Sábado, 15 Agosto 2020 04:00

Argentina, uno de los países con mayor potencial para expandir la superficie bajo riego

“El riego es la herramienta para que podamos dar el salto productivo”. Así definió el director del del Inta Manfredi y experto en esta materia, Aquiles Salinas, sobre lo que representa esta tecnología. En Argentina se riegan alrededor de 2 millones de hectáreas, el 7% del área agrícola, y el objetivo es llegar a 4 millones para el 2030 según los objetivos del Plan Nacional de Riego lanzado en su momento por la gestión de Cristina Kirchner, seguido por el de Mauricio Macri y que ahora continúa su curso con la administración de Alberto Fernández. “Está creciendo esta tecnología pero no lo que se proyectada”, sostuvo. Para el referente del Inta Manfredi, hay dos barreras para que no crezca el riego: la falta de créditos y la ineficiencia energética en zonas rurales que se necesita para abastecer de energía a sistemas que consumen mucho.

Más allá de este hecho coyuntural, el potencial del riego en el país es enorme ya que se estiman que hay en Argentina 6 millones de hectáreas con la posibilidad de ser regadas.

“En el mundo la superficie agrícola de riego es el 15% pero este porcentaje genera la mitad de la producción mundial. En áreas desarrolladas como países de la Unión Europea y zonas de Estados Unidos, el potencial del área regable está casi al 100% mientras que en América del Sur el área regable está entre 18 a 20%. Podemos ser la fuente de provisión de alimentos en el futuro”, consideró.

Según explicó Salinas, hay dos tipos de riego. El sistema de superficie que se realiza en zonas áridas donde si no hay riego, directamente no se podría producir. “Es lo que más se difundió en Argentina. Se basa en el riego por inundación o gravitacional”, precisó.

Y por otro lado, se encuentra el riego suplementario, que se da mayormente en la pampa húmeda para los cultivos extensivos como trigo, maíz y soja, en la cual el agua que aporta las lluvias se complementa con el riego. Hay alrededor de 600.000 hectáreas con esta tecnología.

“El agua ya no se mueve por diferenciales sino que se provee del bombeo y el agua va presurizada. Permite que a través de los reguladores, independientemente de la forma del terreno, todo el campo reciba la misma agua”, informó.

Y los datos del INTA Manfredi, la principal experimental que realiza ensayos y estudios sobre la irrigación en Argentina, lo corroboran.

El promedio de incremento en maíz bajo riego es de un 50% por encima del secano, pasando de 9.000 kilos a 14.000 kilos. En soja, el aumento es de de un 30%, creciendo de 3.000 a 4.000 kilos. Mientras que en trigo se eleva más de un 100%, de 2.200 a 5.000 kilos.

“La productividad que genera la rotación clásica de trigo, soja y maíz (3 cultivos en dos años) hace obtener 300 dólares más por año por encima del secano. En secano ganás y con riego, aún mucho más”, graficó.

El Instituto Nacional del Agua indica que, del total a nivel nacional, el 70% se riega por escurrimiento superficial, el 21% por aspersión y el 9% por métodos de riego localizado (riego por goteo).

El principal beneficio de la irrigación para Salinas es que asegura la producción todos los años. “El resto es asesoramiento y manejo agronómico. Con eso tu empresa marcha como relojito, sin inseguridades. Tiene un costo mayor que el secano pero te da seguridad productiva de cosecha que cualquier empresa quisiera tenerla”, dijo.

Justamente, una de las novedades que deslizó Salinas es que el riego por goteo dejó de ser específicamente para cultivos hortícolas sino que últimamente se viene introduciendo en la producción vitivinícola y ahora, en las producciones extensivas.

Desde el Inta Manfredi comenzaron a probar esta metodología desde 2012 con resultados muy buenos y varios productores ya lo usan en sus campos.

“Siempre en algún momento de los ciclos de los cultivos se presenta un déficit hídrico de variada intensidad dependiendo las zonas, por lo que puede generar cambios productivos muy interesantes cuando se aplica en esos tiempos”, describió.

La gran virtud, sintetizó, es que se coloca el agua directamente en las raíces sin tener que atravesar el suelo y el rastrojo. "No hay pérdidas productivas y se logra más eficiencia en el uso del agua”, aclaró.

Rural – Clarín – Esteban Fuentes