Viernes, 30 Octubre 2020 02:28

Las variables que analizó y recomendó un experto para conseguir el máximo rinde en maíz

Nadie dice que sembrar un cultivo sea un tarea fácil de llevar a cabo. Por eso, el análisis pormenorizado de cada variable es clave para conseguir los máximos rendimientos. Por eso, 50 productores del norte de Córdoba, que ponen bajo análisis dos millones de hectáreas y 120 variables técnicas, quieren entender de una forma única cómo las decisiones y el ambiente influyen en el rendimiento de maíz. Luego de haber conseguido todos los datos del ciclo 2019-20, convocaron al reconocido investigador de la Facultad de Agronomía (UBA) Emilio Satorre (foto superior), quien abordó la difícil tarea de separar lo importante que lo resumió en 8 variables clave para alcanzar los máximos rindes de maíz.

El relevamiento arrojó un rendimiento promedio de maíz de 8.249 kilos por hectárea, con un rango de producción que osciló entre 3.000 y 13.000 kilos por hectárea.

Las variables

Según Satorre, el ambiente, justamente, explicó el 21% de la variabilidad total de los resultados, mientras que el manejo el otro 79%.

“Las condiciones del ambiente dependen exclusivamente de conocer los suelos en cada lugar”, dice. Para él, estos suelos del norte cordobés, que son fértiles, no tienen problemas de sales y están bien nutridos, aportaron 10,2 kilos de grano de maíz.

Entre las variables del manejo, comenta que la elección del genotipo, la fecha y la estructura de siembra tuvieron un alto impacto.

Para esa zona, aconsejó: “Nunca sembraría antes del 30 de noviembre, pero tampoco lo retrasaría mucho más allá del 1 de enero”. Asimismo, dividiendo al norte cordobés en dos manifestó que, “al sur,  la recomendación es de 55.000 y 60.000 plantas por hectárea, mientras que al norte la estrategia debe ir por el lado más conservador y apuntar a 51.000 y 59.000 plantas”.

Sobre el punto que alertó Satorre fue en la estructura porque allí detectó que uno de cada tres lotes de maíz tuvo indicadores que sugieren problemas de calidad de siembra, un aspecto que puede llegar a ser determinante en un escenario de año seco como se prevé para la próxima campaña.

Por otro lado, la nutrición del cultivo explicó el 25% de la variabilidad de resultados se asoció al manejo del nitrógeno. En este sentido, el experto hizo una jerarquización bien marcada.

“Los productores que no hicieron ningún tipo de fertilización consiguieron un promedio de rinde de 7.000 kilos por hectárea; los aplicaron nitrógeno 8.300 kilos, mientras que 8.900 kilos los que hicieron una doble fertilización nitrógeno y fósforo”, explica sobre cómo fue escalando el potencial en la medida que la nutrición mejoró.

Entre los últimos factores, Satorre se refirió al manejo de plagas, enfermedades y su interacción con la genética elegida.

En tanto, las únicas enfermedades que tuvieron alguna incidencia fueron la roya y el tizón, que en algunos lotes puntuales superó el 45% en el primer caso y apenas 10% en el segundo.

Proyecto

Todo este trabajo, que comprende a 50 productores, comenzó hace tres año y es parte de la Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica (RAVIT), que cuenta con el apoyo de UPL.

“Este modelo de trabajo que propone Satorre otorga un marco y algunos límites para el razonamiento. El gran desafío que tenemos por delante es mejorarlo y ajustarlo para poder hacer diagnósticos más rápidos y poder aplicarlo en las decisiones diarias”, sentenció Esteban Tronfi, CEO de la Red.

Por su parte, el gerente general de UPL, Rodrigo Ramírez (foto inferior), sostuvo  “esta es una forma de abordar la agricultura en escala de forma colaborativa, con aprendizaje constante y junto a los que más saben”.

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