Lunes, 08 Febrero 2021 02:25

La historia de uno de los pioneros del “picado fino” del maíz en Sudamérica y su apuesta a la tecnología

Hace cuatro décadas atrás, Manuel Larsen se dedicaba a realizar movimientos de suelos –aún lo hace-, pero su espíritu aventurero lo convirtió en pionero. Christian Lars es el mayor de sus tres hijos. Tiene 41 años y es ingeniero agrónomo. Es él quien se dispone con orgullo a contar la historia de Constr-Serv, la empresa familiar de servicios forrajeros que por estos días festeja su 40 aniversario desde Tandil, provincia de Buenos Aires.

"En 1980, mi padre estaba trabajando para Bellamar Estancias haciendo unos corrales para un feedlot, una actividad que acá prácticamente no se conocía. El ingeniero agrónomo y periodista de Clarín Rural, Héctor Huergo, era por entonces asesor del establecimiento y acercó la idea del silaje de maíz picado fino, una práctica que comenzaba a verse en Estados Unidos. Hacia allá viajaron Huergo, el dueño de la firma Bellamar y Carlos Mainero, que a su vuelta fabricó una picadora de arrastre y le pidió a mi padre que la trabajara. Por mucho tiempo, y sin ningún conocimiento previo en la materia, mi padre fue el conejillo de indias para las picadoras que Mainero comenzó a producir en la Argentina. Eso lo volvió especialista, y pionero en este tipo de silajes en Sudamérica“, relata Christian.

Hoy tienen cinco máquinas: dos Jaguar 900 y tres 980. Una de las 980 es negra (salió de ese color desde fábrica por ser la unidad número 40.000) y la última, adquirida hace poco tiempo atrás, es celeste y blanca. "La ploteamos con los colores de Argentina en honor a los 40 años desde que mi viejo empezó a hacer silos. Y como justo falleció Maradona, le pusimos la Diez en el capot. El Diez que jugó en México 86, ese diseño“, narra entusiasmado el mayor de los Larsen.

“Mi papá empezó a picar en 1981. Diez de nuestros clientes trabajan con nosotros desde entonces. Los otros 15 llevan 35 años. Lo que más nos piden es compromiso, seriedad y hacer las cosas bien. Tenemos capacidad para trabajar más hectáreas, pero preferimos abarcar menos y cumplir con los tiempos de todos los clientes. El 70% de las hectáreas que picamos no las presupuestamos. Son muchos años de trabajo juntos“, relata Christian.

Los clientes de Larsen también miden su compromiso en base a la tecnología que utilizan para lograr el mejor silo posible. Y en esto la capacidad para cumplir en tiempo y forma es clave. "Está súper demostrado que cuanto más rápido hacés el silo, mejor calidad lográs. Nuestros clientes se olvidan del silo. Nosotros nos ocupamos de todo. Cuando siembran me llaman, me dicen qué híbrido sembraron, yo lo anoto y ya sé que a los tantos días va a estar para picar. Entonces voy a verlo y nos organizamos para comenzar el proceso de ensilado“, relata.

Para Christian, tecnologías como el sensor NIR –para medir la calidad del forraje- y telematics son cada vez más importantes y demandadas por sus clientes. Esto se suma a las particularidades intrínsecas de las Jaguar, como el menor consumo de combustible y su gran capacidad de trabajo.

En esta campaña que acaba de iniciar, los Larsen están incorporando su última Jaguar 980. Hasta ahora, con las otras cuatro, vienen picando anualmente unas 8.000 hectáreas de maíz y sorgo y otras 3.000 hectáreas de pasturas y verdeos, en un área que incluye el sur de Santa Fe y Córdoba, La Pampa, San Luis y Buenos Aires.

Christian se ríe del nombre poco pegadizo que tiene la empresa. Pero dice que lo compensan comunicando lo que hacen: "Estamos en el 2021. Somos muy activos en las redes sociales. Es divertido. Nos gusta trabajar mucho pero pasándola bien. Nosotros, los empleados y los clientes“. Un dato: alrededor de las cinco máquinas picadoras hay unas 60 personas que cada campaña se ponen en movimiento para hacer honor a la confección de silajes forrajeros.

La de los Larsen es una de las primeras empresas de silajes en incorporar a la segunda generación familiar en el management. Además de Manuel y Christian, también participa Augusto, ingeniero civil a cargo de la administración, e Ignacio, a cargo de la logística y la coordinación de equipos.

"Si tiramos todos para adelante y cada cual tiene claras sus funciones, esto va para arriba", dice Christian y advierte: "Somos hermanos. Nos peleamos como lo hacen todos. Pero si cada uno sabe lo que tiene que hacer y ninguno pone por encima otras cosas, ya está“. Es que los Larsen llevan el picado en su ADN.

Clarín