De los ciclos completos a la especialización
Pérez recuerda que en sus inicios en el Chaco se trabajaba el ciclo completo, desde la cría hasta el novillo. Con el paso de los años, la actividad se fue especializando: algunos productores se concentraron en la cría, otros en la recría o el engorde a corral. En ese contexto, Pérez defiende el valor de los pastos naturales disponibles en la provincia. “Hice dos pasturas en mi vida y aprendí que, en el Chaco, tirar semilla muchas veces es tirar plata. Tenemos una buena oferta natural, tanto en invierno como en verano”, explica.
Esa visión se complementa hoy con nuevos métodos de manejo. Su hijo, ingeniero agrónomo, aplica sistemas de pastoreo rotativo intensivo que aprovechan mejor el recurso forrajero. “Aprendimos que si controlás los pajonales nacen los buenos pastos. Los pajonales tapan todo”, sostiene Pérez, pero luego reconoce que otro de los pilares nutricionales de la región es la suplementación con semilla de algodón, un subproducto abundante localmente. “Tiene buen valor nutricional, es fácil de usar y el animal autorregula su consumo. En 100 días se logran ganancias de 30 o 35 kilos, lo que en campo natural sería impensado”, destaca, y comenta que con esos avances lograron aumentar la carga animal, de una vaca cada 3 hectáreas a una cada dos, aproximadamente.
El recambio generacional avanza forzosamente en Chaco. Mariela Martínez Zampa, abogada y productora de cuarta generación en el departamento General San Martín, representa a esa camada que combina tradición con mirada empresarial. “De chica, los caballos nadaban en las cañadas; hoy en esos lugares tenemos molinos y tanques australianos. El agua se retiró, pero por suerte crecen buenas gramíneas naturales”, cuenta.
Para ella, el momento actual es de replanteo. “Estamos en un cambio generacional y uno se da cuenta de que es mejor enfocarse en una sola actividad. En mi caso, estoy transformando la unidad productiva con esa idea.” Así, el Chaco se reconfigura, y las nuevas generaciones lo hacen con una visión más estratégica: diversificación de forrajes, manejo del agua, genética adaptada y búsqueda de eficiencia.
El monte chaqueño: un recurso vital
El ingeniero agrónomo y productor ganadero en la localidad de La Leonesa Oscar Cardozo aporta una mirada técnica sobre un tema sensible: el monte. “Nuestra ganadería es extensiva y se desarrolla en terrenos no aptos para la agricultura. El monte es fundamental: en verano da sombra y en invierno forma parte del recurso forrajero. El animal está adaptado a consumir hojas, chauchas y leguminosas naturales como el algarrobo o la espina corona”, explica.
En ese sentido, Cardozo advierte que el ordenamiento territorial del bosque nativo sigue siendo una cuenta pendiente para la región. “Tocar el monte genera conflicto. Si quitás los árboles, aparecen las sales y se degrada el suelo. El árbol es un aliado, mejora la infiltración de la humedad. Pero hay especies leñosas que de alguna manera hay que manejar para que el pasto esté disponible y la hacienda pueda circular”, explica.
Martínez Zampa coincide: “Nos acusan de desmontar, pero para nosotros el monte es esencial. Sin sombra ni forraje natural no podríamos mantener los rodeos. El problema es la incertidumbre legal sobre qué se puede hacer y qué no”, dice.
Tecnología, genética y manejo
A pesar de las dificultades climáticas, la ganadería chaqueña adoptó en los últimos años importantes avances técnicos. El servicio estacionado y la inseminación a tiempo fijo son prácticas extendidas, aunque la sequía de las últimas campañas complicó su implementación. También se aplican destetes estratégicos, mejoras en la oferta de agua y subdivisiones de potreros, todo orientado a aumentar la eficiencia.
En materia genética, las razas adaptadas -Braford y Brangus, principalmente- dominan los rodeos, herederas del pionero Brahman, que marcó el camino hacia animales más resistentes al calor y los parásitos. “Hoy hay una sobreoferta de toros en el Chaco, algo impensado en los años 90”, asegura Pérez.
Esa mejora genética se traduce en rodeos más uniformes y productivos. Según datos de SENASA, el stock provincial alcanza las 2.106.000 cabezas, unas 200.000 menos que el año anterior, reflejo del impacto de la sequía. El 83% de los productores tiene menos de 250 animales, lo que demuestra el peso de los pequeños y medianos establecimientos.
La subsecretaria de Ganadería de la provincia, Mariela Kasko, señala que “hubo mucho desprendimiento de cabezas que tuvo que ver con salvar la fábrica y dejar lo mejor frente a la sequía”. “El productor aprendió a sacar las vacas improductivas, pero también se vendió mucha ternera y eso es preocupante”, advierte.
Los índices actuales muestran un 75% de preñez promedio y un 53% de destete, aunque en algunas zonas más favorables se llega al 75%. “Chaco es muy diverso -explica Kasko-. Hacia el norte es más rústico, mientras que en el sur hay mejores animales por la cercanía con el grano”.
En cuanto a infraestructura, la provincia cuenta con 16 frigoríficos, dos de ellos con tránsito federal, aunque ninguno habilitado para exportar. Pero hoy entre el 40 y el 60% de los terneros chaqueños salen de la provincia para su recría o terminación. “Tenemos que recuperar el ciclo completo, como había hasta 2008 cuando se cerraron las exportaciones. Hay que trabajar fuerte para volver a eso”, plantea Kasko.
Uno de los principales desafíos es el manejo racional del agua en un territorio de extremos, con períodos de sequía prolongada y lluvias concentradas. “Hay que trabajar fuerte en la captación, el almacenamiento y el aprovechamiento del agua. Sin eso, no hay sostenibilidad posible”, remarca la funcionaria.
A la vez, el gobierno provincial avanza en un proceso de ordenamiento para recuperar el financiamiento y promover inversiones en infraestructura y genética. “Estamos entendiendo el manejo racional de pasturas, para eso es necesario apotreramiento, sembrar pasturas y capacitar a los productores”, agrega.
Para cerrar, Pérez aporta una frase que resume el espíritu chaqueño: “La ganadería en el Chaco siempre fue una lucha contra el clima, pero también una escuela de adaptación. Tenemos pasto, monte y gente con ganas de seguir produciendo. Con eso, el futuro está asegurado”.
Rural – Clarín – Lucas Villamil