Sábado, 25 Julio 2020 05:00

Protagonistas. “El mundo no nos ve como un país sustentable”

Martín Fraguío es Fundador y Director de Carbon Group Agro-Climatic Solutions, en la cual semanas atrás, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), avaló el primer protocolo realizado por la empresa que promueve el secuestro de carbono en los suelos productivos del mundo.

 ¿Cuán complicado está el planeta en cuanto a las emisiones?

La situación es realmente gravísima. En el año 2018 el Panel intergubernamental del Cambio Climático publicó el informe estableciendo que estábamos en algo más de 1 grado de aumento promedio de la temperatura en la Tierra, advirtiendo que en unos años se alcanzaría un grado y medio, y que si todo sigue como venimos hasta ahora, en unos años llegaremos a dos grados de aumento de temperatura. Dicen, incluso, que la pandemia Covid-19 es un pequeño botón de muestra de lo que podría ser un mundo con una atmósfera y un clima que supere el incremento de 2 grados de temperatura.

¿Y qué significaría esto?

Con dos grados, va a haber muchos lugares como los polos que van a crecer en agua, y esto implica cambios en muchos hábitats de plantas y animales, de microorganismos y enfermedades también. Lo que dicen los expertos es que hoy la situación es gravísima y advierten que queda poco tiempo. Quedan menos de 20 años para que el mundo cambie de rumbo de colisión. El cambio tiene que ser abismal. Y si bien algunos países están dudando, como el gobierno de Estados Unidos, esto no muestra lo que están haciendo sus empresas o sus gobiernos estaduales o municipales que armaron un movimiento por el cambio climático estableciendo un impuesto para obligar a que toda la estructura de combustibles fósiles cambie su consumo y se invierta en formatos alternativos.

¿Te referís a las energías renovables?

Es energías renovables pero también es mucho de eficiencia energética. Por eso es que hoy las empresas más grandes del mundo son de las sistemas tecnológicos (Amazon, Google, Microsoft). Esas empresas, aseguran que tienen las soluciones para resolver el problema del cambio climático. Todo empieza con la internet de las cosas, que, por ejemplo, puede hacer que el aire acondicionado de tu casa en vez de prenderse en el mismo momento que se prenden otros en tu zona generando un pico de consumo, se haga en forma alternada, con minutos de diferencia, de modo que el consumo eléctrico esté mucho más parejo.

¿Cómo está posicionada Argentina en cuanto a las emisiones y cómo nos ve el mundo?

Lamentablemente, el mundo en general no nos ve como un país muy sustentable. Hubo muchas campañas de comunicación, algunas iniciadas por ONGs argentinas y movimientos ideológicos que ganaron fuerza y dinero cuando fue la discusión por la Resolución 125 en 2008 y ese discurso fue el que se propagó por el resto del mundo. Sin embargo, lo que sabemos con comprobación científica es que esos argumentos no tienen fundamento real. Argentina es uno de los países en el mundo que por unidad de producto (alimento, grano, cereal, oleaginosas, carnes) tiene de las emisiones más bajas del mundo, me animo a asegurar que la más baja.

¿Y cómo podría revertirse esto?

Lo primero que hay que entender es que la sustentabilidad o sostenibilidad es un concepto bastante abstracto, pero hoy el foco está puesto en el control de emisiones de gases efecto invernadero. Entonces, si en Argentina, que es uno de los países que por superficie, población, estructura de las cadenas de valor alrededor del productor agropecuario y la actividad, podemos lograr los productos con las emisiones más bajas del mundo, y además de eso podemos generar un gran secuestro de carbono certificado y verificado, creo que podemos demostrar al mundo cuál es nuestra verdadera capacidad de contribución para evitar este gran problema. Al mismo tiempo, transformar a la Argentina en un país que pueda salir de esta crisis económica y revertir lo que piensan de nosotros en el mundo en este aspecto.

¿Cómo se baja esto a la producción y los productores?

Además del programa en el que colaboramos y fue avalado por la FAO semanas atrás, y el protocolo técnico-contable para administrarlo, nosotros estamos trabajando en uno específicamente para Argentina. Lo primero y fundamental es que tiene que haber un compromiso expreso, fehaciente, de cada productor y organización de productores con el cambio climático. No deben ser arrestos individuales. El premio puede ser obtener un financiamiento a menores tasas de interés, o para vender una tonelada de carbono secuestrada en los suelos. Es un cambio mental.

¿Qué premio obtienen por hacer las cosas bien?

Para esto la FAO creó este tipo de programas a nivel mundial, para ir permitiendo que productores medianos y pequeños ingresen en este cambio de paradigma y de la demostración de que la agricultura es una actividad, que bien hecha está favoreciendo al clima y no empeorándolo como lo hace un combustible fósil. Estos programas entonces tienen tres beneficios. El primer beneficio es que mi producto se vende con una certificación de que tiene menos emisiones que otros; lo segundo es que como se están haciendo prácticas que reducen las emisiones y secuestran más carbono entonces se puede acceder al mundo de las “finanzas climáticas”, que hoy dentro del mundo financiero es el grupo que crece más rápido. La última década apareció una categoría de inversor que invierte gran parte de su dinero buscando una buena causa ambiental, no solamente busca ganar más plata. En 2019 este mercado superó ya los 500.000 millones de dólares de capital disponible en un año y se calcula que en 2020 o 2021 se duplique, llegando a un billón a nivel mundial. El tercero es el de los bonos de carbono.

¿Cuáles son las prácticas que reducen emisiones?

En cada situación del agro mundial hay cosas para hacer. Pero tomemos el maíz, que es el cultivo que se siembra en más países del mundo. Argentina, Brasil, Uruguay, hacen la mayor parte en siembra directa con lo cual ya la siembra directa no puede ser tomada como una mejora en este sentido, sí lo fue en otro momento, pero ya no, pero si vemos el maíz en Colombia, México, Estados Unidos, los países europeos, o los africanos, la siembra directa es un cambio muy importante en este sentido.

¿Y qué cambiaría entonces la ecuación en Argentina?

En Argentina hay otros cambios como mejorar la eficiencia de la fertilización nitrogenada, mejorar el manejo de los barbechos para bajar las emisiones de oxido nitroso. Los cultivos de servicio son fundamentales en este sentido. En Argentina, generalmente se fertiliza en relación con el rendimiento obtenible. Hoy, con esquemas de agricultura por ambientes y fertilización variable se puede lograr un uso más preciso en la ecuación del nitrógeno evitando que se transforme en oxido nitroso emitido como gas de efecto invernadero. Eso creo que va a ser uno de los cambios más de fondo que puede hacer la agricultura argentina, porque el oxido nitroso es un gas efecto invernadero importante, es la primera o la segunda razón de las emisiones de la agricultura.

¿Cuál es el top-3 de las cosas que más aumentan las emisiones?

El sector crítico es el de transporte. Que es un gran emisor, por eso en la mayoría de los escenarios del informe de 2018, la clave está en los biocombustibles donde se secuestra el carbono de esa emisión, porque un vegetal saca CO2 de la atmósfera y se transforma en bioenergía, y cuando esa bioenergía se quema en un motor o una caldera esas emisiones se guardan de alguna forma para que no vuelvan a la atmósfera. Son ciclos de carbono negativo.

La segunda cuestión es hacer un cambio en la infraestructura, que hoy es muy ineficiente. Y la tercera es la agricultura. Por eso es indispensable el trabajo que tenemos por delante, eliminando la deforestación y que los ecosistemas forestales naturales o cultivados se manejen alineados a los gases efecto invernadero. Es algo que está costando.

¿Cómo está hoy la deforestación en Argentina?

No soy un experto, pero lamentablemente, por lo que se, Argentina si bien ha bajado el índice de deforestación, igual está en unas 200.000 hectáreas por año que deberían bajar a cero. Pero ojo, esto no quiere decir que no se pueda entrar a administrar los bosques nativos.

Creer que hay que poner un alambrado y que nadie entre es un error, porque hay que hacer prácticas de manejo, sacando árboles viejos que son combustible en caso de incendios, controlando malezas. El mundo tiene que cambiar la deforestación por esquemas de cuidado de los ecosistemas. Y eso tiene que ser pagado.

Rural – Clarín – Juan I. Martínez Dodda