Lunes, 18 Enero 2021 02:26

Automovilismo y agro. Soja desactivada: un “tuneo” para ganar competitividad

En la última carrera de 2020, en el autódromo de Río Cuarto, Diego Oggero no llegó a subirse al podio pero hizo una gran carrera a bordo de su coupé Torino. En la previa había obtenido la pole position, pero en las primeras vueltas, cuando lideraba el pelotón lo tocaron de atrás y lo mandaron a la banquina. El traspié no lo derrumbó y a puro acelerador y muñeca fue escalando desde el puesto veintiuno hasta terminar quinto en la tercera fecha del circuito cordobés de TC Pista 4000. Con la misma sed de victoria se maneja Oggero en el campo agroindustrial. Sabe que la era de los commodities quedó en el pasado y que el futuro exige cada vez más ingenio para competir en un mercado que pide eficiencia y valor agregado. En esa búsqueda, Oggero somete a sus porotos de soja a un proceso de desactivación que los transforma en un alimento de mayor digestibilidad para aves y cerdos, diferenciándolos y dándoles un precio más atractivo.

El empresario y corredor trabaja un campo propio de 250 hectáreas y unas 1000 hectáreas alquiladas. Además tiene convenios con otros productores a partir de los cuales colabora con los costos de siembra para asegurarse un stock mínimo de granos para meter en “la caldera”. Su negocio ya no está en la producción, sino en el procesamiento y comercialización. Con base en la localidad de Las Higueras, en Río Cuarto, se mueve hacia el sur y hacia el oeste en busca de clientes que quieran darle un diferencial a su producción, alejándose de Rosario y de General Deheza para volverse más competitivo.

“A la soja se le realiza una modificación química que fue descubierta hace ya más de 30 años por quien hoy es mi socio, Luis Bagur, a través de pruebas y errores y con la intención de dar mayor aporte etéreo a la carne de pavo. Así nació la soja desactivada”, explica Oggero, y detalla que dicha modificación química consiste en reducir al mínimo -de 0,02 a 0,08 por ciento dependiendo de lo que el cliente necesite- la actividad ureásica, proceso por el cual se activa una enzima que produce intoxicación en el organismo de cualquier ser vivo.

“Al no modificar el estado del grano ni exponerlo a ninguna fricción ni a fuego directo, sino que solo a vapor, no se modifica ninguna otra composición nutricional natural, y en la dieta de aves y cerdos se comporta con una superioridad asombrosa sobre el resto de los productos similares”, remarca.

La idea surgió en 2008 y pusieron manos a la obra. Con maña y esfuerzo armaron su propia planta y al año siguiente descargaron el primer camión de soja. Actualmente la capacidad de procesamiento de la empresa es de alrededor de 3.500 toneladas mensuales, y a partir de este mes pondrán en marcha una nueva caldera para llegar a una capacidad máxima de entre 12.000 y 14.000 toneladas mensuales.

“Gran parte de la mercadería que se procesa es de propia comercialización, y también tenemos el aporte de clientes que hacen canje de soja natural por soja desactivada. El producto tiene un costo del 8 por ciento que se calcula sobre los kilos procesados”, explica el productor.

Además de la siembra y del procesamiento de granos, la empresa cuenta con un feedlot con capacidad de engorde permanente de entre 600 y 800 cabezas de ganado bovino, en el que aprovechan los descartes de granos de la planta para usarlos como aporte de fibras y/o energía.

Y allí, además, se está tejiendo un próximo paso en el avance de la compañía. En la misma línea de la desactivación de soja, se está trabajando desde hace varios años en un proyecto similar en maíz. “Lo estamos probando en nuestros corrales y los resultados obtenidos en conversión de kilos consumo/kilos carne realmente han sido superadores, esperemos pronto poder mostrar el producto a nivel general”, comenta Oggero, pero advierte que para sumar el maíz “desactivado” al portfolio de productos debe afrontar una serie de obras de gran envergadura que hoy no están a su alcance.

“Así mismo, y con el empuje de la nueva sangre en la empresa, también hay un gran proyecto en la elaboración de soja para consumo humano, sin dudas hoy con una gran demanda a nivel mundial. Sería poder cumplir el gran sueño y la frutilla del postre de esta empresa”, dice, y agrega: “La tecnología hace un aporte fundamental en la industria, es la posibilidad de bajar los costos y ser competitivos a nivel mundial. Indudablemente podremos hacer un aporte de valor agregado a nuestros productos, generar mayor cantidad de puestos laborales, mayor capacidad de producción y, de esa manera, mejores ingresos para el país”.

Así, con el empuje del campo cordobés y con la industria nacional en el corazón como todo fanático de Torino, Oggero “tunea” su soja y da pelea en el campeonato del mercado mundial de granos.

Clarín – Lucas Villamil