Hay que dar como un hecho que eso ocurrirá este mismo año; y el gobierno brasileño – advierte la CNA – debe exigir preventivamente un aumento inmediato de las importaciones agroalimentarias del Mercosur para compensar las trapacerías ambientales del lobby agrícola, en especial el francés.
La otra medida de obstrucción que hay que prever, dice la CNA, es en el acceso de la carne bovina de la Región, con un impacto negativo que podría superar más de 105 millones de euros por año. La CNA advierte que la reglamentación de lo pactado en Paraguay no exige la comprobación por parte de la UE del “daño grave” o el “nexo causal”, significa que quedan de lado indicadores decisivos como producción, empleo, participación en el mercado, y ganancias empresariales.
Ya se sabe que tratar con la Unión Europea exige un curso acelerado de inteligencia estratégica en todas sus especialidades, incluyendo la criminal.
La CNA advierte que la aplicación de las salvaguardias ocurre en base a “gatillos automáticos” que se disparan cuando hay aumentos superiores a 5% en las importaciones, o se produce una caída de precios de por lo menos 5% en relación a los valores domésticos de la UE; y nadie puede juzgar la práctica de esos “gatillos automáticos”, salvo la densa burocracia de Bruselas, donde las apelaciones del Mercosur mueren aplastadas por toneladas de papel absolutamente inservibles.
Además, agrega la CNA, la Comisión Europea (CE), brazo ejecutivo de la Unión, puede suspender de forma unilateral los beneficios tarifarios otorgados al Mercosur por 21 días.
Hay que recordar que atrás del lobby agrícola de Bruselas se encuentra la extraordinaria capacidad de movilización de los productores europeos que son visceralmente enemigos del Mercosur por la superior productividad de sus colegas sudamericanos; y esto hace, además, que la capacidad de acción de los agricultores del Viejo Continente cuente con el amplio respaldo de la opinión pública.
Todo esto es lo que está en juego para el Mercosur en el tratado con la Unión Europea, que negoció generosamente a lo largo de 26 años; y ahora, cuando ha llegado el momento de recoger los frutos de esas arduas tratativas, se enfrenta a la tarea más difícil que es la de imponerse al lobby proteccionista europeo, al mismo tiempo que las autoridades centrales de Bruselas carecen absolutamente de poder político, y desconocen incluso que es la voluntad de poder.
El agro brasileño marca el rumbo de la lucidez política; y es conveniente que la producción argentina realice un curso acelerado de cultura política para adelantarse a hechos que son inexorables.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín