En este momento ha surgido en el país, lo que incluye a la totalidad del peronismo, la necesidad de asumir como propio el programa, los logros, e incluso la trayectoria del propio Javier Milei; y ya se sabe que del consenso surgen las políticas, y de las políticas los acuerdos.
El peor efecto de las retenciones es la alteración que producen en la ecuación insumo/producto, lo que le otorga un sesgo económico esencialmente anti-tecnológico. De ahí que el segundo de los beneficios que traen estas reducciones sistemáticas son vincularlas en forma directa a un mayor crecimiento económico; y por lo tanto a intensificar las inversiones.
Hay un tercer elemento en este examen de las retenciones; y es que la expansión del agro está vinculada a un tipo de crecimiento abierto al mundo, y por eso basado en las ventajas comparativas que le otorga al país la utilización intensiva de sus riquísimos recursos naturales.
Es exactamente lo contrario de la industrialización sustitutiva orientada al mercado interno, y por necesidad altamente proteccionista.
Al contrario, ahora hay que buscar competir en el gigantesco mercado internacional, acorde a la época que es la de la tecnología, el crecimiento y la innovación; y todo ello bajo el signo de la prosperidad, una categoría magnífica.
Esto es lo que está ocurriendo en la Argentina en el momento actual: este año las exportaciones superarían por primera vez en la historia los U$S 100.000 millones; y en abril las ventas externas permitieron una brecha comercial positiva de U$S 12.700 millones; y todavía falta por ingresar la cosecha gruesa que este año superaría U$S 35.000 millones; y a todo esto hay que sumarle un cambio estructural de fondo, y es que en 2026 el país tendrá un doble superávit de cuenta corriente y fiscal, lo que implica la resolución de la crisis crónica del sector externo, también denominada largamente “estrangulamiento de la balanza de pagos”.
José Luís Daza, el viceministro de economía y una figura que enorgullece a la Argentina, sostiene que el país atraviesa un “momento bisagra de su historia”, y “que ha cambiado para siempre”. Ahora la Argentina - dice José Luís Daza – se proyecta hacia una economía abierta e integrado al mundo con superávit fiscal disponible y un extraordinario potencial en materia de inversión.
Por eso, dice Daza, al integrarse al mundo a través del acuerdo con EE.UU. y la UE, ha comenzado a generar un fenomenal auge económico que va a abarcar varios años, o quizás varias décadas.
En suma, la reducción sistemática de las retenciones implica incorporar credibilidad y previsibilidad al país; y eso sumado al talento excepcional de los argentinos, se transforma en un camino dotado de sentido y con nítida orientación.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín