Sábado, 08 Febrero 2020 04:00

Con riego por goteo desarrollaron viñedos y olivares de alta calidad

Hace una década, las 360 hectáreas eran desierto. En 2015 comenzaron a producir vino y aceite de oliva y hoy Altos de Tinogasta -en la región del mismo nombre en Catamarca- fabrica 300.000 litros de vino (15% se exportan a China y Europa) y 200.000 litros de aceite que venden al mercado interno y a España.

La tecnología de riego por goteo fue crucial para transformar el lugar y la incorporación de paneles fotovoltaicos permitió una fuerte reducción de los costos de energía. En total, la inversión del fideicomiso propietario de la finca Altos de Tinogasta fue de US$10 millones.

Juan Ruedín explica a LA NACION que las tierras al pie de la cordillera de los Andes eran una "zona desértica abandonada que pudo transformarse con tecnología israelí de riego por goteo y buenas prácticas". Cuentan con tres pozos de 130 metros de profundidad y una capacidad de 300 metros cúbicos para regar -sin pérdida de agua- tantos los viñedos como los olivares.

El empresario se apasiona al contar que antiguamente el hombre regaba por manto, obtenía el agua de los ríos y/o de la lluvia. Con la llamada ferti-irrigación de precisión o riego por goteo, se entrega el agua y el nutriente directamente "a la zona radicular que precisa cada planta en la cantidad y en el momento adecuado. Es decir, obtenemos mejores rindes, independiente de las condiciones climáticas, con costos muchos menores".

Insiste en que el sistema garantiza un caudal definido de agua y fertilizantes mediante cañerías de polietileno con goteros- autocompensados y autolimpiantes, por más de diez años. "Esta tecnología israelí, de aplicación en toda la Argentina la ofrecen las filiales locales de Netafim y Dorot", añade.

La bodega y los olivares están en el extremo sur de los Valles Calchaquíes, a la vera de la ruta 60 a la altura del kilómetro 1332, en zona de arbustos bajos y chañares. Cuentan con 400 hectáreas productivas. La elección de las vides y los olivares es porque -además de satisfacer las condiciones de agua, de suelo y de climas que ofrece la región- son productos que conforman la pirámide nutricional de alimentos "más saludables, con aportes de polifenoles y antioxidantes".

El subsuelo volcánico que permite un excelente drenaje y evita problemas fitosanitarios y el suelo calcáreo es ideal para que las plantas puedan tener mejor disponibilidad de agua. Hay también una gran amplitud térmica que permite a la planta trabajar más horas, lo que da mayores rindes cuanti-cualitativos con muy baja probabilidad de plagas y enfermedades.

En Altos de Tinogasta, el agua es obtenida de las napas subterráneas a 130 metros de profundidad mediante bombas elevadoras Grunfos y luego una bomba de impulsión o booster presuriza en siete kilos por centímetro cuadrado la red de goteros . Es decir, los goteros independientemente de su posición en la red, entregan siempre el mismo caudal y/o nutriente.

Ruedín apunta que para esta tecnología es necesario invertir unos US$10.000 por hectárea; depende de las condiciones climáticas. Como el mayor costo (42%) de este sistema es la energía eléctrica, Altos de Tinogasta decidió invertir en energía renovable, en paneles fotovoltaicos procedentes de China para disminuir la huella de carbono y "transformarnos en una empresa verde y sustentable".

La potencia instalada es de 1 Megawatt, que conforma el 70 por ciento de las necesidades, el restante para el riego nocturno es obtenido de la red. En un futuro cercano, ya se ha realizado el movimiento de suelo, ya que proyectan ampliar 30 por ciento la potencia del parque. "Los sueños de convertir una zona desértica, mediante tecnología y gestión aportada por profesionales como Francisco Copello en los olivares y Manuel Humeres en la vid, hoy son una realidad", menciona el empresario.

