Lunes, 30 Noviembre 2020 02:25

Aplicaciones periurbanas: con el conocimiento científico, legislar y controlar

Por Esteban Bilbao.

Las aplicaciones periurbanas de agroquímicos generan "terror" a todos los que están relacionados a ellas: Al sector productivo porque se vive en constante riesgo de que se genere una prohibición y quede una superficie mayor o menor (según el caso) improductiva o con una producción que no sea rentable. A los activistas porque les tienen miedo a las pulverizaciones y quieren que se prohíban. A los políticos porque son quienes tienen que legislar y ejecutar en este embrollo, en el cual ven difícil lograr la satisfacción de todos. A la población en general porque no sabe, y todos tememos a lo que desconocemos.

El panorama es de película distópica en el que cada uno pelea por su parte, disparando palabras con una ametralladora cada vez que tenemos oportunidad, sin escuchar al otro por el ruido de nuestra propia metralla. Pero, como siempre que el ser humano se lo propone, se empiezan a ver ejemplos de superación y sinergia.

La realidad nos muestra varias verdades (no hay peor ciego que el que no quiere ver):

La primera es que no se puede continuar conviviendo con el vacío legal actual, debemos actuar.

La segunda es que en los casos que se legislaron prohibiciones con grandes distancias no se ha logrado solucionar el conflicto ya que, al basarse en la emocionalidad y creencias de las personas, no hay base científica para luego poder avanzar en la ejecución. En los casos reales se ven diferentes consecuencias: en algunas situaciones no se terminan reglamentando las leyes u ordenanzas, o no se respetan y se cae en un apocalipsis judicial, o quedan esas tierras abandonadas convirtiéndose en terrenos baldíos con los inconvenientes que esto genera, entre otros ejemplos.

La tercera es que la problemática real se percibe asociada a la pulverización en sí, con lo cual deberíamos legislar sobre la acción de pulverización, no sobre el uso o aplicación general de agroquímicos.

La ciencia y la práctica nos demuestra que se puede realizar la acción de pulverización de agroquímicos hasta 20 centímetros de distancia. Esto lo hacemos todos los días en el campo, pulverizando herbicidas a 20 centímetros de los trigos (u otros cultivos susceptibles), sin afectarlos.

¿Cómo puede ser? Muy simple: aplicando con el viento hacia el otro lado, y otras condiciones climáticas que nos permiten evitar derivas.

Entonces, ¿qué es lo que falta? Controlar las zonas periurbanas, para que absolutamente todas las pulverizaciones sean seguras para la población. También debemos comprender que en ciertos aspectos hay algunas posturas disidentes dentro del mismo sector científico o de investigación, para lo cual tenemos que actuar dentro del concepto de "grados de certeza", no es blanco o negro, pero lo correcto es basarnos en lo que demuestra la mayor proporción de trabajos científicos publicados y reafirmados por las instituciones de referencia en estos temas, teniendo en cuenta para seguir indagando e investigando lo que indican esas voces que dicen cosas diferentes.

Ahora, yendo a lo que queremos proteger, que es la salud humana, que nos dice la información en Argentina?

Las estadísticas nacionales de toxicología nos demuestran que las intoxicaciones por "plaguicidas" son de menos del 20% de las ocurridas cada año en el país, dentro de este 20%, el 68% se debe a productos domisanitarios y el 32% a fitosanitarios y, dentro de este 32%, casi todos son leves a moderados y se deben a exposición laboral por no utilizar el equipo de protección personal.

Por otro lado las estadísticas nacionales (del Ministerio de Salud de la Nación) nos muestran que los cáncer más comunes son los mismos en zonas urbanas que en zonas rurales o pueblos del interior, que estos números han variado relacionados al envejecimiento de la población, que las provincias en las cuales se desarrollan los cultivos extensivos no son las de mayor cantidad de casos de cáncer ni malformaciones congénitas y que en las grandes ciudades hay más cantidad de casos de cáncer cada 100.000 habitantes.

Entonces, si nos basamos en el conocimiento científico, y en la información de campo disponible, ¿qué hacemos? Legislar y controlar. Debemos definir "zonas de protección" asociadas a diferentes zonas críticas (escuelas, ciudades, cursos de agua, etc.) y siempre relacionándolo al ordenamiento territorial (áreas urbanas, zonas residenciales extra urbanas etc.), que estén conformadas por una "zona de exclusión" de pocos metros en la cual se prohíbe la pulverización terrestre y "zonas de amortiguamiento" asociadas a que se utilicen las técnicas y tecnologías disponibles para reducir las pulverizaciones (estamos en este camino con las Buenas Prácticas Agrícolas), hacerlas en condiciones de asegurar que no pueda ocurrir una deriva hacia las zonas críticas y con la auditoría de un profesional ingeniero agrónomo. Y, por supuesto, más capacitación de todos los actores y control por parte de la autoridad de aplicación.

Hay muchos especialistas en estos temas en la Argentina, debemos aprovecharlos para poder legislar y ordenarnos, para convivir de la mejor manera, controlar y castigar a quienes no cumplan las leyes.

Aprovechemos todos los aspectos que hacen al ser humano para resolver este problema, la emocionalidad para alertarnos, preocuparnos y motivarnos, la racionalidad para planificar, legislar y accionar. La agricultura está en el camino de la mejora continua, evolucionando siempre para mejorar el ambiente, la producción y muy consciente de las demandas sociales. Sabemos lo que hay que hacer, ahora tenemos que hacerlo juntos.

El autor es asesor de Agroestudio Viento Sur SRL

La Nación