Hasta el gobierno norteamericano, acicateado por los sojeros de la American Soybean Association, lanzó una velada amenaza, cuando dijo que el aporte de 20.000 millones de dólares (otro éxito sorpresivo de Milei en la misma semana) no era para que la Argentina pudiera bajar impuestos a los exportadores de commodities, y fueran más competitivos. Interesante…
Lo primero es ver cómo funciona esto. Los que ingresan las divisas son los exportadores. Y para que éstos las traigan, tienen que comprometer ventas. De lo que tienen o de lo que tendrán, porque esto es un flujo continuo. Los exportadores no están integrados verticalmente. No producen. Son organizaciones que compran, procesan y embarcan los productos “crudos” o sus derivados. Mueven unos 25 mil millones de dólares por año, según se desprende de las cifras que mensualmente difunde CIARA-CEC sobre liquidación de divisas. Es lo que tienen que volcar al mercado para hacerse de la mercadería que luego van a exportar.
Con estos recursos saldrán a comprar la mercadería que se comprometieron a embarcar a plazo fijo. Una parte estaba en su poder, pendiente de embarque, y sobre ella tendrán que pagar lo fijado en las DJVE anteriores. Las que se anotaron ahora, que irán sin retenciones, son para lo que compraron y compren a partir de ahora. Por supuesto, tienen mayor capacidad de pago. Tienen también una serie de riesgos vinculados con la aleatoria situación macroeconómica del país.
El mercado reaccionó con precios en alza, en particular para la soja, cuyos derechos de exportación estaban en el 26% y bajaron a cero. Los productores se quejan de que no se trasladó el cien por ciento de la mejora del tipo de cambio. Es cierto, pero se operaron varios millones de toneladas de inmediato en valores que pusieron a la soja argentina por encima de los precios de Paraguay y Uruguay, ante la ventanita abierta de la retención cero. El titular de ARCA, Juan Pazo, sugirió que son los productores los que definirán el precio, según su disposición a vender. Otros opinan que es inevitable, que a medida que se concreten las compras relacionadas con estas DJVE, los precios tenderán al que corresponde a retenciones del 26%.
Y lo que queda, como telón de fondo, es la necesidad de terminar con estas alquimias y eliminar para siempre las retenciones. Además del efecto deletéreo para el sector, con una brutal exacción de recursos, pone tremenda tensión en toda la cadena. Lo concreto es que por primera vez en un cuarto de siglo, vivimos un par de días sin retenciones y con tipo de cambio libre. Y quedamos todos añorando que esto sea la normalidad.
Rural – Clarín – Héctor Huergo