SUPLEMENTOS RURALES

Ambiente. Camas biológicas, una opción para tratar los efluentes de las pulverizadoras de manera sustentable

Un lavado de pulverizadora puede convertirse en un problema ambiental cuando el agua y los restos de caldo que quedan en el circuito de la máquina terminan descargándose directamente sobre el suelo.

Ante esta situación, el productor Gerardo Villosio, y también ingeniero agrónomo, trabaja desde hace años en una alternativa: un sistema de camas biológicas capaz de recibir esos efluentes y generar las condiciones para su degradación, con una propuesta pensada para que pueda ser incorporada por productores en sus propios establecimientos.

La preocupación nació en el propio campo. Villosio, productor de la zona de Las Varillas y Colonia San Bartolomé, observaba que no existía una infraestructura adecuada para realizar el lavado de la maquinaria pulverizadora sin generar un impacto ambiental.

“Siempre me preocupó esta cuestión de que los lavados de la máquina no tenían una forma de hacer un procedimiento de limpieza sin que eso vaya al suelo y termine contaminando”, explicó para La Voz.

El problema aparece especialmente cuando el lavado se realiza después de una aplicación y quedan restos de caldo dentro de la máquina. Esos residuos pueden terminar concentrados en una superficie muy pequeña, aun cuando originalmente correspondieran a un volumen de aplicación destinado a varias hectáreas.

Para Villosio, ese manejo constituye uno de los principales pasivos ambientales de los sistemas productivos extensivos.

“La preocupación no está puesta en la aplicación de fitosanitarios realizada bajo las condiciones correspondientes a un tratamiento agrícola, sino en la concentración de residuos que puede producirse durante el lavado de una máquina y en su descarga directa sobre el terreno”, aclaró.

De una problemática a un tratamiento

Hace aproximadamente ocho años, Villosio comenzó a estudiar el funcionamiento de las camas biológicas, un sistema desarrollado originalmente en Europa que utiliza una mezcla de materiales orgánicos y suelo para favorecer procesos naturales de degradación.

A partir de esa investigación, hace unos cuatro años construyó en el establecimiento Don Celestino un primer prototipo. Se realizó un playón impermeabilizado para la maquinaria y se incorporó una cámara de retención de efluentes que permitía conducir posteriormente el líquido hacia las estructuras que contenían la biomezcla.

El funcionamiento del sistema parte de retener el líquido generado durante el lavado sobre un playón impermeabilizado; el efluente es conducido hacia los contenedores con la biomezcla donde los microorganismos presentes favorecen la degradación de los residuos de fitosanitarios.

De esta manera, el líquido no se descarga directamente sobre el terreno, sino que permanece dentro del sistema mientras se desarrolla el proceso de tratamiento.

El objetivo no era solamente resolver el problema en su propio establecimiento, sino desarrollar un sistema que pudiera ser replicable. En ese proceso comenzó a trabajar junto con el ingeniero civil Diego González, con quien posteriormente creó Fitoinnova Biobeds.

El aporte de la ingeniería permitió avanzar en el diseño de la estructura, incluyendo un sistema para evitar que el agua de lluvia se mezcle con los efluentes del lavado. Uno de los criterios centrales del desarrollo fue mantener una estructura sencilla y de bajo costo, evitando la necesidad de construir un galpón completo para cubrir todo el sistema.

A partir de cuatro años de registros propios, Villosio pudo establecer una referencia sobre el volumen de efluentes generado por las máquinas. Según sus mediciones, una pulverizadora genera aproximadamente 15.000 litros de efluente por cada 1.000 hectáreas que trabaja durante sus sucesivas pasadas a lo largo del año.

“Si nosotros queremos llevar a eso un número teórico y multiplicarlo por los 8 millones de hectáreas productivas que tiene nuestra provincia, estaríamos hablando de 120 millones de litros anuales que se generan por equipos pulverizadores en nuestros sistemas productivos y que, de momento, no tienen tratamiento”, sentenció el ingeniero.

El dato permite dimensionar el potencial ambiental de encontrar una solución para ese flujo de residuos.

Investigación para mejorar la biomezcla

El desarrollo dio un nuevo paso a partir de la vinculación con investigadores y la presentación del proyecto al Programa Integral de Financiamiento a la Investigación de Córdoba (Pific).

