Lunes, 30 Noviembre 2020 02:27

General Pico: de los campos volados a una producción mixta y desarrollo urbano

Viernes 24 de junio de 1995. Probablemente el día en que la ciudad de General Pico (y por qué no la provincia toda) vivió su mayor gesta deportiva de la historia cuando Sportivo Independiente se consagraba campeón de la Liga Nacional de básquet en su estadio, el “Gigante de la Avenida”, al ganarle 4 a 1 la serie final a Olimpia de Venado Tuerto. Fue el bautismo, al año siguiente fue campeón sudamericano. Eran tiempos de mucho fervor y juntarse a ver “al Rojo de Pico” era un gran programa para los fines de semana. También era un orgullo.

Por aquellos años 90, aunque de manera más silenciosa, también se empezaban a gestar cambios rutilantes para la ciudad y la región: el desembarco de la siembra directa no sólo favoreció que deje de volar tierra como en los westerns del lejano oeste, sino que junto con su paquete tecnológico iba a cambiar el paisaje productivo de una vez y para siempre: la ganadería, que era la estrella, se intensificó para dejar paso (hectáreas) a la agricultura.

Junto con la soja y otros cultivos que se fueron afianzando después (cultivos de servicio y maíz tardío son las últimas innovaciones), creció la venta de insumos y las agronomías así como la demanda de un trabajo más calificado, tanto por la evolución de las maquinarias agrícolas como por la complejización de la agricultura, ya en los años más recientes.

Fundada en 1905, situada en el noreste de la provincia de La Pampa, General Pico, es cabecera del Departamento de Maracó, y, por cantidad de habitantes, es la segunda ciudad de la provincia, después de Santa Rosa. Según el censo de 2010 cuenta con una población de 58.391 habitantes (había 53.000 en 2001; 43.000 en 1991), aunque se estima que en esta última década ha aumentado la población con migración interna, gente de otras provincias que se ha instalado en la ciudad.

Como particularidad, en 2011 Pico entró en los récords Guinness por haber hecho el asado más grande del mundo en la Sociedad Rural con más de 13 toneladas de vaca (superando al uruguayo que detentaba el récord). También es la ciudad que cobijó a Andrés “Chapu” Nocioni cuando jugó un par de temporadas en Independiente (1997-1999), conoció a su mujer y años más tarde compró campos en la zona para producir carne (actualmente tiene su campo alquilado). Actualmente, ya retirado hace un par de años, vive en Pico.

La ciudad está atravesada por varias líneas provinciales y la encierran tres rutas nacionales. Está a pocos kilómetros de la provincia de Buenos Aires (al este), Córdoba (al norte) y San Luis (al oeste). Hace tiempo, supo ser parada obligada del ferrocarril.

“Ya no vuela tierra”

“Para que te des una idea de cómo cambió todo, tengo el recuerdo de chico de mi mamá poniendo trapos debajo de la puerta por la tierra que volaba, la siembra directa ha cambiado eso, ha revolucionado la zona y todas las tecnologías han impactado mucho, más la soja resistente a glifosato y los maíces BT, todo permitió aumentar los rendimientos y hacer una agricultura más estable”, contó a Clarín Rural Juan Ingouville, de La Energía S.A., una empresa familiar de productores que siembran, prestan servicios de contratistas y tienen camiones.

Para Ingouville, “la zona ha crecido muchísimo, se ha expandido”. “Estamos justo en la frontera agrícola, porque al oeste de Pico empieza la marginalidad, con suelos menos productivos, difíciles, con tosca, pero, así y todo, pasó de ser zona ganadera a una 95% agrícola a 5% ganadera”, relató.

Otro recuerdo para Ingouville, es que su padre siempre “anhelaba tener todas las siembras listas para el 20 de noviembre”. Hoy, las herramientas productivas permiten hacer siembras tardías. “Fueron un hallazgo para la zona, porque al maíz le dio una tremenda estabilidad y lo posicionó distinto”, dijo.

Ingeniero agrónomo nacido en Temperley, en el gran Buenos Aires, pero radicado desde 1979 en Pico, primero como contratista, hoy más productor mixto, Carlos Portu compartió su visión. “Desde fines de los 80 los cambios han sido drásticos, era una zona muy ganadera, referente de invernada, y los cultivos principales eran el sorgo, con girasol y algo de maíz, la soja no existía”, contó Portu. Y agregó: “Había un fuerte proceso erosivo, con pasadas de rastrón y disco, que producía un serio deterioro en estos suelos débiles con alto porcentaje de arena, que se volaban con pérdidas importantes de materia orgánica”.

