Sábado, 05 Septiembre 2020 03:00

Con nitrógeno a la siembra, el maíz rindió 35,1% más en el centro-norte de Córdoba

Por Ricardo Maich.

Desde la siembra de la semilla hasta la cosecha de su grano, el productor y su asesor de confianza interactúan de manera tal ir cerrando cada una de las ventanas que abrieron con el fin de iluminar el camino hacia un exitoso maíz. Probablemente la primera ventana que abrieron fue la de la elección del híbrido. Los resultados agronómicos que abundan en la web pueden resultar de ayuda toda vez que se apoyen sobre una robusta objetividad. El “top ten” o el “top five” a lo largo de tres campañas agrícolas es suficiente. De los tres híbridos que conforman el podio, la elección recaerá en aquel que ofrezca la mejor relación costo-beneficio.

Otra de las ventanas se corresponde con la elección del lote. Una decisión que no deber ser para nada intempestiva. El manejo del suelo previo a la implantación del maíz arranca apenas cosechado el cultivo antecesor. La poca agua remanente en el suelo tiende a volatilizarse por evaporación o por la transpiración de las omnipresentes malezas.

Con el objetivo de atenuar o potenciar, respectivamente, la “pérdida” de agua por parte del suelo se cuenta con al menos dos alternativas, barbecho químico o barbecho vivo mediante un cultivo de servicio.

Por otra parte, el cultivo de maíz en la región centro norte de la provincia de Córdoba suele responder mejor a la fertilización nitrogenada de lo que lo hace el trigo. Una explicación plausible recae en el régimen pluviométrico de la región (monzónico).

La cantidad de fertilizante a aplicar depende de múltiple factores, entre los que se destaca la eficiencia en el uso del mencionado nutriente y la relación entre el precio del insumo y el precio del producto. Las restantes dos ventanas que se abrirán y se cerrarán una vez tomada la decisión, son la fecha y densidad de siembra.

El concepto “óptima” respecto a ambas prácticas de manejo resulta de la experticia de los productores fundada en años de cultivar maíz fuera de la zona núcleo.

En el presente informe, basado en lo acontecido con el cultivo de maíz en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC) durante la campaña agrícola 2019-2020, confluye la información proveniente de tres experiencias en las que se evaluaron: híbridos, manejo del suelo previo a la implantación del maíz, fertilización nitrogenada, fechas y densidades de siembra.

Resultados

En lo que respecta al comportamiento agronómico de los dos híbridos evaluados (DK 72-10 y P 2089), estos presentaron potenciales de rendimientos equivalentes.

Por otra parte, haber pospuesto un mes (octubre) el secado de la vicia usada como cultivo de servicio resultó contraproducente para el cultivo de maíz. Otro aspecto no menor fue que el secado de la vicia requirió más de un tratamiento, por lo que la senescencia no fue inmediata y el cultivo continuó consumiendo agua.

La fijación biológica de nitrógeno por parte de la vicia, equivalente a 100 kilos de urea, se vio opacada por el excesivo consumo de agua por parte del cultivo de servicio elegido.

En cuanto al efecto de la fertilización nitrogenada a la siembra (200 kilos de urea por hectárea) sobre el rendimiento en grano, el lote fertilizado rindió un 35,1 por ciento más que el lote no fertilizado. Así, la eficiencia agronómica promedio en cuanto al uso del nitrógeno para el rendimiento en grano fue de 25,8 kilos de grano por kilo de nitrógeno aplicado.

Un incremento en la densidad de siembra trajo aparejado además un ensanchamiento de la brecha agronómica entre el cultivo fertilizado y no fertilizado; lo que estaría marcando una restricción nutricional a medida que se aumenta la densidad poblacional.

Al evaluar el efecto de la fecha de siembra (desde octubre a febrero), sobre el comportamiento agronómico del cultivo de maíz, se constató una respuesta cuadrática. El rendimiento significativamente más alto se logró con la siembra de mediados diciembre, seguido por la siembra de mediados de enero.

La delgada línea entre el bien (altos rendimientos) y el mal (bajos rendimientos) lo marcaron los días con temperaturas iguales o superiores a los 32° C durante el periodo crítico.

Finalmente, la respuesta agronómica del maíz ante la variación en la densidad de siembra convalidó la práctica habitual en la región. Es decir, el efecto de la densidad de siembra sobre el rendimiento en grano no se hizo sentir por encima de las 60 mil plantas por hectárea.

El autor es docente e investigador de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC.

Agrovoz – La Voz del Interior