Sábado, 17 Octubre 2020 04:00

El maíz tardío se prepara para ganar el ballotage

Tras varios meses de escasez de lluvias en toda la región agrícola y con un pronóstico que apenas avizora una tímida recuperación para febrero-marzo de 2021, las siembras de cultivos de verano vienen complicadas. A poco de finalizar la ventana de implantación del maíz temprano, son muchos los lotes donde no se ha podido concretar la tarea. Allí, siempre y cuando las ansiadas precipitaciones lo permitan, el destino prometido será el maíz tardío, el que se siembra después del 15 de noviembre. El maíz tardío es una de las innovaciones más relevantes del cultivo y de la producción agrícola de los últimos años. Viene ganando terreno desde hace más de una década de la mano de la genética, con híbridos que ofrecen buenos rendimientos y estabilidad tanto en zonas marginales y poco atractivas para las siembras tempranas como en la zona núcleo.

De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), en la campaña anterior la proporción de área sembrada temprano-tardío fue de 63%-37% y en la actual, si las tendencias de déficit hídrico se consolidan, el maíz tardío podía llegar a superar el 50 % por primera vez. De hecho, esta semana la Bolsa de Comercio de Santa Fe dio por finalizada la siembra de maíz temprano para la zona centro norte de la provincia con una caída del área del 10%.

El desarrollo genético hizo posible disponer de plantas con cañas más resistentes al quebrado y vuelco, algo fundamental en el maíz tardío que debe permanecer en pie durante el otoño-invierno mientras pierde lentamente humedad hasta poder ser cosechado.

El desarrollo genético hizo posible disponer de plantas con cañas más resistentes al quebrado y vuelco, algo fundamental en el maíz tardío que debe permanecer en pie durante el otoño-invierno mientras pierde lentamente humedad hasta poder ser cosechado.

“La biotecnología de las semillas que desde hace unos años nos ha permitido poder sembrar maíz tardío fue algo disruptivo para la producción agropecuaria porque nos dio la posibilidad de escapar de la escasez de agua en el período crítico del cultivo y a su vez tener resistencia a las plagas más importantes, son materiales que nos permiten sembrar en una fecha distinta y obtener muy buenos rendimientos, los venimos utilizando con mucho éxito”, sostuvo Alberto Morelli, presidente de Maizar, la Asociación que agrupa a todos los eslabones de la cadena de la gramínea.

El desarrollo genético hizo posible disponer, además, de plantas con cañas más resistentes al quebrado y vuelco, algo fundamental en el maíz tardío que debe permanecer en pie durante el otoño-invierno mientras pierde lentamente humedad hasta poder ser cosechado. Por otra parte, “hoy la brecha de rendimiento con el maíz temprano no es tan grande como era al principio, entonces, no solo te da más seguridad a cosecha sino que también tenés un buen rinde, y teniendo en cuenta los márgenes, todo hace que el maíz tardío sea una alternativa viable para esta campaña”, explicó Esteban Copati, jefe de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA).

“Este año el maíz tardío es la opción porque hubo falta de lluvias para las siembras tempranas y también un adelantamiento en la compra de insumos, entonces, los productores que se encontraron con todo dispuesto, tienen la posibilidad de esperar a que se recargue el perfil de acá a diciembre y a partir de allí largar con la siembra, seguramente habrá un pase importante de lotes hacia maíz tardío”, analizó Morelli.

Sostenidos por buenos márgenes con relación a la soja y con una sequía en proceso, muchos productores decidieron anticipadamente apostar a las siembras de maíz retrasadas. “La tendencia del maíz tardío viene consolidada desde la precampaña porque se sabía que era un año en el que iba a haber dificultades para la siembra en toda la ventana de los cultivos de gruesa por el pronóstico de La Niña”, indicó Copati. A pesar del escenario climático desfavorable y del riesgo que implica hacer un cultivo mucho más caro y menos flexible, los relevamientos de intención de siembra semanal de la BCBA, “en ningún momento captaron la decisión de aumentar el área de soja en perjuicio de la de maíz”. Detrás de la decisión está la favorable relación insumo-producto y un margen todavía competitivo con relación al de la soja.

Actualmente los números cierran bien para el cereal. “A principio de año se hablaba de que iba a sobrar maíz en el mundo pero las proyecciones de la cosecha americana cayeron por cuestiones climáticas mientras que la demanda a nivel mundial sigue sostenida por encima de la oferta, eso hace que los precios a futuro sean sumamente atractivos”, señaló Morelli. “El maíz está con precios superiores a los que había antes de que empezara la pandemia, eso ayuda al margen, por eso la apuesta al maíz tardío va a ser considerable”, agregó.

“Es importante que los productores hayan decidido sostener las rotaciones entre gramíneas y leguminosas, manteniendo alta la superficie de maíz, diversificando su fecha de siembra y trasladándola hacia fechas tardías”, manifestó Copati. Para este año, la BCBA proyecta un área sembrada de 44% de gramíneas y 56% de leguminosas. La tendencia a rotaciones más equilibradas viene creciendo en los últimos años generando un impacto positivo en la estructura física, química y biológica de los suelos, lo que contribuye a una mayor infiltración y retención de agua, y aunque es difícil de cuantificar, crea mejores condiciones para enfrentar la sequía. “Estamos viendo que a pesar de tener que afrontar un año muy complicado, las buenas prácticas agrícolas y la incorporación de tecnología se mantienen, eso es muy beneficioso”, destacó el analista.

El mejor ataque es la defensa

“Desde el punto de vista agronómico, hacer maíz tardío es una estrategia defensiva frente a una campaña con déficit hídrico”, indicó el Ing. Agr. Alfredo Cirilo de INTA Pergamino. Según el técnico, retrasar la fecha de siembra de maíz hacia fines de noviembre o principios de diciembre es una medida para asegurar un piso un poco más alto de rendimiento en un año con pocas lluvias porque coloca el período crítico del cultivo -la floración- en febrero, un momento donde se espera que el balance hídrico sea más favorable. “En la etapa crítica se define número de granos por unidad de superficie, componente fundamental del rendimiento, y la falta de agua en ese momento provocaría una caída importante del mismo”, explicó Cirilo.

Una medida que debería ir de la mano de la siembra tardía, de acuerdo al experto, es reducir el número de plantas por hectárea del cultivo, de manera que la competencia entre individuos por agua y nutrientes sea menor.

“La complicación que puede tener una siembra demorada a diciembre es la aparición de malezas durante la primavera, las que hay que controlar adecuadamente”, advirtió el ingeniero.

Por otro lado, atrasar la siembra del maíz implica contar con mayor disponibilidad de nitrógeno por descomposición de la materia orgánica en el suelo de manera que “las demandas de fertilización son menores porque hay nitrógeno natural que está liberado”. Pero, como señaló Cirilo, se trata de “una estrategia de vida corta” ya que se está consumiendo un nutriente del suelo que no se está reponiendo. “No hay que aprovecharse evitando la fertilización de arranque, porque en años buenos el maíz tardío puede rendir alrededor de 10.000 kilos y requiere alta demanda del nutriente, pero es algo que no deja de ser importante a la hora de hacer los números y calcular el margen del cultivo en años complicados”, agregó.

Otro de los puntos a tener en cuenta en el maíz tardío es el momento de la cosecha. “La planta queda en pie durante todo el invierno hasta que se pueda cosechar y es una complicación si el genotipo no tiene suficiente estabilidad de caña para aguantar esos meses porque habrá pérdidas por caída de espigas y cañas quebradas, a su vez, llega un momento en que la humedad del grano no baja más porque está en equilibrio con el ambiente y se complica con los costos de secada”, detalló Cirilo.

Por eso, el ingeniero sostuvo: “Sembrar tarde no es la panacea, tiene sus pro y sus contra, y hay que entenderlos para aprovechar las oportunidades y compensar los riesgos que tiene”.

De Córdoba capital (del maíz)

En Córdoba, la principal provincia productora de maíz de la Argentina, la proporción temprano/tardío de la campaña pasada fue de 30/70 pero este año, por la falta de agua, “lo más probable es que aumente la superficie de maíz tardío”, señala Gonzalo Augusto, economista de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA).

La institución estimó una siembra de 2.554.700 hectáreas de la gramínea en la provincia, un 1% más que la campaña anterior, un 32% más que el promedio histórico (2008-2020) y un 11% más que el promedio de las últimas cinco campañas. “El maíz tardío funciona bien en Córdoba, si bien tiene precios más bajos que los del maíz temprano, en términos de rendimiento es más estable que los de soja en años secos y por eso el productor apuesta más a la gramínea”, dice Augusto.

Según la BCCBA, se espera un precio del maíz temprano de USD 159,5 por tonelada en abril de 2021 y para el tardío de USD 148,5 por tonelada a julio, lo que representa un aumento respecto de la campaña previa del 25% y 14% respectivamente. “El mayor valor del cereal, sumado a una mejor relación insumo-producto, permitirían una rentabilidad positiva del maíz en la campaña 2020/21”, señala un informe de la entidad.

La relación insumo-producto mejoró un 20% respecto de 2019 tanto por el mejor precio del cereal como por la caída en el costo relativo de los insumos, especialmente el fosfato y el combustible, indica el estudio. “Tenemos precios relativamente buenos pero hay que tener presente que es un cálculo en base a rindes promedios y si el contexto climático no mejora puede que los resultados sean menores y la rentabilidad se vea afectada”, explicó Augusto.

Rural – Clarín – Kitty Vaquero

 

En el oeste bonaerense, los híbridos específicos para maíz tardío hacen la diferencia

El oeste bonaerense es una zona de alto riesgo productivo, en la que el estrés térmico puede castigar con dureza al cultivo. En las últimas campañas, el maíz tardío sumó una herramienta central para diversificar los planteos y sumar más estabilidad.

“Hoy el porcentaje es 30% de maíz de primera y 70% en fecha tardía”, le aseguró a Clarín Rural Martín Elichiry, un licenciado en Economía Agropecuaria que asesora y administra unas 5.000 hectáreas al oeste de Trenque Lauquen.

“Acá el maíz tardío fue un descubrimiento. El problema era que algunos años los maíces de primera se hacían pelota en enero, en los ciclos en los que llovía muy poco, y los rendimientos se caían a pique”, recordó Elichiry.

A medida que más productores se animaron a probar con los planteos tardíos, que en la zona se siembran a partir de diciembre, el problema era que no contaban con tantos híbridos. “En mi caso ese escenario se modificó en la última campaña, en la que sembramos tres híbridos de ciclo corto específicos para maíz tardío que lanzó el semillero Stine”, contó el asesor.

En su zona, Elichiry logró los mejores resultados con el 9734 VTR (también probó el 9808 y 9739). “Cosechamos más de 8.000 kilos de maíz por hectárea y nos vino muy bien a los productores contar con más híbridos precoces para apostar a este manejo”, insistió.

Con un híbrido largo, un maíz de primera puede rendir más de 10.000 kilos por hectárea en una campaña en la que el clima acompaña. “Pero si en enero el lote se prende en fuego, el rendimiento se cae a menos de 7.000 kilos por hectárea”, advirtió el asesor. Por eso, el maíz tardío sigue creciendo en esta región de la provincia de Buenos Aires.

Rural – Clarín