Para el actual presidente de la Sociedad Rural de General Pico, Joaquín Moreno, la siembra directa también fue el gran cambio. “Son campos muy arenosos, se volaban siempre, por eso la directa revalorizó la zona y cambió los sistemas de producción, con una ganadería que se hizo intensiva liberando potreros que se empezaron a destinar a la agricultura”, contó Moreno, que no es nativo de Pico, pero que vive allí hace 10 años y trabaja en la empresa de la familia de su mujer, con más de 100 años en la zona. Hoy hacen ganadería de ciclo completo y agricultura.

“Menos superficie para la ganadería no quiere decir menos productividad, de hecho, el rodeo no ha bajado, hoy hay una integración fuerte agrícola ganadera”, dijo Moreno. Y recordó: “Cuando yo llegué era una zona muy sorguera, pero el maíz tardío cambió radicalmente la ecuación, porque garantiza una base de rindes en suelos difíciles”.

Ingouville calcula que en la zona hoy se hace 50% de soja, 30% de maíz y 20% de girasol, pensando en los cultivos de verano. Para el invierno, trigo o cebada. La fina ha crecido también: “De hecho, como contratista, nosotros de chicos siempre íbamos a cosechar fina al sudeste porque no había nada acá, y ahora ya no nos vamos porque podemos hacer todo acá”. Hasta maní se empezó a hacer en la zona.

Contratista desde 1998, hoy trabaja entre 4000 y 5000 hectáreas por año y tiene una docena de personas a cargo. Francisco Sobre es un buen referente de los contratistas en la zona: “Antes hacíamos trabajos básicos de personal poco calificado, pero desde hace 15 años la incorporación de nuevas tecnologías obliga a buscar personal con más capacitación, mejor remunerado, todas las prestaciones de servicio se han profesionalizado”.

Para Sobre, la incorporación de los cultivos de invierno y los cultivos de servicio son una buena noticia, porque estira la temporada de trabajo y diversifica el uso de los equipos. Asimismo, lamenta la reducción en la superficie girasolera.

“Ha habido un fuerte cambio en el uso de la tierra, ya en la década de los 90 varios productores chicos abandonaron sus campos, los daban en alquiler, eran tiempos de los pooles de siembra, sin gente en los campos la ganadería profundizó su retroceso”, opinó Portu.

El empleo

“Los principales generadores de empleo acá son los proveedores de insumos, contratan mucha gente, muchos jóvenes, profesionales, y todo esto es gracias a un sistema que se volcó decididamente a la agricultura, con una mayor demanda de conocimiento para plasmar distintos sistemas productivos”, relató Moreno.

Coincide con esta visión Sobre: “Las agronomías y concesionarias son la vedette de los últimos años porque han tenido un crecimiento enorme, son grandes dadoras de trabajo”. Y agregó: “La ciudad es linda para vivir, hay buen nivel de servicios y comercios, tiene una zona de influencia importante, no sólo en el noreste de La Pampa, también el noroeste de Buenos Aires y sur de Córdoba”.

“El campo ha generado mucha riqueza local, gran parte del empleo es privado, hay 8 bancos, y una empresa como Lartirigoyen que armó una planta de biodiesel que puede producir 50.000 toneladas por año, la más grande en 500 kilómetros a la redonda”, aportó Ingouville. Que ponderó las empresas metalúrgicas y de insumos del agro que hay en el parque industrial.

Para Portu, en cambio, comparando con los años 80, y mirándolo desde lo industrial, “Pico ha involucionado”, antes “era referente industrial y comercial de la zona, venía mucha gente de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, y venía y afincaba gente de Mendoza, Córdoba y San Luis”. “Pico era una burbuja que atraía gente en los años 80”, sentenció. Ahora, no lo ve así. Considera que ha “perdido protagonismo”. Sobre coincide con esa mirada: “Pico tenía empresas importantes en el parque industrial como Maracó, de implementos agrícolas, que hoy ya no están”.

¿Qué hacen los jóvenes?