La iniciativa fue seleccionada y permitió establecer una vinculación entre Fitoinnova Biobeds y el área de investigación de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, a través de. Centro de Transferencia de Bioinsumos (CeTBIO)

“Nosotros, como empresa, aportamos el capital privado y la idea de resolver esta problemática; mientras que la Facultad aportó todo su conocimiento científico, equipos de biólogos y fitopatólogos. Teníamos como objetivo optimizar una biomezcla con residuos celulósicos regionales y generar un hongo que actuara como inóculo biológico para ser incorporado a la biomezcla”, explicó Villosio.

Así se incorporó el chipeado proveniente de la poda urbana, un residuo que actualmente puede terminar en basurales o ser quemado y se descartó la incorporación de tierra, lo que aportaba demasiado peso a los contenedores de esas camas, y su complejidad logística.

Resultados preliminares

El trabajo de laboratorio permitió evaluar el comportamiento de la biomezcla frente a distintos principios activos y seguir su evolución durante 60 días.

Para ello, el efluente fue recirculado por la cama y se tomaron muestras al inicio y a los 15, 30, 45 y 60 días, con el objetivo de observar cómo disminuían las concentraciones de los productos a lo largo del tiempo. Villosio aclara que se trata de resultados preliminares y que el diseño experimental debe repetirse para otorgar mayor contundencia a los datos.

Las mediciones realizadas mediante HPLC (una técnica analítica de laboratorio que se utiliza para separar, identificar y cuantificar los componentes de una mezcla en solución) mostraron, a los 60 días, niveles de degradación del 99% para 2,4-D, 98% para atrazina, 50% para diclosulam, 87% para flumioxazin y 53% para glifosato.

“Todos estos principios activos no están puestos al azar, sino que cada uno de ellos tiene una formulación distinta entre sí, tienen un comportamiento físico-químico muy distinto", destacó Villosio.

El productor agregó: "No podemos pensar que el productor cambie la biomezcla para cada producto. Entonces dijimos: se la vamos a hacer difícil a la biomezcla y le vamos a pedir que trabaje sobre estos 5 fitosanitarios que vienen a representar el grueso de los insumos que se utilizan, y que además son compatibles dentro de ese tanque”.

Claramente, el objetivo de esta etapa fue poner a prueba el comportamiento del sistema frente a productos con características diferentes.

Una tecnología pensada para llegar al campo

El proyecto busca superar la etapa experimental y convertirse en una solución que pueda ser instalada en establecimientos productivos. La estructura desarrollada por Villosio tiene un costo estimado de entre 30.000 y 35.000 dólares, dependiendo de la escala necesaria para cada establecimiento.

El diseño evita la construcción de un galpón completo y contempla la separación del agua de lluvia respecto del efluente de lavado.

Pero la propuesta comercial no apunta solamente a vender una estructura. El dimensionamiento de la cama depende de cuántos equipos trabajan en el establecimiento, cuántas hectáreas realizan por año y cómo se lleva adelante el lavado de las máquinas. Por eso, el conocimiento acumulado sobre el volumen de efluentes y el manejo de la pulverizadora forma parte de la solución.

El profesional desarrolló, además, un protocolo de limpieza de la máquina que utiliza aproximadamente 600 litros de agua, frente a recomendaciones de lavado que pueden llegar a los 1.500 litros. Menos agua utilizada significa también un menor volumen de efluente que debe ser tratado y, por lo tanto, una cama biológica que puede dimensionarse de manera más eficiente.

El proyecto contempla además la producción del inóculo biológico a escala, de manera que pueda estar disponible para la construcción de camas reales en establecimientos productivos.

La idea es que el productor no tenga que desarrollar por su cuenta toda la tecnología. El servicio contemplaría conocer cantidad de equipos, hectáreas realizadas por año y modalidad de lavado; para dimensionar la estructura y la capacidad de tratamiento necesaria, mientras que el desarrollo contempla la biomezcla y el inóculo biológico para ponerla en funcionamiento.

Para Villosio, el siguiente paso es conseguir financiamiento que permita continuar la investigación. Un camino que excede la instalación de una cama biológica en un campo puntual, por el contrario, busca convertir el desarrollo en una herramienta replicable y poner a Córdoba como pionera.

Agrovoz – La Voz del Interior – Fernanda Bireni