Lunes, 22 Febrero 2021 02:28

El girasol empieza a recuperar hectáreas perdidas en el sur de Córdoba

“En esta zona el girasol fue un cultivo predominante de gruesa por excelencia en los 80 y hasta en los 90, años en los que también se hacía algo de maíz con mucho destino forrajero y algo de sorgo, pero la estrella era el girasol. En el 96, cuando ingresa la soja RR empieza a tomar posición y gana un área importante para el 2000, si bien aún había muchas hectáreas de girasol”, contó el ingeniero Guillermo Rivetti, de la Regional Del Campillo de Aapresid. Es productor y asesor en el oeste bonaerense, el sur de La Pampa y en el sur de Córdoba. “Pero no fue hasta el 2007 que el cultivo de girasol desapareció prácticamente de buena parte del sur de Córdoba, aunque en el norte de La Pampa se mantuvo más presente su práctica”, recordó.

Y en esto tuvo mucho que ver la aparición de la paloma, ocasionando pérdidas de grano reportadas de hasta el 60%, ya sea por consumo directo o porque el ave se posaba sobre el capítulo para comer y los desgranaba, estando el cultivo maduro.

Y a ello se agregó que el girasol careció de un desarrollo tecnológico asociado en el tema herbicidas y genética como otros cultivos, quedándose rezagado en productividad. Más allá que la mayoría de los girasoles son Cleardfield, están lejos de tener los siete genes apilados de algunos maíces. En tales condiciones resultó sencillo producir soja, e incluso fue sencillo con ella ganar terrenos que no eran tan agrícolas hasta ese momento, porque la cuestión de combatir malezas era simple y eficaz.

Otro detalle contrario al girasol, fue la necesidad de adquirir todos los años semilla híbrida, cosa que no es necesaria en soja, más allá que ello no sea una buena práctica.

Otro factor que ayudó en este proceso, fue que la ganadería extensiva fue bastante confinada -pasó de un sistema más pastoril a un sistema de corral- ya que el girasol fue un excelente antecesor de los verdeos de invierno, o de pasturas. Recordemos que esta zona fue muy mixta. Y todo ello hizo que el cultivo desapareciera.

“Y estuvo unos siete años prácticamente ausente del sur de Córdoba, y desde las últimas campañas comenzó a retomar campo. Y en campos donde asesoro, comenzamos su reactivación debido a diversos factores tales como que la paloma ya no está, al menos ahora. Y así como no se sabe porque la paloma nos invadió en el pasado, tampoco sabemos porque ahora no esta presente. No hablo de paloma que conocí en mi niñez que es la grande, sino que hablo de un ave más pequeña denominada torcaza europea. Tampoco se sabe hasta cuando estará ausente, pero bajo esta circunstancia comenzamos en algunos lotes y en algún caso reemplazamos al 50% de soja y en otros el 10%”, precisó el ingeniero.

“Y esta inclusión tiene que ver con el manejo integral de la producción de los cultivos, el cual incluye detectar la variabilidad ambiental que se tiene en cada lote, y ubicar los cultivos en la rotación que mejor se adapte a cada ambiente”, explicó.

“Entonces, según el caso hacemos soja, trigo, mucho maíz y mucho cultivo de cobertura, en base más que nada a avena y centeno. Estos van antes de un maíz tardío y también antes de la cosecha del maíz en forma aérea”.

“De esta manera logramos mantener al suelo con raíces vivas, la mayor cantidad posible de tiempo, de acuerdo a lo que permite la disponibilidad de agua, con los beneficios conocidos y sin olvidar que estamos en una zona subhúmeda a semiárida”, recordó.

Por otro lado, si bien en este esquema la soja que anda bien, hace unos 4 a 5 años comenzó a perder las zonas agroecológicas que había conquistado, debido a la aparición de las malezas resistentes a herbicidas. Fundamentalmente en esta zona por el yuyo colorado.

Entonces en lomas arenosas sin acceso a la napa, o en zonas de poco desarrollo radicular a causa de alguna limitante, la soja es muy poco competitiva debido a que requiere una inversión considerable en dinero y energía extra para combatir malezas. Y muchas veces no se logra el éxito necesario.

"En esas situaciones nos propusimos volver al girasol con el cual, luego de los 45 a 50 días de la siembra es naturalmente muy competitivo, al someter a muchas malezas con su sombra, entre ellas precisamente el yuyo colorado. Por otra parte, el girasol en la actualidad tiene un excelente precio", destacó el asesor.

A ello se le suma que libera el lote unos 30 a 45 días antes que la soja siendo entonces una gran ayuda para los planteos integrados en los que incluimos ganadería temporaria con pasturas. Es decir, se libera un lote a fines de febrero y se puede intercalar una pastura para quienes hacen ganadería, o bien intercalar un cultivo de servicio, produciendo cantidades de biomasa interesantes en menos tiempo, y rolando o pulverizando el lote más temprano, a fin de juntar el agua para el cultivo que sigue.

“Otro beneficio del girasol, es que permite rotar su sistema radicular pivotante con las raíces en cabellera de los otros cultivos, en favor de la física biológica del suelo. Y otro detalle a favor es que mantenemos polinizadores. Es decir, se generan una serie cuantiosa de beneficios de la incorporación del girasol si uno empieza a hilar fino”, detalló el asesor.

“Para finalizar podemos decir que el girasol no desplazará a soja, sino que va a explorar nichos de superficie, y con el maíz no compite por su dinámica distinta. El 90% del maíz que hacemos es tardío, y si el girasol se siembra desde el 15 de octubre al 15 de noviembre y la soja se siembra en la misma época. En tanto que los maíces se siembran fines de noviembre principios de diciembre. Por otro lado, el maíz es rentable y técnicamente tiene muchas bondades, con rindes compatibles con la tecnología invertida y por los rastrojos que deja. Y en parte se lo transforma en ganadería, sin llegar a bioenergía que hay muy poco en la región, salvo en Río cuarto”, concluyó Rivetti.

Clarín – Juan B. Raggio