También de la existencia de un organismo como el Senasa que, pese a las dificultades y los recortes presupuestarios, puede otorgar garantías de inocuidad de la producción argentina. Si de algo sirvió la crisis de la fiebre aftosa de fines de los años 90 y principios de este siglo es que la confianza se puede perder muy fácilmente y recuperarla puede costar años.
Cada vez más, el concepto de sustentabilidad va dejando paso al eslogan y transformándose en reglas y comienza a entrar en el mundo de los negocios. Habrá quien cuestione la definición de cambio climático y todas las medidas que se están adoptando para impulsar la transición energética del uso de recursos no renovables a renovables, pero lo cierto es que ahí están. Obviamente cada uno es libre de aceptarlas o no.
Entre ellas, está el impulso a los mercados de carbono. Al respecto, la Sociedad Rural Argentina (SRA) destacó en un informe esta semana que “el mercado de créditos de carbono puede representar para la Argentina una oportunidad económica de aproximadamente US$4800 millones anuales. Según la entidad, los recursos, “no pueden estar concentrados en intermediarios ni bajo un esquema de administración estatal, sino que lleguen a los propietarios y productores que generan y sostienen los proyectos”.
Según expresó Eloísa Frederking, vicepresidenta segunda de la SRA, “estos recursos van a ir hacia regiones donde el desarrollo del país ha quedado inmovilizado ante la presión del ambientalismo extremo y leyes que generaron pobreza estructural”.
Según la entidad, “el desarrollo del mercado de carbono puede generar una nueva fuente de ingresos para productores y comunidades de distintas regiones del país, particularmente en zonas del NEA, NOA y la Patagonia, donde existen importantes superficies con potencial para desarrollar proyectos de conservación y captura de carbono”.
El impulso de estos temas no debería ir en reemplazo de cuestiones más terrenales como la elevada presión impositiva de todos los niveles del Estado sino en paralelo. En definitiva, la sustentabilidad no solo es ambiental sino también social y económica. La oportunidad y la ventaja que tiene la producción agroindustrial argentina es que está en condiciones de responder a las demandas de sanidad y calidad de los mercados globales. Aunque haya sobresaltos, es un camino que vale la pena recorrer.
Campo – La Nación – Cristian Mira