Jueves, 26 Noviembre 2020 02:27

Viento de cola para el girasol, una buena oportunidad para la Argentina

La suba que vienen mostrando los precios del maíz y la soja en los últimos meses copó todos los flashes mediáticos, pero no son los únicos productos que están mostrando una buena performance en los mercados. En silencio y sin apuro, el girasol también viene mostrando solidez y se perfila como un negocio más que interesante para quienes logren una buena cosecha en una campaña que arrancó compleja desde el punto de vista climático. El disponible, en Rosario, se negoció ayer a 29.785 pesos por tonelada, el precio FOB es de 560 dólares por tonelada.

“Se juntan varios factores para explicar el alza. Algunos son externos a nuestra cadena, como es la baja relativa del precio del dólar respecto a otras monedas y la suba general del precio de los aceites por efecto de la oferta y demanda mundial”, explica en diálogo con Clarín Rural Juan Martín Salas Oyarzun, presidente de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir).

Entre los factores propios del cultivo, Salas Oyarzun destaca la baja confirmada en la producción de Rusia y Ucrania, y por lo tanto la baja en los saldos exportables de esos importantes jugadores mundiales, lo que hace que el aceite argentino, producido en contraestación, sea muy buscado en el mercado.

En el plano local, para esta altura del año queda poco girasol disponible, otro motivo para la suba del precio. Y pensando en la cosecha, la incertidumbre climática hace lo suyo. “Los cultivos están lindos pero falta agua, hay poca humedad en el perfil y los pronósticos están dando un enero muy caluroso”, afirma el ingeniero agrónomo Aldo Riesco, quien asesora unas 5.000 hectáreas girasoleras en La Pampa y el oeste bonaerense. Y agrega: “Los precios son muy buenos, están ofreciendo 400 dólares a marzo por girasol aceitero y 500 por el confitero”.

Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, ya se sembró el 94 por ciento de las 1,4 millones de hectáreas de girasol proyectadas para esta campaña, pero en muchas zonas el déficit hídrico se hizo sentir. En el norte del país, por ejemplo, la mayoría de los lotes no se pudieron sembrar, y en los que sí se pudo las estimaciones de rinde se ubican alrededor de los 10 quintales por hectárea.

“Lo cosechado de la campaña 2019/20 se vendió todo a precios muy buenos, entre 300 y 350 dólares, y para la nueva todavía son contados con los dedos de las manos los que han hecho algún negocio a 380 o 400 dólares porque recién está sembrado, hay mucha incertidumbre como para andar haciendo negocios por contrato. Hoy en La Pampa los lotes más adelantados están en 6 u 8 hojas y los productores están esperando un poquito a que el girasol llegue al menos a R1, y de paso a ver si sigue mejorando el precio”, ilustra Riesco.

“Con estos precios los rindes de indiferencia bajan mucho, el cultivo se vuelve más competitivo y atractivo”, dice Salas Oyarzún, y asegura que el girasol es una buena oportunidad para la Argentina. “El consumo mundial es creciente. En los últimos años el gran actor de la demanda es la India, pero aun no han entrado China y los países del sudeste asiatico, con lo cual queda mucho recorrido por hacer. Desde el punto de vista de la oferta, en Rusia y Ucrania ya no hay mucho margen para que crezca la superficie, y el rinde, que ha crecido mucho en los últimos 15 años, tampoco”, dice, y agrega: “En Argentina sí hay mucho para crecer en superficie, y a la par se están moviendo los rindes hacia arriba”.

Clarín – Lucas Villamil