No es habitual que una ciudad con la población de General Pico tenga tres facultades de una universidad nacional. Ciencias Veterinarias, Ingeniería y Ciencias Humanas convocan cada año a muchos jóvenes que eligen quedarse en la ciudad, pero también jóvenes de la región. A menos de dos horas, en Santa Rosa, están las facultades de Agronomía, Ciencias Económicas y Jurídicas, y Ciencias Exactas y Naturales.

“En nuestro trabajo es común cruzarse con gente que no es de acá, por otro lado, es una ciudad que ofrece oportunidades de estudio y trabajo, y ese movimiento estudiantil se ve por ejemplo en lo inmobiliario, con la construcción de departamentos chicos, mono ambientes, para estudiantes”, dijo Moreno. Y agregó: “Hay demanda de mano de obra, y en el sector hay necesidad de gente que quiera trabajar en el campo, pero ese es un rubro difícil, no hay muchos que quieran pasar dos o tres días en el campo, para eso cuesta conseguir empleados”.

Sobre coincide que “la vida universitaria ha crecido mucho los últimos años”.

“Yo me fui a estudiar a Buenos Aires, viví 10 años allá y me volví, creo que la mayoría vuelve, es un lugar lindo para criar a tus hijos, hay clubes, colegios, la vida social es muy linda, lo que sí que no tenés todas las carreras para estudiar acá y por eso algunos migran y vuelven”, opinó Ingouville, que tiene 23 personas trabajando en la empresa, “y te diría que casi los profesionales son recibidos en La Pampa”.

Campo y ciudad

A diferencia de Santa Rosa, donde tiene un enorme peso el trabajo estatal (al igual que otras capitales de provincia por razones administrativas obvias), en Pico el sector agropecuario de manera directa, pero también indirecta, tiene mucha relevancia.

“Mi visión es que el empleo indirecto, léase gomerías, estaciones de servicio, talleres, etc., tiene peso, y cuando el agro afloja todos lo sienten”, apuntó Portu. Aunque disparó: “La Pampa se ha convertido en una provincia anti-campo, la gente no tiene simpatía por el sector y estamos a cinco minutos de que se apruebe una ley ambientalista que pone en riesgo la producción en 210.000 hectáreas en toda la provincia porque no se podrían aplicar fitosanitarios”. Para Portu, “sería como pegarse un tiro en el pie”.

La ley de Aplicación de Fitosanitarios es impulsada por el subsecretario de Ambiente de la provincia, Fabián Titarelli y, para los consultados por Clarín Rural, “es cosa juzgada”. “Si sale será un ridículo, y todo por un fanático”, dijo Ingouville. Quien lamentó: “El sector tiene muy mala prensa, nos castigan demasiado”.

Para anticiparse al problema que ocasionaría no poder aplicar agroquímicos en tan vasta extensión, Ingouville empezó a probar con cultivos de servicio y con producción orgánica: “Con la orgánica nos fue muy mal, rinde menos de la mitad y hay muchos problemas, por el contrario, los cultivos de servicio llegaron para quedarse, con centeno como antecesor soja y vicia antes del maíz”.

Lo que piden los productores es que no se prohíba, sino que se eduque, controle y sancione a quienes hagan mal las cosas. Para establecer ese puente, todos los consultados ponderaron el buen diálogo que tienen con la primera intendenta de General Pico, Fernanda Alonso (PJ). Sin desconocer también las limitaciones de acción en algunos temas que dependen del gobierno provincial.

“No hay muy buena comunicación entre la vida rural y la urbana en esta zona, cuesta mucho, sumado a que la provincia depende cada vez más de lo público, ya tiene 100 empleados públicos cada 1000 habitantes, lo ha duplicado en 10 años, y sacando la actividad agrícola, no hay otra salida laboral importante”, opinó Sobre.

En una misma línea de pensamiento, Moreno compartió: “Los que estamos dentro del sector consideramos que es una actividad de mucha pujanza, generadora de empleo y oportunidades, pero, por otro lado, quien no está dentro o no tiene familia con campo tiene una idea más bien negativa con pre conceptos de otra época”.

Por esto es que, según Moreno, uno de los grandes desafíos para los que están en la ruralidad, “sobre todo para la dirigencia, es establecer lazos con los pueblos y ciudades, encontrar puntos en común, porque todos vivimos en la ciudad, nuestros hijos van al mismo colegio, al club, y no puede ser que estén separados de uno de los sectores que demanda trabajo, genera inversiones, y promueve el desarrollo de comunidades”.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda