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Domingo, 18 Enero 2026 03:38

“Enamorado de la especie”: nació en pleno Barrio Norte, pero a los 25 años se fue a Formosa y le dedicó su vida a la cría de búfalos

Las vueltas que da la vida. Así se puede describir el andar de Guillermo Martínez Balbis, más conocido como Willy, que pasó de vivir hasta los 25 años en el porteño Barrio Norte a hacerlo en el sureste formoseño, donde hizo sus primeras armas en la ganadería vacuna, para después convertirse en referente en la cría de búfalos.

Hoy Martínez Balbis tiene 75 años, por lo que su periplo por tierras formoseñas comenzó hace 50 años, cuando ya recibido de licenciado en Administración Agropecuaria de la incipiente UADE, recibió una oferta que no pudo rechazar: manejar dos estancias de 150.000 hectáreas dedicadas a la ganadería vacuna. Así, de la noche a la mañana pasó de caminar por Callao y Libertador a estar en los campos del interior de la provincia norteña.

“Ahí me subieron a un avión y me trajeron para acá, a un establecimiento con 83 gauchos y una serie de cuestiones que apenas las podría haber imaginado”, contó Willy a Clarín Rural.

“En definitiva me trajeron, me gustó el lugar, enseguida empecé a hacer relaciones por la actividad misma de los clubes que yo tenía y demás. En poco tiempo me integré socialmente a Formosa, una provincia realmente muy linda, muy abierta, mucho más tranquila”, comentó el ganadero, que, si bien volvía frecuentemente a Buenos Aires, nunca más vivió allí.

La empresa que lo había contratado era de capitales norteamericanos, pero dos años y medio después vendió las estancias y allí Guillermo se quedó sin trabajo. Pero no volvió a Buenos Aires, sino que se quedó y armó un emprendimiento de exportación de terneros a Paraguay con un socio local.

“En esa época existía la Junta Nacional de Carnes, la cual sacó una resolución de que se podían exportar hasta 250.000 cabezas no reproductoras para los países limítrofes de las provincias de Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes. Salió esta resolución y con mi socio empezamos a mandar: sacamos cerca de 20.000 cabezas en chatas fluviales, todo obviamente fiscalizado por la Junta”, repasó.

¿Y cuándo empieza la historia de Guillermo con los búfalos? A mediados de la década del ‘80, cuando un amigo de su juventud, Félix Noguera, se compra un campo en la zona de Monte Lindo y le propone comprar búfalos en Brasil para comenzar un emprendimiento.

“Félix me dijo: ‘me compré unos búfalos en Brasil y los voy a traer. Quiero que me acompañes en la patriada’. Le digo, ‘vos manejas un volumen determinado de dinero, yo te puedo acompañar, decime de qué manera’. Y ahí, para resumir, vinieron las búfalas de Brasil y yo me quedé con 50 madres en un campito que ya había comprado. Ahí arrancamos en el año 86-87 y empezamos con los búfalos en Formosa”, rememoró.

Sin dudas, lo que estaban haciendo era algo nuevo. “Para que te des una idea, cuando llevé los búfalos al campo, había una vecina que pasaba por ahí y me decía, ‘pero Guillermo, usted trajo animales que se comen al hombre’, así que no tenían ni idea de lo que eran”.

“Algunos siguieron con la cría de búfalo, como en mi caso, y otros no. Ya existía la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos, porque en Corrientes ya había productores. Entonces nos juntamos en el predio de la Sociedad Rural de Formosa, que nos dieron un espacio, hicimos un quincho y empezamos la promoción del búfalo en la provincia, paralelamente a lo que era la cuestión personal como negocio”, apuntó Martínez Balbis.

Enamorado de los búfalos

Desde que Guillermo comenzó con sus 50 madres, ya no abandonó la producción de búfalos. De hecho, se “enamoró” de la actividad, con todas sus complejidades y desafíos.

“Desde que empecé a trabajar con el búfalo es como que tuve una especie de enamoramiento, porque si hay una realidad que tiene el búfalo, tanto para los dueños como para el personal, es que la tienen que querer a la especie. Si no, es complicado. Tiene sus mañas, a pesar de que son más mansos y conviven con el hombre hace 5 o 6 mil años”, destacó Martínez Balbis.

Pero más allá de este enamoramiento propio por la actividad, Willy dejó algo en claro: “El búfalo no es un reemplazo del vacuno, sino que es una alternativa más para determinados tipos de campos donde no accede el vacuno, no come, y eso sí se lo come el búfalo y produce kilos de carne”.

“No se ponen en un campo de primera a los búfalos, porque es darle dulce de leche. Lo que tiene es que convierte en kilos de carne comida de baja calidad. Después está el manejo, que al principio costaba, porque vos en el campo, a las vacas, más o menos los gauchos tenían un trato determinado. Y el búfalo se pone grande rápido y enseguida les encara a los alambres”, repasó.

A pesar de estas dificultades que se pueden presentar en el manejo de la especia, Martínez Balbis sostuvo lo importante de realizar buenas prácticas en la cría: “Hay algo que aprendí con los americanos y es que no se grita en el campo, no se usan perros. Hay una serie de cuestionamientos que hoy en día, a veces, me causan gracia cuando hablan del bienestar animal y todo eso. Nosotros venimos haciendo esas prácticas naturalmente hace mucho tiempo, sin ideologías políticas, como no correr a los animales, pecharlos, que los perros les ladren. El búfalo tiene cierta sensibilidad a todo eso”.

En este sentido, hizo un repaso de algunas cuestiones que caracterizan al búfalo. Una de ellas es la cantidad de crías que puede tener en su vida útil: mientras una vaca puede tener 5 o 6 crías, los búfalos llegan a tener 15. Y en el caso de los terneros, “a los 6, 7, 8 meses estás teniendo una evolución geométrica con respecto al kilaje, con destetes de cerca de los 200 kilos, 220 kilos, hasta inclusive a veces hemos llegado a 240 kilos”.

“La diferencia que tiene el búfalo con el vacuno es cromosómica: tiene diez meses y un poquito más de gestación, contra los nueve meses del vacuno. No se cruzan, pero conviven perfectamente. No hay ningún tipo de rivalidad, salvo la comida, porque le sacas el dulce de leche a la vaca y se lo come el búfalo, pero los ves colgados en el frigorífico y las medias reses son exactamente iguales”, marcó.

El mercado del búfalo en Argentina

Martínez Balbis cría búfalos en su campo “La Yolanda” de 800 hectáreas ubicado en el Kilómetro 100 NRB (Navegación Río Bermejo) en el sureste formoseño, cercano a las localidades de Villa Escolar y Mansilla. Allí posee unas 260 madres de la raza Murrah, una de las tres establecidas en el país. Llegó a tener unas 600 madres, pero las sucesivas sequías obligaron a achicar el rodeo.

“Es un campo característico de la zona, con un buen riacho con provisión de agua” y aclara: “Se dice que el búfalo necesita bañarse y no es así. Necesita agua, pero no es un hipopótamo, sino que tiene la necesidad de agua de cualquier animal”.

Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, a marzo de 2025, se contabilizaba un rodeo de poco más de 200.000 cabezas a nivel nacional, con Corrientes liderando el ranking con una participación del 46% en el stock, seguido por Formosa con el 21,6% y cerrando el podio Chaco con el 15%.

Estos datos hablan de un fuerte crecimiento de la actividad, ya que, según el recuento de la cartera nacional, en 2019 las existencias se ubicaban en torno a las 118.000 cabezas.

Por otro lado, la faena de búfalos, según los últimos datos oficiales disponibles, alcanzaron en 2024 las 18.296 cabezas a nivel nacional, con una producción de carne de 4.000 toneladas registradas.

Gremialismo

Para Martínez Balbis, es tan importante producir como participar en las diferentes entidades gremiales del campo.

A lo largo de su vida, ocupó varios puestos a nivel local, como regional y nacional. Además de ser director de la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos, Guillermo fue vicepresidente de la Sociedad Rural de Formosa en 2012, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Chaco y Formosa (Chafor) entre 2023 y 2025 e integrante de la Mesa Directiva de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en la actualidad.

Rural – Clarín – Juan Manuel Colombo