Lunes, 28 Diciembre 2020 02:25

Economías regionales. El productor que trabaja con llamas en La Plata y exporta fibras terminadas al mundo

La mayor parte de las existencias de llamas en Argentina se concentran en la provincia de Jujuy (el 67%), seguidas por Catamarca (16%) y Salta (11%). Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, de la zafra 2014/15 a la 2018/19 la producción de fibra de llama argentina aumentó 382% (de 25.600 kilos a 123.000). La mayor parte se exporta como fibra peinada. Ninguna de estas estadísticas generales aplica al emprendimiento que Gustavo Maluendez que tiene su majada en la zona de La Plata y exporta prendas terminadas (no fibras peinadas).

Todo empezó hace unos 25 años, cuando en una Exposición Rural de Palermo su padre les compró, a Gustavo y sus tres hermanos, cuatro llamas de pedigree como mascotas, para llevar al campo, la Estancia Santa Teresita, que está entre La Plata y Magdalena y donde hacen otras actividades pecuarias.

Por entonces, Gustavo era un adolescente de 16 años y en su horizonte estaba la carrera de abogacía. Sus otros hermanos, José (tenía 20, actualmente también trabaja en el campo más abocado a vacunos), Amalia 22 y Alejo 25.

“La historia de la familia vinculada al campo empezó con mi abuelo, en los años 60, con producción de teneros en un campo bien de cría, en donde hace 10 años también se pudo armar un engorde”, recordó Gustavo Maluendez. Y recordó cómo fue aquella compra de las primeras llamas:

“En Palermo nos entusiasmaron unas primeras llamas de pedigree pero éramos chicos, estábamos lejos de pensarlo como negocio, sin embargo, yo particularmente me entusiasmé y el espíritu emprendedor de nuestro padre nos motivó a inscribirnos como cabaña, y para el año 2000, de nuevo en Palermo, presentamos nuestra primer llama y ganó premio el Gran Campeón hembra, lo que nos motivó a seguir aún más”.

Otra inyección de “combustible” a esa ilusión la tuvieron ese año cuando los contactaron de Uruguay, la familia Musselli, para importar llamas, ese fue el primer negocio.

“Ellos las necesitaban porque una llama puede proteger un rebaño de 200 ovejas, sobre todo en época de parición, de ataques de perros salvajes, zorros o chanchos jabalí,”, contó Maluendez. Entre 2001 y 2006 exportaron unos 300 animales. Fue un gran negocio. Las llamas han demostrado ser buenas protectoras empleando el famoso escupitajo nauseabundo y ácido pero también usan ruidos, gemidos y patadas, junto con persecuciones a gran velocidad.

Fibra del sur a ponchos en el norte

También se dieron cuenta que podían aprovechar la fibra pero no en bruto, había que cubrir toda la cadena y llegar hasta el producto final. “No teníamos volumen para que sea rentable vender en bruto, por eso nos fuimos al norte, y nos asociamos con tejedoras que en una especie de cooperativa nos hacen ponchos, bufandas, mantas, guantes, gorros y prendas de abrigo en general”, contó Maluendez.

Así nació Gulla (Gustavo-Llamas) que hasta llegó a tener un local propio en Galerías Pacífico entre 2006 y 2008. “Ese año, todo lo de la (Resolución) 125, el problema del gobierno con el campo mediante casi me lleva a abandonar todo, por suerte sólo dejé ese local propio, y nos quedamos con locales multimarca”, explicó el productor. Actualmente tienen cuatro clientes que les compran la producción todo el año, y también, exportan a Estados Unidos y otros destinos.

A la fiesta del Sultán

En 2010, también a través de participaciones en la Exposición Rural de Palermo los contactaron del sultanato de Omán, en Medio Oriente, porque el Sultán Qabús (falleció en enero de este año), cumplía 50 años y quería “una fiesta con animales de todo el mundo”.

“Para las llamas nos eligieron a nosotros, muy loco, pero necesitaban que sean animales que puedan hacer trucos, asique contratamos un adiestrador, armamos todo y nos fuimos con los animales en avión para allá”, dijo Maluendez. Luego fueron a dos fiestas más.

Manejo extra puna

El 94% del rodeo de llamas nacional está en la Puna, una zona de pastos duros y clima seco y riguroso. Por eso, en la pampa húmeda los animales requieren de una gran adaptación, sobre todo en alimentación y en sanidad.

