Pablo Aimar, integrante de su cuerpo técnico, es de Río Cuarto, el centro neurálgico del maíz. Walter Samuel, a su vez, nació en Laborde, provincia de Córdoba, y se crió en Firmat. Y Roberto Ayala es de Paraná, capital de Entre Ríos. No es casual que la inteligencia que han demostrado en la toma de decisiones de un deporte de alta competencia y la capacidad de trabajo en equipo sea similar a la que se encare en la producción agropecuaria.
¿Y los jugadores? Messi, de Rosario, capital agroindustrial del país; Julián Álvarez, de Calchín, Córdoba, una localidad líder en la producción de alfalfa. En este Mundial, mucho más que en Qatar, se vio la capacidad que mostraron para recuperarse de las adversidades cuando el marcador era desfavorable. Es lo que le pasa al campo, cuando después de que una sequía destruye el sueño de una cosecha, se levanta y vuelve a producir. A esa actitud hoy se la llama resiliencia.
Hay otras señales de la vinculación de la Scaloneta con el campo. Los jugadores tomando mate, con Messi a la cabeza, viralizan sus imágenes alrededor del globo y ofrecen la oportunidad de construir una marca-país de alcance mundial alrededor de la infusión. El récord de exportaciones de yerba mate que se podría alcanzar en 2026 con 50 millones de kilos muestra una oportunidad. Claro, sería deseable que los pequeños productores no quedaran al margen de ese boom. Otra “marca-país” que ofrece el equipo de Scaloni es la de la carne: los videos de los asados de la concentración en Estados Unidos dicen mucho de la calidad de la carne argentina. El contexto no puede ser mejor: entre enero y mayo de este año, el país vendió al exterior carne vacuna por US$1833,7 millones, lo que representó un aumento del 44,7% respecto del mismo período del año pasado. Aquí también hay muchas cuestiones para corregir en la cadena, pero es evidente que la demanda global de alimentos, y específicamente de la carne vacuna, es superior al incremento de la producción.
Aunque el deporte se alimenta de victorias, más allá del resultado de la final de mañana, lo que refleja la Selección, en definitiva, es la cultura del esfuerzo, el trabajo, la humildad, el deseo de superación, la incorporación del último conocimiento disponible y la capacidad de hacer las cosas en equipo por un objetivo común. Son las mismas actitudes que pueden encontrarse en miles de empresas agropecuarias que día a día hacen un trabajo silencioso en el país y que va más allá de un objetivo económico. Apuestan a tratar de vivir en un país en el que los hijos quieran quedarse a construir su futuro. No es sencillo porque todavía hay muchos obstáculos por superar. En el campo y en el fútbol se pueden encontrar algunos ejemplos que sirvan de inspiración.
Campo – La Nación – Cristian Mira