Viernes, 29 Enero 2021 02:25

Mario Schwindt heredó un campo en malas condiciones pero logró reconvertirlo y hoy casi no usa agroquímicos: “Si tenés un proyecto claro no vas a tener problemas”

La historia de Mario es la historia de muchos productores. Heredó un campo junto a su hermana en Coronel Suárez, al sur de la provincia de Buenos Aires, que viene en la familia desde la época de su bisabuelo. Pero en verdad lo que recibió fueron problemas: hectáreas que durante muchos años sirvieron para hacer producción ovina y que luego pasaron a manos de contratistas y quedaron desgastados por las malas rotaciones. Hoy Mario tiene 63 años, dos hijos y un proyecto de suplementación de corderos con agricultura, manejada con pocos insumos y cuyos rindes estudian los expertos.

Durante tres décadas este productor fue carpintero ebanista y diseñador y fabricante de juguetes didácticos para una cooperativa. Con la llegada de productos más baratos desde China, en 2004 decidió abocarse a “Las Golondrinas”, el campo de su infancia. Era la época en que la soja se acercaba a 600 dólares la tonelada. Pero mediante un análisis económico “a lo paisano”, Mario decidió hacer 3 hectáreas de alfalfa y tener 5 vacas y 50 ovejas. Eso debía mantener a dos familias.

En 2006 fue invitado a participar del grupo de Cambio Rural del INTA Bordenave y comenzó a hacer pruebas con alfalfa, cebada para autoconsumo, algo de trigo y unos brotes de soja que no tuvieron mucho éxito. También quiso empezar a aumentar su rodeo porque había tenido experiencias junto a la Cooperativa de Bahía Blanca para vender corderos trozados.

Mario fue otra víctima de la seca de 2008 pero su producción logró darle lo necesario para subsistir. Con el fallecimiento de su padre en 2013, la familia debió tomar una decisión: seguir con el campo o venderlo. El título de esta nota spoilea ese final.

Para seguir había que poner las cartas sobre la mesa. Las 100 hectáreas fueron históricamente usadas para ganadería y tiene todos los rasgos de un campo overo. Los suelos podían aguantar una agricultura fina de trigo, avena o cebada pero no una gruesa, porque son muy secos y calientes, y los rindes a los que estaban acostumbrados en la zona eran bajísimos.

“Yo quería lograr un proyecto ganadero intensivo, pero sin recursos no es fácil vivir y mucho menos invertir. A través del INTA tuve la oportunidad de conectarme con distintos profesionales. Tratamos de trazar una alternativa diferente para poder lograr seguir en el campo”, contó Mario a Bichos de Campo. La ayuda también llegó de la mano de la mesa de Cambio Ovino de la cual también participaba.

El primer paso –y tal vez el más importante- fue manejar al rodeo ovino con eléctricos porque estaba disperso en una gran porción del territorio. Hoy cuenta con 30 lotes que se subdividen permanentemente todo el año y donde se arman parcelas que año a año se repiten.

Luego llegaron los ensayos del INTA. Su relación estrecha derivó en visitas casi semanales de técnicos que hacían ensayos de verdeo, pasturas, eléctricos, seca de cultivos y engorde. Incluso el INTA de Tornquist realizó un plano geográfico del campo, parcela por parcela, con estudios del suelo.

Los primeros resultados no tardaron en llegar: obtuvieron rindes históricos en sorgo que superaron los 11.000 kilos, cuando la zona estaba acostumbrada a obtener 6.500 como máximo, y 8.000 kilos de avena, dejando atrás los pocos 3.500 kilos.

A eso le siguió el interés por lograr mayor sustentabilidad. “A partir del parcelamiento empezamos a ver que la maleza quedaba muy maltrecha por los pastoreos y nos aventuramos a sembrar sin aplicar herbicidas. Terminábamos de pastorear y sembrábamos arriba. Allí comenzamos a bajar costos y hacer análisis de nutrientes a través de la composición química de la bosta y el orín”, explicó el productor.

En 2020 se sembraron 70 hectáreas para las que se utilizaron sólo 14 litros de herbicida. Solo se fumigó aquellos lotes que lo necesitaron. “Aparecieron malezas nuevas que no competían y las viejas seguían estando pero no eran un problema”, recordó.

Por supuesto que en esta reconversión no fue “a puro apoyo”. Muchos criticaron a Mario por hacer un proyecto a diez años en un país con vaivenes económicos como tiene Argentina.

“Si vos tenés un proyecto claro de lo que querés hacer no vas a tener problema. Mi proyecto no era económico sino biológico. Lo único que tenía que hacer era mantener mis cultivos para que el animal pudiera producir. El animal no va a cambiar su biología porque la economía suba o baje”, afirmó.

Y en efecto, en todo ese tiempo aprendieron a manejar especies, variedades y distintos tipos de ciclos productivos. Hoy logran mantener un promedio de 750 animales entre vacas, terneros y ovejas.

“Si ves lo que hacíamos en el campo y lo comparas con lo de hoy decís ‘no puede ser’. Para producir en una superficie chica tenés que dedicarte a producir y dejar de especular. Vender cuando tenés que vender y comprar cuando tenés que comprar. Con especular no haces nada y tenés que irte del campo”, concluyó.

Bichos de Campo – Sofía Selasco