto que su vecino.

-¿Ves que esta información pueda tener un impacto generalizado en el campo productivo?

-A mí lo que más me interesa de esto es que nosotros creemos y ahora lo sabemos -tenemos los datos- que la agricultura, como toda actividad humana, emite dióxido de carbono, pero las plantas también captan dióxido de carbono en el aire con la fotosíntesis, la materia orgánica del suelo es carbono que queda ahí. Hoy tenemos medido cuánto puede ayudar la agricultura a solucionar el problema del cambio climático, no solamente a reducir sus emisiones sino además a capturar dióxido de carbono, el efecto es sumamente positivo. Podemos ser parte de la solución al cambio climático mientras producimos alimentos. Hoy tenemos que dar un paso más en la sustentabilidad, por eso hablamos de agricultura regenerativa, porque la agricultura tiene que mejorar, el cambio y la revolución vienen en el proceso productivo. Tenemos que dejar un sistema agrícola mejor que el que había cuando llegamos, y lo que estamos midiendo es la forma de hacer eso.

-En las últimas décadas la tecnología de insumos generó grandes avances en mejoramiento de rindes. Ahora se habla mucho de cambios en los procesos y el manejo para que la producción sea más sustentable. ¿Qué se está haciendo desde la tecnología de insumos para que la producción sea más sustentable?

-Muchas cosas. Primero, los productos nuevos que vamos desarrollando tienen que tener cada vez más un perfil amigable con el ambiente. Por ejemplo, nuestro último lanzamiento es un insecticida que es de amplio espectro, lo que permite aplicar menos veces, menos producto para más plagas. Además es de la categoría toxicología más amigable que existe. Desarrollar eso nos llevo 15 años, cada 15 años vamos a lanzar algo. Parece cada vez más difícil hacerlo, pero de la mano de la revolución digital se hacen posibles soluciones que no eran posibles antes, de procesos. Ahora el problema que nosotros queremos resolver es alimentar al mundo y hacerlo de forma más sustentable. Es la única manera de hacerlo. Hemos entrenado a millones de personas en el uso seguro de los productos, pero ahora queremos que además las decisiones se tomen de manera correcta: la cantidad, el momento y cómo se hace, y que se pueda registrar todo eso, porque hay muchos productores que hacen las cosas bien pero nadie se entera. Si vos podés tener herramientas digitales y hacer trazabilidad casi automática y transparente, eso genera valor al productor porque puede asegurar que su producción es diferente. Pero además, el consumidor quiere saber cómo se hacen las cosas que consume. Entonces el desafío del sector es tan complejo que la única solución es la tecnología.

-¿Qué lugar hay en ese escenario para otros modelos como la agricultura orgánica?

-No puede ser la solución al problema de alimentación del mundo y al problema ambiental del mundo volver a prácticas ancestrales como la agricultura que hacemos hace 5.000 años, que es la agricultura orgánica. La solución está en la tecnología. Combinar cosas, no solamente los productos de origen biológico, prácticas de manejo... Hay que medir el sistema por lo que deja atrás, no por lo que se le ingresa. Si vos decís que un sistema es agroecológico porque no tiene algo, pero la huella ambiental de ese sistema es mayor y es más ineficiente en el uso de energía y en captura de dióxido de carbono, ese sistema no contribuye a mejorar el ambiente. Entonces, si nosotros tenemos prácticas de manejo que son seguras para la salud, que usando tecnología podemos aumentar la producción sin necesitar más tierra, podemos reducir la emisión de dióxido de carbono en esa práctica y podemos trazar y registrarlo para demostrarlo. Esa es la solución. Más tecnología usada de mejor manera.

-¿Cómo ven desde la compañía a nivel global esta iniciativa que hay en Argentina de medir la captura de carbono? ¿Es un paradigma que se impone en todo el mundo?

-Syngenta tiene una apuesta global a mejorar la salud de los suelos agrícolas, se hace en cien países. Argentina es el tercer país más importante, viene Brasil, Estados Unidos y nosotros. La agricultura argentina es sumamente importante. Este programa es conocido y es algo que se está mirando con mucha intensidad y con muchas ganas de ver cómo podemos llevar esto a otros lugares. Estuve hace un mes en Estados Unidos y la siembra directa es algo revolucionario. Yo no podía creer, escuché una charla en que un científico americano quería explicar y demostrar que la siembra directa no reducía el rendimiento. Me egresé de la Facultad de Agronomía hace 20 años y eso ya lo sabía. Entonces, Argentina es un lugar de vanguardia para este tipo de prácticas sustentables. Tenemos mucho que aprender en otras áreas y mucho que mejorar, pero en esto del manejo de los suelos, en la gestión sustentable, tenemos para enseñar.

Rural – Clarín – Lucas Villamil