Miércoles, 16 Diciembre 2020 02:25

Semana Internacional del Caballo Argentino. Los oficios equinos, un abanico de saberes con fuerte arraigo en el campo

El siglo XXI ya está bien instalado con su tecnología, su inteligencia artificial y desarrollos impensados de todo tipo, pero hay campos en los que las manos del hombre son irremplazables. Uno de ellos es la cría y cuidado de caballos. Desde que un potrillo nace hasta que se transforma en un caballo adulto -herramienta de trabajo, medio de transporte, semental o deportista- intervienen muchas personas con saberes y oficios diversos, de esos que solo se aprenden estando, viendo y escuchando.

“El domador tiene que tener paciencia, amor por lo que hace y continuidad, nada más”, dice Lucas Romano, un domador de la localidad de 25 de mayo, en la provincia de Buenos Aires, que se dedica a la llamada “doma racional”. “La confianza del caballo se gana trabajando todos los días, de a poquito, tratándolos bien y con constancia. Aprenden enseguida”, agrega.

Todas las mañanas, Romano agarra ocho caballos para ir amansándolos, enseñándoles, para “darles escuela”. “Al principio, cuando son potros son más ariscos, pero después ya te conocen, te huelen. Hay caballos con mucho más carácter que otros, pero indomables no. Con paciencia se los puede domar sin que pierdan el temperamento”, asegura.

Con él coincide Antonio Avalos, quien como buen correntino es maestro de domadores. Avalos trabaja en un campo vecino al de Romano en el que doma alrededor de 50 caballos por año. “Busco que los caballos sean ágiles y rápidos pero mansos y dóciles a la vez”, dice, y agrega: “Uno siempre aprende algo nuevo, los caballos te van enseñando todos los días, eso es lo lindo de trabajar con animales. Claro que depende de la pasión que uno le ponga, porque si no, uno se encierra y cree que ya sabe todo. Cuando uno se pone más grande se pone más fácil y más divertido. Yo arranqué a los ocho años y era toda una pelea, una tragedia domar un caballo, y hoy a los cuarenta para mí es un placer”.

De otra naturaleza es el trabajo de Guillermo Maitía, quien lleva toda una vida rodeado de caballos, primero en haras de caballos pura sangre de carreras y ahora en un centro de embriones de caballos de polo. Allí tiene una función muy específica pero que requiere conocimiento adquirido: el cuidado y mantenimiento de los padrillos.

Los padrillos son los sementales que dotan de genética al rodeo argentino, y mientras están en servicio exigen una atención especial. “Cada uno tiene su corral, juntos no pueden estar, y tampoco con las yeguas. Yo les limpio el corral, los bebederos, les doy de comer pasto durante el día y a última hora les doy ración de avena”.

En la actualidad, los sementales más valiosos prestan servicio en centros de inseminación en los que se les hacen extracciones diarias de semen que luego será implantado en yeguas seleccionadas. “Cada padrillo tiene su carácter, pero a la hora de ir a la extracción de semen todos van más nerviosos, saltando, cuando están al lado de las yeguas a veces tratan de morderlas… Para eso tengo bozales con cadenas para poder dominarlos, porque si no me dominan ellos a mí. Después, a la vuelta vienen tranquilos”, comenta Maitía.

A cuidar las patas

Otro oficio equino para el que no hay mucho libro escrito es el del herrador. Aunque en la Argentina, como gran criador de caballos, sí existe una gran escuela. Tomás Guerrico dio sus primeros pasos tomando un curso en la Escuela Argentina de Herradores, en el Hipódromo de Palermo. Pero las manos se las curtió con el rodaje.

Hoy sus herramientas son un banco de trabajo llamado "burro", una tenaza de desvasar, una escofina con la que liman los vasos, una gubia con la que limpian el interior de los cascos y chaparreras para proteger su ropa y sus piernas. “El trabajo de desvasado, que es básicamente el mantenimiento de los vasos del caballo, es el más importante y se empieza a hacer desde que son potrillos. Es fundamental para el correcto desarrollo de sus aplomos, para que el animal pueda pisar y caminar sin dificultades en todo momento, evitando enfermedades e infecciones”, explica.

Respecto a la colocación de herraduras, un implemento icónico del mundo del caballo, Guerrico aclara que solo se utilizan cuando los caballos entran en “training”, y comenta que se realizan a medida. “El caballo se hierra una vez por mes. Hay herraduras diferentes para las patas y para las manos”, dice, y agrega que hay herradores que las forjan en el momento a partir de una barra de acero estándar.

La industria artesanal

No tan cerca de los caballos pero estrechamente vinculados a ellos vive toda una industria de artesanos con profundo arraigo en el interior del país. Porque para criar caballos hacen falta aperos, de esos que forman parte del acervo artístico y cultural de nuestro país. Talabarteros que hagan recados y monturas, fábricas de mandiles y sudaderas, y sogueros que hagan riendas, cinchas y cabezales. Como Nacho Varela, que se crió en el campo entre paisanos, soñando con montar potros, trabajar con las vacas, tener su propia tropilla, hasta que en un momento se dio cuenta de que para crecer en algo tenía que focalizar los esfuerzos, y las trenzas gauchas lo atraparon. Entonces instaló su taller en Capilla del Señor, en el norte bonaerense.

“Si te vas a dedicar a esto estudialo, perfeccionate, esto es infinito. Es un trabajo muy bohemio, es algo que te va atrapando, todos los días querés superarte y hacer algo distinto”, dice, y remarca que el conocimiento sobre el tema lo ve más como una necesidad del paisano que como un oficio. “Un paisano siempre tiene que saber hacer un botón y un ojal, y “masetear” un cuero. Se usa para todo: para poder domar bien un caballo, para tenerlo manso, una soga es fundamental”, asegura.

Varela cuenta que a cada rato lo llaman para que vaya a carnear un animal, y que cuando obtiene el cuero lo primero que hace es “lonjearlo fresco”. “Estaqueamos y después se empieza a sobar en una máquina. Acá se pelan todo tipo de cueros: negros, blancos, colorados…todos tienen un uso, y después depende para qué se van a usar se agarra uno u otro. Con un cuero de toro, que es pesado, es difícil hacer un bozal, para eso se usa uno de novillo”, describe.

“La naturaleza es tan rara y tan distinta, yo tengo cueros guardados de hace seis o siete años y ya van a encontrar su uso. Todo acá es lerdo, todo tiene su proceso, hay que armarse de paciencia”, concluye el soguero.

Mañana, en vivo por Clarín Rural

Hoy desde las 16 horas se podrá seguir en vivo por Clarín Rural una jornada especial de la primera Semana Internacional del Caballo Argentino, organizada por la Cámara de la industria Nacional Equina (CAMINE) y transmitida por streaming desde el Club Alemán de Equitación, en la ciudad de Buenos Aires. Habrá pruebas de salto, una charla sobre equinoterapia y se abarcarán diversos temas vinculados con la industria equina.

Clarín – Lucas Villamil