El terroir de altura de Tinogasta (conjunto de suelo, clima y labores) permite una huella sensorial "única y diferente" que se complementa con los conocimientos del enólogo Santiago Palero. Los varietales son Malbec, Cabernet Sauvignon, Tempranillo , Syrah en tintos y Chardonnay y torrontés en blancos.

Del total de hectáreas a 1400 metros de altura, 250 son de olivos y el resto, uvas. Comerciantes chinos que buscaban en la Argentina vinos para importar fue la oportunidad para que la marca ingresará a ese mercado que hoy representa el 70% de sus exportaciones. "Les gustó el ambiente, la modalidad de producción, el paisaje. No dudaron de la calidad de los productos que podían hacerse", menciona el empresario.

El 85% de las ventas afuera son malbec. En Europa, el Reino Unido es el principal destino. Llegaron a través de una cadena de restaurantes argentinos asociados al polo. Todas las operaciones son con vinos fraccionados con la marca Altos de Tinogasta.

Aceite

Los frutos premium de los olivares - seis varietales de aceitunas, Arauco, Arbequina , Arbosana, Barnea, Coratina y Koroneiki- son procesados en las instalaciones con tecnología Gea Westfalia y obtienen unos 200.000 litros de aceite de oliva virgen extra con acidez menor al 0,3%, calidad COI- Comité Olivícola Internacional, con un rinde superior al 18% .

El INTA Catamarca, con sus catadores, realizan los blends para cada mercado (argentino-brasilero y español) dándole "mayor picor, más afrutado o más amargor". Las exportaciones a granel se realizan en conetenedores (flexi-tanks) con capacidad para 20.000 litros y los precinta una compañía internacional, la Societe Generale de Surveillance, para evitar la adulteración.

En los últimos tiempos, a nivel mundial, la demanda crece a una tasa del 5% anual, mientras que el incremento de las superficies plantadas lo hace al 3% anual, "lo que produce una demanda insatisfecha que ha impulsado el precio internacional de US$2.500 por tonelada a US$4.000 aproximadamente", aporta Ruedín.

Para atraer inversores

Una particularidad de Altos de Tinogasta es que tiene, además del costado agroindustrial, uno vinculado con el real state: permite a inversores adquirir una parcela de vid o de olivos, ya implantada, que se escritura a su nombre, con su respectiva bodega y planta elaboradora de aceite. La rentabilidad anual fruto de la comercialización de los productos, se distribuye en forma proporcional entre todos los propietarios que aportan su cosecha, sin importar el rinde particular de cada parcela, sino la producción total de la finca.

La estructura de capital de la empresa es un fideicomiso de real estate productivo, donde pequeños aportes de capital ("equivalentes a una cochera", grafica Ruedín) conforman el proyecto. Los accionistas, que son unos 200, escrituran los lotes del olivar o de los viñedos y la parte proporcional de la fábrica y/o la bodega y reciben en contraprestación el rinde anual del producto marcario fabricado o de su comercialización.

Por ejemplo, con la madurez actual de las plantas, hoy el rinde obtenido en los olivares es de 6.000 kilos por hectárea, llegando a su madurez a 12.000 mientras que la producción de los espalderos de vid hoy están en 7.000 kilos/hectárea y pasarán a 9.000 o 10.000 en unos años.

"El rinde de una inversión en un lote superintensivo del olivar con la producción actual es de un 6% en dólares, alcanzando un 10 % en la madurez", describe Ruedín y agrega que el fideicomiso como todo el sector vitivinícola "está flotando en un océano de vino y mientras no se calme el oleaje por los sobre-stock la híper competencia y los bajos precios, no podremos lograr una alta rentabilidad en el mercado doméstico. Nuestro objetivo es ampliar nuestra base de exportación, pasando de 15% a un porcentaje mayor".

"Nuestra salud financiera hoy es buena, pues contamos con activos sólidos, con mínimo endeudamiento, con apreciación del Capital al cabo de 10 años de desarrollo", define.

Campo – La Nación - Gabriela Origlia