Jueves, 21 Enero 2021 02:27

Los productores de legumbres celebraron uno de sus mejores años en medio de la pandemia

Tenía que llegar una pandemia para que a los productores que hacen porotos en el norte les tocara un buen año. Pasa que habitualmente quedan a expensas de una demanda concentrada en pocas empresas y pocos mercados, lo que termina deprimiendo los precios que cobran. Eso se traduce las más de las veces en pérdidas económicas. Pero 2020 fue otra historia. Muchos sectores alimenticios se vieron beneficiados por una mayor demanda en un mundo alterado por al aparición del Covid-19. Sobre todo, los de productos proteícos como la carne o los porotos. La gente, como dijo en el arranque de la pandemia el analista Diego de la Puente, tuvo como objetivo “comer y sanar”.

Miguel Francisco Medina, productor en la localidad salteña de Rosario de la Frontera y presidente de la Asociación de Productores de Legumbres del NOA, explicó a Bichos de Campo que en este contexto pegó un salto grande la demanda de estos productos, que en consecuencia se incrementaron los precios pagados al productor y que se llega al cierre de la campaña casi sin stocks, lo que garantiza una buena intención de siembra y precios altos en el inicio del nuevo período.

Los productores del noroeste argentino, además, pudieron en este escenario romper la dependencia con algunos mercados, como por caso el de Brasil para el poroto negro o el de Europa en otras variedades. En un año redondo, según el relato de Medina, se abrieron nuevas oportunidades de negocios.

“Hacía muchos años que no se exportaba a México y este año hubo negocios. Se dice que 50 millones de mejicanos salieron a comprar 2 kilos de más de promedio y eso les dejó un déficit de 100 mil toneladas”, ejemplificó. A ese mercado, durante un lapso a mitad de año se pudo exportar con arancel cero y eso permitió dejar de depender de Brasil en el rubro poroto negro, que es el que ofrece el mayor volumen de producción.

También hubo exportaciones a otros destinos de Centroamérica y Chile. Además Medina destacó el caso de la migración venezolana, con millones de personas radicándose en países de la región, que mudaron con ellos su interés tradicional por el consumo de estos alimentos.

Medina comentó que, al fin de la campaña 2019/20, los stocks están en niveles bajos en términos históricos. Este incremento de la demanda de diferentes mercados no sólo dejó mejores precios sino también renovó la intención de siembra para el nuevo ciclo.

Según comentó el productor, en la Argentina se cosechan aproximadamente unas 150 mil toneladas de porotos negros y otras 250 mil toneladas entre blancos, colorados y garbanzos. Pero el problema no es tanto la cantidad sino el remanente entre cosechas, que permitía a la demanda trabajar con holgura. Eso no es posible este año y por eso la suba de precios.

“Los valores estuvieron 40/50% por encima de la campaña anterior. Son los que el normalmente el productor espera, porque es importante sostener la producción en el norte, ya que es todo lo que tiene”, dijo Medina. Las legumbres, en ciertas zonas de Salta sobre todo, compite en las rotaciones con la soja.

El dirigente de la Asociación de Productores precisó que en el caso del poroto negro “las últimas exportaciones se pagaron 850 dólares FOB la tonelada, por mercadería que en otros años se exportaba a 600 dólares y que dejaba márgenes muy ajustados al productor”.

En tanto el poroto aluvia se vendió al extranjero en 1.100 dólares la tonelada, y al mismo valor se embarcó el poroto colorado, La excepción a estos buenos precios fue el garbanzo, cuyos precios estuvieron mucho más acotados por una mayor oferta mundial. El empresario salteño cree que en la nueva campaña los precios seguirán con la misma tendencia.

Con relación a la campaña nueva, cuya implantación comienza desde mediados de febrero, “lo importante es que hay buena intención de siembra”, evaluó Medina. El productor estima que habrá un incremento de entre 15 y 20% en la superficie y posterior cosecha si el clima acompaña. Ojalá también acompañen las oportunidades de venta y que no todo haya sido una golondrina por el Covid.

Bichos de Campo – Nicolás Razzetti