Lunes, 25 Enero 2021 02:30

Menos carga y maíz caro alargan la recría

La suba del precio del ganado de octubre, noviembre y diciembre se registró en el marco de una oferta muy abundante, no por una restricción de la cantidad de animales. En enero, el valor minorista de los principales cortes subió 80 por ciento interanual, 30 puntos por encima de la inflación y más de 40 puntos por encima de los salarios. En cuanto a la exportación, el novillo pesado pasó de 2,75 a 3,50 dólares por kilo en gancho en tres meses, colocando a Argentina por arriba de Paraguay (2,80 dólares), Uruguay (3,15) o Brasil (3,45). Así, tanto el consumo interno como la exportación parecen acusar los efectos de estos altos precios: la demanda cede, en el marco también de una menor oferta para faena.

Los feedlots han venido vaciándose desde hace tres meses y ya han comenzado –como todos los años– a volcar un menor volumen de gordo liviano. Este proceso podría acentuarse en las próximas semanas: muchos operadores, los mismos que pronosticaron la suba del ganado de noviembre y diciembre, ahora proyectan otro retoque para febrero.

En paralelo, los procesos de recría han tendido a alargarse, por el alto precio del maíz que reduce al mínimo su uso, tanto para suplementación como para terminación, y porque la seca disminuyó mucho el ritmo de ganancia diaria de peso.

A paso lento

Como los últimos meses fueron muy malos para el engorde, hay un “cambio de ritmo” de la ganadería, con un mayor uso del pasto y un menor uso del grano: se evita a toda costa racionar.

La reducción de la oferta, bajo este panorama, en el caso de las vacas sería estacional y en los novillos de exportación obedecería no solo a la menor cantidad de campos habilitados por Senasa para la Unión Europea, sino también por la sequía que redujo la oferta de pasto.

Por este motivo, la exportación enfrenta una disponibilidad de novillos insuficiente para sus planes de faena. No es una cuestión de mejorar los precios; los novillos pesados directamente no están.

Hay productores que debieron adelantar sus ventas y ahora tienen una menor carga en los campos: al contar con pasto y buenos precios, se dedican a sumar kilos baratos.

La ganadería bajó una velocidad, se ha ralentizado, y pasarán dos o tres meses hasta que recupere su ritmo normal. Hay un cambio importante en la manera de engordar y terminar los novillos.

La Voz del Interior – Ignacio Iriarte