“A través de los años, descubrimos que las dificultades de la cría de llamas extra puna atenta contra quienes quieren entrar en el negocio, porque la mejora en la calidad de alimentación de la pampa húmeda hace más gruesa la fibra y el clima más húmedo trae aparejado problemas sanitarios, pero que pudimos resolver, esto último con la ayuda de un veterinario y lo de las fibras comprando algo de fibra seleccionada en el norte”, relató Maluendez.

La raza Llama Argentina es doble propósito, una cruza entre la alpaca (que aporta las bondades de la fibra fina) y la llama que aporta rusticidad y buena carne.

La cría se llama teke, se desteta a los 5-6 meses, y no tiene problemas de nutrición, están gordos todo el año. “No sufren en invierno porque la capacidad del forraje que tenemos es muy buena, son grandes conversores de forraje porque están preparados para climas y más adversos y pasturas más pobres”, relató el criador. En su campo ocupan los potreros donde están caballos y ovejas, zonas bajas, de poca calidad para sembrar pero donde se generan pastos que exceden la calidad de la puna.

Una majada vive entre 15 y 25 años y un macho sirve 20-25 hembras, que tienen un año de gestación. “En cuanto a sanidad tenemos un sistema muy estricto, que nos ha costado sangre, sudor y lágrimas, porque están preparados para otro clima pero hoy se aclimataron bien”, relató Maluendez.

La esquila se hace empezando la primavera, y se obtienen más o menos 2-3 kilos de fibra bruta con un rendimiento del 70-80% si se trabaja a mano, como proponen los Maluendez, para conservar lo artesanal. Con la fibra de una llama se pueden hacer entre 2 y 3 ponchos al año.

El negocio

“La situación de argentina y del mundo con el parate del turismo y la caída en las compras de ropa por el cierre de locales, complica mucho, porque la comercialización está muy atada al turismo y a la exportación, no tenemos mucho consumo interno”, lamentó Maluendez. Y sentenció: “Estamos a la expectativa, pero a nosotros nos pega fuerte”.

Actualmente el negocio de las llamas representa el 20% de la facturación de la empresa de los Maluendez. “Hoy nuestro negocio es la venta de animales y la producción de fibra para llevar al norte y que se haga el hilado y la confección, si no recorrés toda la cadena no tiene sentido”, explicó. Un núcleo que justifica mantener el negocio de mínima requiere entre 100 y 150 animales, con unas 80 hembras.

El criador consideró que, para alguien que empieza, puede ser negocio producir llamas para compañía, o para protección de ovejas, pero no tanto por la fibra. “El otro negocio sería producir para carne, pero nunca nos quisimos involucrar, será por el cariño que les tenemos”, reconoció.

Desafíos

Maluendez contó que “si tuviese más tiempo trataría de buscar algún lugar donde se hagan buenos hilados industriales, para tener una línea en la que se pueda buscar volumen,” pero hay que dedicarle tiempo e inversión “porque es otro negocio, otro mercado y otro el marketing, distinto del artesanal”.

Lo otro que le da vueltas en la cabeza a Maluendez es el de la producción de fibra de guanaco en Patagonia. Otro camélido que desde hace unos años es un gran problema en Patagonia porque tiene una alta tasa de reproducción y está compitiendo en pasturas con la cría de ovinos. De hecho, los está arrinconando.

Vale recordar que desde que en los 90 se prohibió la caza de guanacos porque se juzgó amenazada la especie el crecimiento de la población de guanacos fue geométrico. Para cuantificar el problema, por ejemplo, en Santa Cruz la población de guanacos pasó de 245.000 en el año 2000 (dato Inta) a 1,5 millones de existencias en 2015 y una estimación de 2 millones para 2018 (FIAS). Sólo en Santa Cruz está el 70% de la población mundial de esta especie.

Si bien en julio de 2019 se publicó un Plan Nacional de Manejo Sostenible del Guanaco, lo cierto es que aún no termina de cobrar impulso. “Lo intentamos hace cinco años, pero no hemos entendido como hacerlo, porque una de las grandes dificultades es encerrarlos en grandes extensiones”, dijo Maluendez. Y agregó: “Creo que tiene enorme potencial, pero se esta desperdiciando”.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda