Según explicó, el principal condicionante pasa hoy por el fuerte aumento del costo de los fertilizantes, especialmente la urea, insumo clave para sostener rendimientos y calidad. Aun así, Petroantonio consideró que en zonas donde el trigo forma parte estructural de las rotaciones la superficie no sufriría grandes cambios. “En el sudeste el cultivo sigue siendo fundamental. Tal vez haya un poco menos de inversión, pero se va a trabajar mucho más en optimizar los recursos”, señaló.
También destacó que la reciente suba del precio internacional mejoró el ánimo de muchos productores, aunque no alcanza para revertir completamente la cautela.
Una visión similar expresó el asesor Javier Pizzichini, con base en Trenque Lauquen, oeste bonaerense, quien sostuvo que la campaña estará atravesada por la búsqueda de eficiencia. “El foco va a estar puesto en optimizar recursos y sostener productividad”, indicó.
Para Pizzichini, el trigo seguirá presente en los planteos agrícolas, aunque con estrategias tecnológicas más ajustadas. En paralelo, advirtió que el girasol aparece hoy como uno de los cultivos con mejores números económicos para la campaña gruesa, lo que también condiciona las decisiones sobre la fina.
Menos superficie y más cautela
En el plano productivo, muchos empresarios agropecuarios reconocen que este año reducirán el área destinada a trigo o cebada, especialmente en regiones donde la última campaña dejó resultados irregulares.
Rafael Pereyra, productor con establecimientos en Balcarce/Necochea, Carhué y Pehuajó, explicó que en la última campaña las heladas golpearon con dureza al trigo en el oeste bonaerense, mientras que en el sudeste los rindes fueron muy buenos, con lotes de entre 4.800 y 5.200 kilos por hectárea.
Con ese antecedente tomó las decisiones de cara al nuevo año. “Eliminamos el área triguera en el oeste”, afirmó. En cambio, mantendrá parte de la apuesta en Balcarce y Necochea, donde el trigo sigue siendo estratégico por su integración con soja de segunda y por el potencial productivo de la región.
Pereyra también confirmó que este año dejará de sembrar cebada para concentrarse exclusivamente en trigo. Aunque inicialmente evaluó recortar la fertilización nitrogenada, finalmente decidió mantener niveles relativamente similares a los de campañas anteriores, pero sobre una superficie menor.
Mientras tanto en Lobería, el productor Alberto Areco también anticipó una reducción del área de fina para priorizar cultivos de gruesa. “En mi campo la fina viene de dos campañas bastante malas”, resumió. En su caso, la cebada suele ofrecer mejores resultados que el trigo debido a las características de sus campos mixtos. “La cebada termina el ciclo antes y llena el grano en un momento con mayor disponibilidad de agua”, explicó. Según detalló, eso le permite obtener rindes entre un 15% y un 20% superiores respecto al trigo.
Areco remarcó además que, pese al encarecimiento de la urea, reducir demasiado la inversión tecnológica no es una opción viable. “Si no le ponés insumos, no rinde nada”, advirtió. También sostuvo que muchos suelos agrícolas muestran una pérdida de capacidad de mineralización tras años de agricultura continua, lo que obliga a incrementar las dosis de nitrógeno para sostener productividad.
El gran reclamo: que se pague la calidad
Uno de los puntos donde existió mayor coincidencia entre técnicos y productores durante el congreso fue la falta de incentivos económicos para producir trigo de calidad.
Petroantonio aseguró que “la segregación y la calidad todavía no generan un gran rédito para el productor”, mientras que Pizzichini sostuvo que el mercado argentino “todavía no recompensa adecuadamente la calidad del cereal”.
Ese diagnóstico también fue compartido por productores del centro y sudeste bonaerense. Alberto Díaz Delfino, productor de Tandil y Necochea, consideró que el trigo seguirá teniendo un rol importante en las rotaciones pese a los altos costos. “El año pasado la fina fue muy buena y el precio del trigo subió, así que creo que se va a acomodar”, afirmó.
Por su parte Lázaro Ramírez, con actividad en Azul, Olavarría y Tandil, mostró una postura más crítica y aseguró que hace dos campañas decidió abandonar la fina debido a la falta de rentabilidad. “Los números están muy justos y los costos se encarecieron todavía más”, señaló.
Díaz Delfino explicó que alternativas invernales como la colza o la carinata, que vienen creciendo de a poco en superficie y se perfilan como opciones atractivas a futuro, todavía presentan demasiadas dificultades comerciales y logísticas. “Con trigo y cebada siempre tenés mercado, pero en otros cultivos podés perder el embarque o quedarte sin compradores”, sostuvo.
Para ambos productores, el principal problema estructural sigue siendo que la industria no remunera adecuadamente la calidad industrial del trigo. “Hoy el productor recibe prácticamente un precio de puerto, sin premios significativos”, advirtió Díaz Delfino. Ramírez coincidió y fue más allá: “Sería importante que los molinos o la industria paguen un diferencial por gluten o proteína. Hoy es prácticamente lo mismo cualquier trigo y la diferencia no justifica la inversión”.
A pesar de todo, tanto productores como asesores destacaron los avances logrados en genética y manejo durante los últimos años. “Hoy los trigos rinden muy bien y hay mucho para ajustar con siembra y fertilización variable”, señaló Ramírez.
La sensación general que dejó el congreso es que el trigo sigue siendo uno de los cultivos preferidos por los productores argentinos y una pieza central de las rotaciones agrícolas. Pero también quedó claro que, en una campaña atravesada por costos elevados y márgenes ajustados, la decisión de sembrar dependerá más que nunca de una ecuación económica extremadamente fina.
Rural – Clarín – Lucas Villamil