SUPLEMENTOS RURALES

Genética, competitividad y logística, tres ejes centrales para desarrollar las legumbres

Hamburguesas de garbanzo o lenteja, tacos de alubias negras con queso, un humus en pan para el aperitivo, ni hablar de incorporarlas en ensaladas. Para algunos nutricionistas, las legumbres no pueden faltar, al menos dos veces por semana, en ninguna dieta, pues aportan proteínas, fibras, vitaminas y minerales. Sin embargo, en Argentina, se come menos de un kilo de todas las opciones posibles.

Porotos, garbanzos, arvejas y lentejas, en todos sus formatos y colores, constituyen, para algunas provincias, pujantes economías regionales. Para los productores, según donde estén situados, representan la posibilidad de pasar el invierno defendiéndose mejor de las malezas, rotar con un aliado distinto (a trigo y cebada, por citar dos), a la vez que diversificar su paleta cultivos.

Esta semana, en la ciudad de Córdoba, la Cámara de Legumbres de la República Argentina (Clera) organizó una jornada de actualización técnica y comercial en la que se pusieron sobre el tapete los principales temas que atañen a estas producciones, tanto en el lote como a lo largo de la cadena comercial.

“Las legumbres conforman una de las economías regionales más importantes del país, aunque son poco reconocidas”, disparó, el presidente de Clera, Sergio Rafaelli. En una misma línea, opinó el ex presidente de la Confederación Mundial de Legumbres Secas (y de Clera), José María Lazara en diálogo con Clarín Rural: “Para mí son la tercera economía regional del país”.

Lo que más produce Argentina es poroto (350.000 toneladas; le siguen alrededor de 130.000 toneladas de garbanzo y 110.000 de arvejas). En total, cada campaña se cosechan unas 750.000 toneladas de legumbres secas que, en su mayoría, se exportan. De hecho, los argentinos comemos menos de 40.000 toneladas entre todas (mayormente lenteja), esto es, 800 gramos por habitante por año (lejos de los 15-20 kilos/hab/año de México y Brasil o los 6 kg/hab/año de Estados Unidos).

“Hay mucho por crecer en el mercado externo, pero también en el desarrollo del consumo interno, sobre todo pensando en las características nutricionales de estos productos y su aporte en la búsqueda de una alimentación más sana”, opinó Lazara.

La mayor parte de la lenteja se come en el país, la arveja mitad se queda y mitad se exporta, mientras que poroto y garbanzo se exportan casi todo (97% y 95%, respectivamente). “El de poroto es un negocio que genera 400 millones de dólares en tanto que el de garbanzo supera los 100 millones”, cuantificó Lazara.

Ritmo de campaña

Desde lo agronómico, las legumbres invernales son un aliado para mantener “productivos” los barbechos, reducir por tanto el uso de agroquímicos para combatir las malezas y, de yapa, transformar agua y radiación en materia orgánica.

En todos los casos, son productos que hay que esperar hasta el final porque todo puede marchar bien pero exceso o falta de lluvias 20 días previos a la cosecha pueden arruinar todo el trabajo.

Al ser consultado por el ritmo de campaña, Lazara repasó que el poroto (que se siembra en verano) tuvo un desempeño “razonable entre rendimiento, calidad y precios”.

Para el consultor de Incrementar, Adrián Poletti, a 20 días de la cosecha de arveja y lenteja, y a 40 del garbanzo, “los pronósticos son buenos, hay que ver cómo termina la película”. “El garbanzo que el año pasado tuvo muchos problemas por clima este año pinta bien, lo mismo para arvejas y lentejas, esperamos las cosechas con optimismo”, dijo Lazara.

El negocio

Las legumbres, a diferencia de los commodities, tienen una oferta y demanda muy inelástica. Cualquier cambio repercute en los precios. Así, los ciclos se repiten: buenas cosechas generan precios bajos por sobreoferta, lo que desalienta la siembra y a la campaña siguiente, por falta de stocks, suben los precios; lo que invita a sembrar y cosechar más nuevamente, y así.

Poletti repasó el presente de cada negocio. “La campaña de porotos fue buena en calidad y cantidad, poroto blanco y de colores tienen buenos precios, negro hay mucho y el mercado está pesado, aunque hay que esperar a la cuantificación de daños en la cosecha de Estados Unidos y Canadá, porque tuvieron nevadas a la siembra”, dijo.

En arveja, Canadá, que es referente, tuvo una buena cosecha por lo que bajaron los precios. “Garbanzo, el mundo todavía está digiriendo la superproducción del año pasado, por lo que para ver alguna suba habrá que esperar a abril-mayo de 2020, Argentina tendrá que salir a defenderse con calidad”, anticipó Poletti.

Desafíos

“Para ser competitivos en un mercado exigente necesitamos previsibilidad y estabilidad económica, genética y logística, tres temas que nos preocupan y ocupan”, enumeró Lazara. Y apuntó: “Argentina ha logrado posicionarse con productos de calidad entre los mejores del mundo, pero nos falta apoyo del gobierno, como sí tienen nuestros competidores”.

Consultado sobre lo que falta, Poletti pide a gritos “¡genética!”. “Una ley de semillas que asegure el respeto de la propiedad intelectual para contar con una genética moderna como la que tienen nuestros competidores”.

Poletti también se refirió al registro de insumos, un tema que fue abordado por Roberto Peralta, socio de Halcón Monitoreos, que convocó a pensar las legumbres desde una visión integral. “Los mercados son cada vez más exigentes con los límites de residuos de fitosanitarios, por eso no podemos seguir extrapolando para las legumbres estrategias agronómicas que usamos para los cultivos extensivos, porque son productos que en muchos casos van directo a la mesa”, advirtió. Sucede que hay productos habilitados para otros cultivos, pero que no están inscriptos para legumbres. O están habilitados pero no permitidos en los países compradores.

Entre los temas que afectan a la actividad, Rafaelli subrayó el costo de los fletes terrestres, teniendo en cuenta que la producción se concentra lejos de los puertos. También pidió al Gobierno nacional que intente acelerar la firma de protocolos sanitarios con China para poder ingresar allí con garbanzo, arveja y porotos, porque “es una oportunidad histórica”.

También presente en la jornada de Clera, el subsecretario de Mercados Agropecuarios de la Nación, Jesús Silveyra, subrayó que “China está pronta a habilitar siete plantas argentinas de procesamiento de arvejas”, mientras que para el resto de los productos, “las negociaciones están iniciadas y encaminadas, pero dependen de los tiempos que manejen las autoridades asiáticas”.

“Los productores deberíamos ocuparnos de producir más y mejor, para lograr un producto competitivo, porque nuestros competidores evolucionan y son cada vez más agresivos”, cerró Rafaelli.

Rural - Clarín - Juan I. Martínez Dodda