Tiempo de expansión
Tres años más tarde, junto a su compañera fueron por un segundo tambo en un campo del suegro. Paso a paso se fueron consolidando en la producción de leche, y para el año 2015 ya contaban con siete tambos y 1.100 cabezas en ordeñe.
Pero el crecimiento no es un camino recto. Otra vez la inundación en el destino del hombre. Hubo que achicarse para sobrevivir: quedó con cinco tambos y 660 cabezas. Otra vez a juntar coraje e invertir fuerte. “Nuestra política siempre fue intentar generar fuentes de trabajo, de esa manera crecimos. Arrancar con un tambo fue una decisión estratégica, porque la lechería tiene un gran potencial de crecimiento y de generación de valor a partir de insumos accesibles. El tambo tiene una gran virtud y es que nos puede incluir a todos: en nuestro equipo tenemos gente sin la primaria terminada y también tenemos una infinidad de profesionales especializados”, afirma en diálogo con Clarín Rural desde un presente que lo encuentra seguro, pisando firme y con clara vocación expansiva.
En la actualidad, en los cinco tambos de Dell Erba se ordeñan 989 vacas. Las instalaciones se modernizaron, claro, usan flushing para limpiar automáticamente los corrales y pasillos, y todos los efluentes son reutilizados. Pero la producción de leche es apenas un eslabón de una gran cadena de agregado de valor.
Antes del ordeñe está la agricultura. Trabajan 1.300 hectáreas (250 son propias) en las que producen maíz, soja y todo el forraje que necesitan para su rodeo, que ya no es solo lechero. Para alimentar a las vacas Dell Erba optó por un sistema simple y económico, que sea capaz de adaptarse a continuas crisis. Entonces la base de todo es el pasto, y se lo acompaña con el autoconsumo de silo y el ajuste nutricional con raciones para cada categoría y cada momento del año. Esto responde tanto a la lógica productiva como a la sostenibilidad financiera de la empresa.
A su vez, se preocupó por buscar animales bien adaptados a su necesidad. “Necesitamos un rodeo que sea elástico”, describe. En esa búsqueda, en 2019 viajó a Irlanda y Dinamarca y volvió con semen de Holando irlandés para inseminar a todo su rodeo, con lo que logró achicar el frame. A su vez, intuyó que en los machos de esos Holando había un potencial cárnico desaprovechado y decidió comprobarlo. “La gente se olvida que a la Argentina la hizo famosa el Holando”, dice.
De leche y de carne
Lo que hizo Dell Erba fue empezar a buscarle la vuelta al engorde de esos machos en sus propios corrales. A todos los animales, leche pasteurizada de entrada y alimentos balanceados y rollos de alta calidad, haciendo mucho énfasis en la sanidad hasta que alcanzan los 160 kilos, y más tarde van a corrales de engorde, donde en quince meses alcanzan los 550 kilos. “La sanidad y la alimentación son clave. El macho Holando tiene un potencial cárnico muy bueno, marmoléa bien y en tiempo récord”, asegura.
Una parte importantísima del plan de Dell Erba es aprovechar esa calidad de carne encargandose él mismo de la comercialización, para lo cual la empresa abrió en 2023 su propia carnicería, Pampa Gringa, en la ciudad de Rafaela.
Y a la carne de macho Holando, ahora le agregan otra categoría que es la de terneros cruza entre Holando y una raza carnicera. En sintonía con la tendencia “Beef on dairy” que arrasa en Estados Unidos, Dell Erba insemina a una parte de su rodeo lechero con genética Angus, Braford y Hereford, y esos terneros van a parar también a la carnicería propia. “Tardan trece meses y llegan a 460 kilos, con un marmoléo distinto, con más grasa. Tenemos productos diferenciados para distintos gustos, hay gente que no quiere comer con tanta grasa”, explica el empresario, y detalla que ellos trabajan con un nivel de engrasamiento C1.
La faena la hacen en un frigorífico de terceros, pero todo lo que envían vuelve para ser vendido en el canal propio. Además, fieles a su espíritu inquieto, empezaron a elaborar chacinados (con la receta del abuelo Mario), cortes rellenos y comidas prácticas. También venden directo a hoteles y restaurantes, y para el año que viene está proyectada la apertura de un segundo local.
Y para no aburrirse ni un minuto y tener bien abastecida la carnicería con diversos productos propios, ya arrancaron con una granja de chivos y corderos, producen huevos de campo y están probando la producción de pollos con 500 gallinas.
De esta manera la empresa produce unos 15.000 kilos de carne por mes y van por más. Pero el 80 por ciento de la facturación de la empresa todavía lo explica la leche, 26.000 litros por mes que se entregan a una usina local.
El objetivo: generar empleo
En el futuro del tambo es inevitable vislumbrar la robotización, pero el empresario santafesino se muestra cauto al respecto, sabe que tarde o temprano llegará, no le tiene miedo, pero tampoco tiene apuro porque entiende que eso demandará reorganizar la generación de trabajo, que es el fin último de la empresa.
En los tambos trabajan unas diez familias, otras dos en las guacheras, seis personas más en el área de servicios, otros en la administración, en la cocina, en la limpieza, en la carnicería… Donde hay una oportunidad de generar empleo, allí van. Para ilustrar ese espíritu alcanza con un dato: el área de limpieza ya se organizó y salió a prestar servicios de limpieza para terceros.
Otra característica destacada de la empresa es que realiza con equipos y personal propio todas las obras de infraestructura (construcción y refacción de tambos, instalaciones, galpones, viviendas, etc.) y el mantenimiento de todo su parque de herramientas en taller propio (reparaciones, mantenimiento, adecuaciones, etc.). La infraestructura interna de la empresa incluye una amplia gama de maquinaria para gestionar cada etapa de producción sin recurrir a contratistas externos. Estos equipos abarcan siembra, cosecha, segado, picado de forrajes y movimiento de suelos. Con esta infraestructura buscan reducir costos y demoras asociadas a servicios tercerizados, y mantener un mayor control sobre cada aspecto del proceso productivo.
“La idea es que el sistema potencie los valores y las habilidades de cada uno”, dice Dell Erba, y agrega: “Una empresa tiene que generar oportunidades, si no, no enamora a nadie, no se sostiene en el tiempo”. El productor santafesino se llena de orgullo y emoción cuando recuerda que en estas décadas vio a unos cuantos llegar con un bolsito y dos mudas y terminar construyendose la casa. “Tengo un equipo muy sólido atrás. Hacer las cosas bien nos hace sentir bien a todos, nos planteamos desafíos grandes para progresar todos, y después nadie te quita la satisfacción y el orgullo. Es muy importante sentirse orgullosos”, concluye.
Rural – Clarín – Lucas Villamil