Sábado, 31 Octubre 2020 05:00

Maíz tardío, clave en la intensificación cárnica del norte argentino

Hace 20 años la empresa Ruas Agropecuaria decidió buscar su lugar (productivo) en el mundo. Y lo encontró: el sitio elegido fue el nordeste de Santiago del Estero. El plan inicial: hacer ganadería de cría. La situación actual: producción de granos y carne con un ciclo completo e integración que da vida a una región que hace dos décadas era otro paisaje. “En 1998 se hizo un plan porque nos parecía que los campos en esa zona valían mucho menos de lo que su potencial real marcaba”, explicó Oscar "Cachi" Melo, asesor técnico del Establecimiento Las Charatas desde aquellos comienzos, hace ya más de dos décadas, cuando en la zona no había ni agua, ni casas, ni alambrados.

Actualmente la empresa está instalada con 13.000 hectáreas en Otumpa y 7000 al este de Quimilí. “Empezamos con un plan de implantación de pasturas apuntando a desarrollar un sistema de cría silvopastoril, dejando cortinas arbóreas”, relató Melo, para quien una de las claves es “tener un plan, y seguirlo a rajatabla”. De hecho, se jacta: “En 20 años nunca cambiamos una fecha de servicio ni la duración del servicio, siempre todo fue muy ordenado”.

Con el correr de los años vieron que podían ir por más. La ganadería empezó a intensificarse, se empezó a recriar, y también a hacer un engorde a corral. Para eso empezaron a sembrar sorgo y maíces.

“En este plan de intensificación de la ganadería también incorporamos un entore de 15 meses algo que podemos hacer gracias a la precocidad de la raza San Ignacio, cruza de sangre nativa africana (razaTuli) con ganado argentino de origen británico (angus y hereford)”, contó Melo durante el Congreso de Maíz Tardío desarrollado esta semana organizado por Brevant Semillas.

Los servicios se hacen de diciembre a febrero, las pariciones son de septiembre a noviembre. Con esto, logran resultados de preñez de 88-90%.

Intensificación agrícola

A medida que empezaron a escalar en etapas de la producción de carne, también tuvieron que buscar herramientas para producir más granos y silajes. Iniciaron un plan para incorporar lotes a la agricultura de 500-1000 hectáreas por año. Así, hoy, ya tienen 6500 hectáreas agrícolas. El objetivo es llegar a las 8000 hectáreas.

Los principales cultivos son soja, maíz y sorgo. El sorgo se pica y el maíz es para grano. Un detalle no menor es que todo el maíz que hacen es tardío. “Encontrar los híbridos y la genética para poder sembrar en navidad, pero básicamente en enero, fue determinante, porque en un momento, después de mucho buscarle la vuelta al maíz sembrado en octubre-noviembre casi abandonamos, porque llegaban los calores de enero y lo fulminaban”, relató Melo. Y continuó: “Los rendimientos raramente pasaban los 3000 kilos por hectárea y el cultivo no era rentable”.

En este sentido, poder sembrar en enero, cuando los perfiles están más cargados y el periodo crítico agarra al cultivo ya pasados los calores de comienzo de año, fue un antes y después: “Una parte, la que va húmeda a bolsas para los animales, la cosechamos en abril-mayo con 30% de humedad, y la cosecha de grano seco es en julio- agosto”. Este cambio les permitió pasar de los magros 3000 kg/ha a techos de 9000 kg/ha.

“Tenemos la soja para balancear un poco la dieta pero no podemos incorporar mucho por su alto contenido graso, entonces armamos una planta extractora de aceite, para hacer el expeller de soja en el mismo campo y vender el aceite en crudo”, dijo Melo. Más de integración, más de valor agregado dentro del establecimiento propio.

Por eso, Melo remarca con orgullo: “Tenemos una gran integración: producimos nuestros toros, nuestras vaquillonas de reemplazo, producimos los terneros, las pasturas permanentes y los granos”.

En pasturas, Melo apuntó que una de las claves es tener pasturas consociadas que producen muy bien pero también son longevas. “Son las mismas que se implantaron hace 20 años y para lograr esto hay todo un plan que las hace más durables, hay una consociación entre gatton panic, buffel grass y otra especie forrajera que tiene una gran palatabilidad”, enumeró Melo.

Todo este paquete de alimentación les permite terminar novillos de 23-24 meses con 450 kilos vivo y MEJ (machos enteros jóvenes) con más de 500 kilos.

Eje sostenibilidad

“Desde el comienzo del proyecto hemos desarrollado un fuerte compromiso con la sustentabilidad en el campo”, contó Melo, quien destacó el método de rolado y el control permanente del renoval.

“El criterio conservacionista se replica en la producción agrícola donde nunca hacemos dos años seguidos soja, siempre rotamos con maíz, y controlamos muy de cerca, cada año, el contenido de materia orgánica que no debe bajar de 3%”, explicó Melo. Y agregó: “Desde que incorporamos los cultivos de servicio después de la cosecha de verano los contenidos de MO se mantuvieron o subieron”.

El control del estado del suelo se hace siempre en los mismos sitios, con puntos estratégicos georreferenciados.

Con todo, para Melo, el secreto del éxito ha sido el profesionalismo, trabajar siempre apegados a un plan, líneas de corto y de mediano plazo, y con objetivos claros.

“Cuando uno puede trabajar durante 20 años como lo hemos hecho nosotros en estos lugares se da cuenta de la potencialidad que tiene el país”, cerró.

Rural – Clarín – Juan I. Martínez Dodda