En otra proyección, la Bolsa de Comercio de Rosario, mediante la Guía Estratégica del Agro, calculó una merma de 300.000 hectáreas solo en la zona núcleo. “El problema es el cambio de la relación urea/trigo que pasó en un año de 2,6 a 4,1”, explicó el informe de GEA. Y añadió que este nutriente “hoy cotiza cerca de US$890 por tonelada, cuando hace exactamente un año valía US$540”.
A su vez, la BCBA destacó que se requiere un 55% más de trigo para adquirir una tonelada de urea y 29% una de fosfato diamónico. Aunque con menor variabilidad, agrega, los herbicidas como 2,4-D y glifosato “presentan relaciones menos favorables” y el gasoil está “en torno a un 41% por encima de los niveles registrados en la campaña previa”, indica.
En ese contexto, cabe preguntarse si aquí se puede hacer algo más que dejar el ajuste del área en manos de los productores. En 2025, el Gobierno redujo un 37,5% los Derechos de Exportación al Trigo: a principios de año eran de 12% y en diciembre, 7,5%. Pero al comienzo de la siembra, la alícuota era de 9,5% y las autoridades económicas habían dicho que era de carácter temporal, es decir que, luego de la cosecha volvían a su rango anterior. Finalmente, fueron “permanentes” y en el último mes del año pasado se confirmó la alícuota de 7,5 por ciento. Aunque el año fue excepcionalmente bueno en términos climáticos, cabe preguntarse qué hubiera pasado si la baja de 12% a 7,5% se hubiera anunciado en mayo. Quizás alguna vez el Gobierno pueda alinear los anuncios de reducción de la presión tributaria con la decisión sobre los planes de siembra que tienen que tomar los productores. El reflejo en términos de inversión y gasto sobre la campaña agrícola es de un año para otro. A diferencia de rubros como la minería o la energía no hay que esperar diez o 20 años para que un proyecto madure.
Al respecto, cabe citar el informe de la bolsa porteña: “resulta clave consolidar un entorno que incentive la producción, promueva la competitividad y favorezca la exportación”.
Desde el punto de vista del ruralismo, Marcos Pereda, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) expresó que el productor agropecuario necesita un “cambio de expectativas” a pocas semanas de la siembra de trigo. Eso, consideró, está reflejado por “las retenciones que agobian y sobre las que no hay esquema de reducción a la vista), por el incremento del costo del flete entre un 25 y un 30 %; el aumento de los costos de las labores y la suba del 50 % aproximadamente de los fertilizantes”. Según el ruralista, estos factores “colocan a los productores en una situación crítica y anticipan una reducción de área sembrada”.
Como se demostró en la campaña pasada, la expansión del trigo no solo es una cuestión de aumento de toneladas. Impulsa el crecimiento de la actividad económica en las localidades del país donde el movimiento del cereal es relevante. Hay más transporte, comercio y servicios cuando el campo pone en marcha la rueda de la producción. El agro ya ha dado muestras de sobra de lo que pasa cuando la cancha empieza a ser un poco más pareja al bajar la presión impositiva de los DEX: hay más jugadores que van hacia adelante.
Campo – La Nación – Cristian Mira