Viernes, 29 Enero 2021 02:27

Riego, agricultura vertical y soluciones digitales para usar con eficiencia el agua, un insumo crítico

Por Carlos Becco.

Contrariamente a lo que anticipaban fatalistas predicciones como la de Thomas Malthus, la agricultura y los agricultores encontraron la manera de aumentar su productividad continuamente y satisfacer en cantidad y calidad la demanda de una población en constante crecimiento. El desafío que deberemos enfrentar en los próximos años es notable. Se estima que la producción agrícola deberá incrementarse un 60% para el 2050. La disponibilidad de agua es claramente la limitante más seria para alcanzar esos niveles de producción.

Un informe de la Naciones Unidas sostiene que para el 2030 la mitad del planeta sufrirá severo estrés hídrico si el uso del agua no se “disocia” del crecimiento económico. En otros términos: no podemos seguir utilizando la misma cantidad de agua que utilizamos hoy para producir alimentos.

Todos los apasionados de la agricultura sabemos que en el campo cuidar cada gota de agua es fundamental: la agricultura consume nada menos que cerca del 70% del total de agua dulce disponible, y el reto de la humanidad es obtener más alimentos con menores cantidades de agua y tierra.

¿De qué manera la agricultura digital contribuirá a lograr estos desafíos tan ambiciosos? Gracias a soluciones tecnológicas como mapas satelitales y herramientas de geoposicionamiento, la agricultura de precisión (o agricultura por ambientes) nos permite “ajustar” la demanda del cultivo a la oferta potencial.

Gracias a imágenes satelitales de los distintos ambientes de un lote cada vez más precisas podemos ajustar la densidad de los cultivos en función de la demanda potencial y de la capacidad de retención de agua del suelo. De esta manera los productores intentan reducir los períodos de estrés hídricos y aumentar la eficiencia del uso del agua.

En la actualidad, un número creciente de productores utilizan esta tecnología y el concepto de “dosis por hectárea” se torna cada día más obsoleto. Esto es sólo el comienzo, el creciente desarrollo de soluciones de inteligencia artificial sumadas al desarrollo de predicciones climáticas más ajustadas permitirá que este ajuste sea cada vez más preciso.

Existen experiencias argentinas: gracias al análisis de imágenes satelitales y el desarrollo de algoritmos vía inteligencia artificial un equipo de emprendedores desarrolló una cobertura climática que protege a los productores en años particularmente secos. En este caso particular la tecnología no mejora la eficiencia del uso del agua, pero protege a los productores de los efectos devastadores de la sequía. La tecnología digital permite -de esta manera- mitigar los riesgos de la producción agrícola.

Agricultura bajo riego

Un área de especial criticidad es la agricultura bajo riego. Los niveles de productividad de la agricultura bajo riego son entre 2 y 3 veces mayores que la de secano. Por ello si bien sólo representa un 20% de la superficie cultivada es responsable del 40% de la producción.

La eficiencia de la producción de alimentos (expresada como consumo de agua para producir un kilogramo de alimento) varia dramáticamente conforme al modelo productivo y -particularmente- el modelo de uso de agua. Por ejemplo, para producir 1 kilo de tomates a campo abierto son necesarios entre 100 y 300 litros de agua, si utilizamos riego por goteo el consumo se reduce a 50 litros de agua mientras que si utilizamos sistemas hidropónicos el consumo se reduce a sólo a 15 litros.

Es precisamente en este contexto donde las nuevas tecnologías de irrigación de precisión nos pueden ayudar a conservar este recurso esencial para la vida de todos.

Otros emprendedores han desarrollado una solución de inteligencia artificial que combina sensores que detectan el nivel de humedad del suelo y, asociados a mapas del suelo, el desarrollo de la planta y datos meteorológicos precisos permiten reducir de una manera significativa el uso del recurso hídrico. Gracias a esta tecnología los productores pueden controlar los niveles de riego con exactitud de manera remota. La tecnología lleva ahorrados más de 16 billones de litros de agua en 60.000 hectáreas monitoreadas en Argentina, Estados Unidos, Chile, Uruguay, Paraguay, México y Perú.

Este desarrollo tiene una especial importancia cuando tomamos en cuenta que dos terceras partes del territorio nacional tienen recursos hídricos escasos y que del agua consumida en Argentina 70% se emplea en la agricultura, mientras que en las provincias con predominio de climas áridos y semiáridos la proporción supera al 95%.

Agricultura vertical

Una novedosa alternativa a los problemas de suministro de alimentos está surgiendo de las estructuras de alta tecnología. La agricultura vertical es la práctica de producir alimentos en capas apiladas verticalmente. Estas “granjas” maximizan el espacio utilizado en invernaderos o estructuras cerradas y bajo ambiente controlado. Los sensores electrónicos garantizan que los cultivos reciban la cantidad correcta de luz (luz LED en estructuras completamente cerradas), nutrientes y calor. Los beneficios incluyen la independencia de la tierra cultivable, las capacidades de crecimiento durante todo el año, un menor consumo de agua y una mayor predictibilidad de los cultivos.

A pesar de su temprano fracaso (o posiblemente a causa del ello) el caso de la empresa Plantagon sea el más paradigmático. Esta empresa sueca construyó en la ciudad de Linköping, a dos horas al sur de Estocolmo, un rascacielos de 60 metros de altura con 16 plantas, con más de 4.300 metros cuadrados para el cultivo hidropónico vertical y una capacidad de producción de hasta 500 toneladas de alimentos orgánicos anuales, entre plantas de hojas verdes y verduras. Las limitaciones para atraer capital determinaron el fracaso de este monumental emprendimiento.

Curiosamente la capacidad de atraer inversores no ha sido el problema para otra “start up” de Silicon Valley, un emprendimiento que produce vegetales en agricultura vertical con un modelo menos monumental, y acaba de completar su serie D por 140 millones de dólares para apoyar su expansión global, totalizando una inversión total de $ 500 millones de dólares.

La agricultura vertical es económicamente sensata, respetuosa con el ambiente, y saludable. Sin embargo, nadie espera que las granjas verticales reemplacen a las formas de producción agrícola tradicionales. Como ha sucedido en el pasado la integración de nuevas tecnologías se fusionará con la agricultura tradicional para satisfacer las demandas alimentarias del mañana. No sorprende que -en el mismo territorio- los primeros emprendedores fracasen y que -precisamente- el fracaso de los primeros allane y facilite el camino de los seguidores. Lo importante es que la innovación en el agro no se detiene.

Clarín