Lunes, 04 Enero 2021 02:25

Producción de alimentos: certificaciones de procesos y trazabilidad, de una sugerencia a ser obligatorio

Por Adrián Poletti.

El 2020 va a ser recordado como aquellos que quedan en la historia como hitos de referencia. No hace falta en general citar la referencia histórica a la que se relacionan años como 1914 y 1918, 1929, 1939, 1945, 1969, 2001 y 2020. Con mayor o menor violencia y carga de víctimas, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la llegada a la Luna, el ataque a las torres gemelas y la aparición de la pandemia de Covid-19, son eventos en la historia contemporánea que marcaron hitos y significaron, una vez superados, una evolución de la humanidad.

En este sentido, la aparición del coronavirus, que provocó la pandemia que estamos sufriendo aún, mostró por un lado una evolución fantástica en los avances científicos, permitiendo llegar a vacunas útiles y eficientes en tiempo récord.

Pero por otro lado mostró el efecto que tiene la actividad humana en el ambiente, donde la reducción de la actividad humana por las cuarentenas generalizadas decretadas en todos los países, todas a la vez, mostraron que era posible reducir el smog de las ciudades, la contaminación de las aguas y mejorar la salubridad de los alimentos.

En este sentido, diferentes regiones del globo comenzaron a plantear que es necesario plantear sistemas de producción de alimentos más sustentables con el medio ambiente, donde comienzan a tener relevancia aspectos ya no solo referidos a la salubridad de estos hacia el consumidor, sino que se empiezan a considerar aspectos como el cambio en el uso del suelo, la utilización de insumos que puedan generar problemas para insectos polinizadores, etc.

La puesta en marcha del EU Green Deal y su programa Farm to Fork (F2F) es solo un ejemplo de lo que está ocurriendo en los diferentes mercados consumidores a nivel global. A su vez, las diferentes marcas globales de alimentos y bebidas comienzan a pedir a sus proveedores información sobre cómo fueron producidos los insumos necesarios para su producción, ya no solo en lo referido a insumos utilizados, sino también en lo referente a la Responsabilidad Social Empresaria y la utilización de Buenas Prácticas Agrícolas.

Nuevas formas de trabajar

La puesta en marcha como el sistema F2F implica varios puntos a tener en cuenta. Por una parte, hacia el año 2030 tiene que haber una reducción del 50% de los principios activos utilizados para la producción de alimentos respecto a lo que se utilizó en el año 2017.

Por otra parte, tienen que ser fitosanitarios que tengan un impacto ambiental reducido, donde aquellos que pueden generar algún problema en este sentido, son dados de baja de los registros de uso y por lo tanto no pueden ser utilizados en la producción en el ámbito de la unión.

Ni hablar de la necesidad de mostrar que los diferentes productos alimenticios, tanto animales como vegetales fueron producidos en lotes que no hayan sido desmontados recientemente y que tengan una historia de uso del suelo consistente con el respeto del medio ambiente.

En este sentido, la Unión Europea fuertemente le sugiere a aquellos países que producen alimentos que son consumidos en ese mercado, que los mismos sean llevados a cabo mediante el mismo sistema y con los mismos principios activos y protocolos ambientales que son exigidos en el ámbito de la Unión al productor europeo.

Y esto se explica en forma muy sencilla. Permitir el ingreso de productos extranjeros producidos de otra forma que no sea de la misma que se le exige al productor europeo, lo pone a este último en un plano desventajoso de competencia, y por lo tanto no sería justo que a uno se le exija una tecnología más costosa y a los extranjeros no se le pida igual compromiso con la salubridad humana y ambiental.

Y para lograr demostrar esto, las certificaciones de procesos y la trazabilidad de la producción empieza a jugar un papel fundamental, ya que por ahora se va a sugerir su implementación, pero en la medida que el tiempo pase, va a pasar a ser una exigencia para poder vender. Y estos no son sistemas que se implementan de un momento para otro.

Es necesario establecer procesos de control, protocolos, planificación de compra de insumos aptos para ser usados en función de un destino comercial dado y poder generar estrategias de almacenaje que minimicen la pérdida de identidad de la mercadería producida.

Por otra parte, una mercadería trazada permite poder minimizar los riesgos sanitarios ya que de existir algún problema, se puede trabajar sobre el área problema y no se castiga a todo el origen.

Mas allá de las vicisitudes que genera la realidad económica y cambiaria actual, es necesario mirar algunos puntos que requieren tiempo en ser llevados a cabo, y que van a ser necesarios para poder acceder a mercados de mayor poder adquisitivo y más valor agregado.

Clarín