Viernes, 12 Febrero 2021 02:27

Las claves para poner a punto el cabezal maicero en la previa de la cosecha

Los cultivos se presentan un tanto cambiantes según las zonas debido a las diferentes condiciones de humedad, a las fechas de siembra y a la tecnología aplicada en cada caso. Y de la mano de esa variabilidad aparecen las diferentes condiciones de cultivo a cosecha, lo cual impone la necesidad de aplicar una acertada configuración y puesta a punto del equipo a fin de minimizar las pérdidas de grano como también del daño ocasionado al mismo. "Precisamente, en el cabezal maicero se encuentran las chapas cubre-rolos, que deben regularse a fin de que permitan el paso de las plantas hacia abajo para ser traccionadas por los rolos de tracción. Pero esas chapas no deben dejar pasar las espigas hacia abajo, las cuales deben desprenderse sobre las chapas y desde allí ingresar a la máquina", explica el ingeniero agrónomo Hernán Ferrari, experto del INTA de Concepción del Uruguay, quien analiza para Clarín Rural cómo debe realizarse el ajuste fino del cabezal para lograr la mayor eficiencia posible.

Si estas chapas cubre-rolos están muy separadas, las espigas ingresan a la zona comprendida entre los rolos de tracción que las desgranan, y es allí es donde se produce gran parte de las pérdidas en la cosecha del maíz.

Por lo contrario, si estas chapas cubre-rolos están muy cerradas, si bien no dejan pasar las espigas, empiezan a cortar plantas que ingresan al interior de la cosechadora, al sistema de trilla y al sistema de separación, que entonces se satura y atora. Entonces las pérdidas aparecen en la cola de la cosechadora.

Es por eso que esas chapas deben estar muy bien reguladas para evitar pérdidas tanto por cabezal como por cola. Para lograr una regulación práctica, se recomienda tomar 3 o 4 espigas de tamaño promedio de las que hay en el lote, y verificar que estas no pasen por la luz que hay entre las chapas cubre rolos, sino se debe regularlas.

Y será bueno también tomar una planta de las de mayor diámetro de caña, y verificar que ella pueda pasar libremente entre las chapas. “Si logro en la regulación que la planta de mayor diámetro pase libremente pero no pasen las espigas promedio, estoy logrando una excelente regulación de las chapas cubre rolos”, precisa el ingeniero.

También es muy importante regular la zona de espigado, es decir el lugar donde se va a arrancar la espiga sobre las chapas cubre-rolos.

Ferrari señala que en estudios realizados durante 4 años en el grupo de Mecanización Agrícola en el INTA de Concepción del Uruguay, encontraron que si el desprendimiento de la espiga se produce en el primer cuarto de las chapas cubre-rolos yendo desde adelante (frente de la máquina) hacia atrás, el 30% de las espigas caen fuera del cabezal siendo importante la pérdida que se va a generar.

Si el espigado se produce en el segundo cuarto de adelante hacia atrás, se produce un 12% de pérdidas de espigas que se caen fuera del cabezal. Si el espigado se produce en el tercer cuarto de la longitud de las chapas cubre rolos, solo el 0,6 % de las espigas caen fuera del cabezal. Y si el espigado se produce en la cuarta parte de las chapas cubre-rolos –la parte de las chapas más cercana a la cabina-, comienzan a chocar las plantas contra la base de las chapas cubre rolos, y empiezan a cortar plantas que entran a la máquina, por lo cual se duplican y hasta se triplican las pérdidas por cola debido a la saturación del sistema de trilla.

Entonces un correcto espigado se tiene cuando las espigas se desprenden en la tercera parte de la longitud de las chapas cubre-rolos.

Otro factor que permite lograr este correcto espigado, es la velocidad (régimen) de los rolos de tracción, y si estos están muy lentos el espigado se produce muy atrás, en función de la velocidad de avance de la cosechadora.

Por el contrario, si los rolos giran muy rápido el espigado se produce muy adelante haciendo que las espigas caigan fuera del cabezal.

Por otra parte, puede decirse que el operador siempre tratará de maximizar la velocidad de avance de acuerdo a la capacidad de trilla de la cosechadora y la densidad del cultivo, y habrá que regular el régimen de los rolos en función de esa velocidad.

De manera tal que será necesario elegir la velocidad de los rolos entre las 3 a 5 opciones que suelen ofrecer los cabezales. Dicha opción será la que, combinada con la velocidad de avance de la máquina permita que el espigado se produzca en la tercera parte de la longitud de las chapas cubre-rolos.

Otra regulación a la que se puede recurrir para lograr la correcta posición del espigado es la altura del cabezal. Si se coloca el cabezal más abajo, es decir más distante de la espiga en la planta, se precisará más tiempo para el espigado suceda que se producirá, por ende, más hacia atrás. Y si se lo coloca más arriba se produce el espigado antes y por ende más hacia adelante.

Entonces con la altura del cabezal también se logra que el espigado se ubique en la tercera parte de la longitud de las chapas, más cercana a la cabina. Ocurre que, con los híbridos de dos y tres espigas por planta regular el punto de espigado en función de la altura del cabezal se torna complicado.

Una forma de regulación muy eficiente que hoy ofrecen los cabezales y los acarreadores de las cosechadoras, es la regulación del ángulo formado entre la base del cabezal y el nivel del suelo.

Ese ángulo es variable entre 6° y 14° y cuanto más se acerque a 14° se tiende a que los rolos traccionen las plantas hacia abajo y hacia atrás y por ende el espigado se produce más hacia atrás. Y si se posiciona el cabezal más hacia los 6°, los rolos traccionan hacia abajo solamente, y por lo tanto e espigado se produce en la parte delantera de las chapas.

"Así entonces se puede ir regulando paso a paso el ángulo del cabezal hasta que se logre que el espigado tenga lugar en la tercera parte de la longitud de las chapas cubre-rolo y mínimas pérdidas, concluye el Ing. Ferrari para finalizar.

Clarín – Juan B. Raggio