Lunes, 18 Enero 2021 02:26

Terragene sale a la cancha con vacunas para cultivos

Terragene, una compañía de biotecnología rosarina que desarrolló su actividad productiva en el campo de la microbiología, de la bioquímica y también de la electrónica aplicada al cuidado de la salud, del agro y del medio ambiente, emprende un nuevo desafío en Alvear, con el desarrollo de un proyecto de diseño, fabricación y comercialización de biomoléculas inteligentes aplicables a la protección de cultivos de plagas y enfermedades. Esteban Lombardía, científico fundador junto a Adrián Roberto de Terragene, da detalles de este nuevo emprendimiento y relata la historia de la creación y desarrollo de la compañía, sus objetivos y desafíos a futuro.

—Terragene pone en marcha un nuevo proyecto de inversión en su planta de Alvear. ¿De qué se trata y cómo llegaron hasta aquí?

—Este nuevo proyecto se desarrolló dentro de lo que es la compañía de Terragene con su equipo de I+D y tiene que ver con el diseño, fabricación y comercialización de biomoléculas inteligentes. Es una plataforma que produce distintos tipos de moléculas de origen natural, especialmente proteínas, y que van a tener una función específica en la solución de un problema puntual, con una función inteligente, de una manera amigable con el medio ambiente. En esta primera fase, este nuevo proyecto se engloba en una nueva spin off, una nueva compañía que se denomina Protergium, con unas 30 vacunas para distintos cultivos tanto intensivos como extensivos. Son proteínas que han sido aisladas de diferentes patógenos de distintos hongos e insectos que afectan el cultivo, las exponemos a la semilla o las fumigarmos sobre la hoja y entonces le mandamos al cultivo una señal para que interprete que está siendo afectado por un hongo, por un insecto, dependiendo cuál sea el caso, y que se defienda con su inmunidad natural. Entonces cuando realmente la infección llega, la planta está preparada para defenderse mejor. Además, vale aclarar que las respuestas de defensa de los cultivos en general están acompañadas de una respuesta asociada al crecimiento. Es decir, cuando la planta se infecta, también cobra fuerza para crecer y generar más semillas. Básicamente el primer proyecto dentro de Protergium está orientado al agro. Hay otros proyectos que tienen que ver con la fabricación y diseño de biomoléculas inteligentes que van a tener otro destino. En ese sentido estamos trabajando, por ejemplo, en degradar gluten en distintos alimentos y en bebidas, con antibióticos naturales con una actividad mucho más dirigida a un patógeno en particular y no antibióticos de amplio espectro, que en general causan problemas más serios de resistencia y que afectan también la flora natural de los seres humanos. Entonces estamos buscando antibióticos con un target mucho más dirigido. Las vacunas para plantas ya han sido probadas en distintos cultivos en laboratorio a campo, con validaciones también en el Inta, por lo que seguramente esta primera camada de productos destinados al agro van ser comercializados a finales de 2021.

—Estos desarrollos ¿minimizan o reducen el uso de las aplicaciones productos químicos que se usan tradicionalmente en el sector agropecuario?

—Por supuesto, esa es la idea. El mundo va hacia tecnologías innovadoras que no solamente resuelvan de manera más eficiente el problema en particular, sino que lo hagan de manera amigable con el medio ambiente, respetando todos aquellos aspectos que a lo largo del tiempo, a través del desarrollo de la química, se han dejado de lado. Creo que las vacunas van en línea con la corriente verde, que hoy empieza a tomar importancia en el agro especialmente y no sólo en Argentina sino en otros países como Europa, Estados Unidos, Australia. Para abrir mercados, para dar valor agregado a los productos, hace falta el I+D, la investigación y el desarrollo como motores fundamentales de esto que digo y para eso es necesario contar con recursos humanos calificados. Argentina los tiene y son muy competitivos. Santa Fe en particular debe ser un polo tecnológico, porque tenemos muchas instituciones públicas donde el Estado nacional a través del Conicet capacita permanentemente investigadores de alto nivel, donde se albergan muchas ideas y proyectos realmente muy interesantes que si uno los canaliza, y de manera adecuada, los monitorea y puede allanar un poco el camino de las primeras instancias de desarrollo, sin dudas Argentina puede empezar a mostrarle al mundo proyectos de alto nivel.

—¿Cómo hacen empresas como ustedes para competir con multinacionales que operan en ese escenario? ¿Es necesario el respaldo público en esto?

—La competencia no debe ser vista como un problema sino que es algo natural, y que debe existir. Nosotros tenemos una política muy abierta, no pensamos en los competidores. Hay muchas empresas multinacionales con alto poder de juego, con gran penetración comercial no sólo en Argentina sino en muchos países que han visto estas tecnologías como necesarias, tienen que ir adecuando su portfolio de productos, bajando el nivel de productos químicos que ofrecen y Terragene es una posibilidad de cooperación. No estamos pensando tanto en competir sino justamente en aunar esfuerzos para que nuestras tecnologías, las innovaciones que podamos desarrollar puedan ser rápidamente canalizadas en el mercado a través de aquellos que realmente tienen llegada a los diferentes usuarios, así que creo que tenemos que trabajar de manera más cooperativa aún los competidores.

—¿Cómo es la historia del surgimiento de Terragene?

—Quienes fundamos la compañía estábamos transitando un perfeccionamiento en el sistema científico tecnológico nacional en un laboratorio del Conicet. Terragene surge como un spin-off, a partir de la necesidad de un producto basado en microbiología que nosotros manejamos muy bien, que no se fabricaba en Argentina, que el sistema de salud pública lo tenía que importar y era muy costoso. Nos encontramos con muchos problemas propios de la infraestructura y la tecnología que tenemos, y barreras para lograr un producto de calidad. Así que Terragene surge como un derivado del sistema científico nacional. Debe haber más Terragenes, más startups, más proyectos, porque los recursos están: lo que tenemos que hacer es allanar el camino para que esos proyectos puedan florecer y puedan dar de resultados tangibles y concretos.

—Desde el propio sistema científico o desde el propio sector público ¿existe un área o un desarrollo que permita que toda esta ciencia se transforme en actividad económica, en empresas que se puedan crear?

—Yo creo que hoy el tema de la economía del conocimiento sin dudas ya tiene otra importancia. Todos conocemos de qué se trata, de hecho se ha sancionado una ley a nivel nacional y también ha adherido la provincia de Santa Fe. Eso no existía cuando nosotros empezamos en el 2006 con este proyecto. No existía este concepto y hacer algo aplicado se veía como una cosa mucho más rara. Hoy el ámbito privado lo entiende como prioritario. Innovar tiene que ser parte de la vida diaria de una compañía y también lo sabe el Estado nacional y provincial. Creo que están convencidos de que la salida a los problemas de la Argentina vienen por el lado de la economía del conocimiento, que permite primero derribar todas las fronteras que puede tener un producto. Cuando uno genera una innovación, un nuevo producto, le está dando valor agregado naturalmente y además permite que ese producto trascienda las fronteras de la Argentina y pueda desembarcar en muchos mercados.

—Terragene en su estructura es muy global, gran parte de sus ingresos vienen del mercado internacional. ¿Como es esa estructura?

—Nosotros sin darnos cuenta hemos empezado ya en el 2007 exportando. Nuestra primera venta fue una exportación. Es decir que no hemos visto al mercado nacional como ‘el mercado’. Siempre hemos pensado que nuestro producto tenía tanta importancia en la Argentina como en otros países y hemos tratado de difundir esa innovación o ese nuevo producto asistiendo a ferias internacionales, por medios digitales y hoy estamos presentes en más de 70 países de los cinco continentes. Y obviamente los desafíos que seguimos teniendo por delante son ampliar esos volúmenes, generar mercados nuevos, mejorar nuestros canales comerciales, lanzar productos innovadores en la línea del control de infecciones que es nuestro core business.

—¿De cuánto es la inversión en esta nueva planta de Alvear? Y en cuanto a empleo ¿qué representa para la región?

—Cuando comprobamos la eficiencia de nuestras vacunas decidimos hacer una planta específica para Protergium. Así es como decidimos adquirir 4.000 metros cuadrados y empezar a edificar una planta específica para la producción de proteínas recombinantes, también una planta de fermentación y también alojar ahí mismo laboratorios de investigación que sigan haciendo esta tarea de innovar y generar productos nuevos. Este proyecto tiene un presupuesto de 4,5 millones de dólares, que esperamos terminar de concretar los en los próximos 13 meses. Esperamos contar con un equipo de 80 personas, considerando la parte productiva de I+D y el equipo comercial.

La Capital (Rosario)