Miércoles, 07 Octubre 2020 02:26

Con tecnología y manejo, una joven le ajustó todas las clavijas a un feedlot en Salta

“Soy bastante hinchapelotas”, reconoció Cecilia Fermoselle, una licenciada salteña en Producción Animal que con 27 años se hizo cargo del manejo del feedlot de su padre (Sergio Fermoselle) con muy buenos resultados. Lo de hinchapelotas lo dice por la rigurosidad y la pasión para registrar los datos del establecimiento: el insumo para tomar decisiones. “Antes cuando teníamos un mala temporada, no sabíamos bien qué había pasado. Ahora podemos determinar si fue un problema en la ración de terminación o en la recría y medimos las diferencias entre los distintos terneros que conseguimos”, explicó Fermoselle en una entrevista con Clarín Rural.

Su historia es un ejemplo de que las mujeres suelen tener que empujar más. Después de hacer la tesis en una granja de producción porcina, comenzó a mandar curriculum a todos lados. “Estuve siete meses en un campo de ovejas pero me costaba que me vieran trabajando en el campo”, recordó.

En su zona todavía hay muchos potreros que están bien metidos en el monte y en la yunga. Los asesores se van a trabajar dos semanas seguidas a zonas rurales aisladas y en las que todos los peones son hombres. “Algunos hasta estaban preocupados de mandarme ahí”, contó.

Lo que ella quería era sumar experiencia para más adelante trabajar en el establecimiento de su padre, que se llama Las Tres Marías​ y está a 20 kilómetros de la ciudad de Salta, en la ruta que va a Cafayate. Es un campo en el que el negocio fuerte había sido la producción de tabaco y una granja de ponedoras de huevos. “Pero a mi papá siempre le gustó la ganadería”, aseguró.

Las dificultades para conseguir mano de obra para los lotes con tabaco -un cultivo muy intensivo- los convenció de que había que hacer otra cosa. El problema era que la superficie del campo era limitada, así que el productor empezó de a poco.

“Primero compró una jaula de terneros, la engordó en un corral y al ver que funcionaba siguió con otro corral y con los años armó un feedlot de 1.200 animales, que es nuestra capacidad máxima en esta superficie que es de siete hectáreas”, contó Fermoselle.

Cuando empezó a trabajar en el feedlot, Cecilia se pasó un mes observando cada uno de los procesos y después sugirió cambios para ganar eficiencia. Ahora su trabajo diario es recorrer todos los días los corrales, supervisar el trabajo del mixero, los comedores, el manejo sanitario y sobre todo encargarse de las ventas.

Trabajan con tres dietas: ingreso (30 días), recría (80 días) y terminación. El ciclo es de seis meses. Los novillos ingresan con 180 kilos y salen con 380 kilos y las vaquillonas con 330 kilos. “Estoy tratando de convencer a nuestros clientes que es mejor un novillo de 400 kilos y que no hay pérdida de calidad en la carne, pero todavía cuesta”, admitió.

La base de la ración es silo -que se siembra y cosecha en campos propios- y también soja (cruda y como expeler y harina, que es la fuente de proteína). Además se agrega un núcleo vitamínico general, pellets de trigo y urea. “Es importante respetar la mezcla y la rutina de alimentación de los animales, pero yo permanentemente estoy probando cosas nuevas para ver si rinden”, destacó.

La mayoría de los animales son cruzas de Angus, Brangus y Braford. No siempre consiguen animales puros, pero tienen medido que la ganancia de peso diaria -entre 1,130 y 1,20 kilos diarios por animal- aumenta 150 gramos cuando los animales tienen mayor calidad genética.

Los clientes del feedlot no son los grandes frigoríficos sino los matarifes y carniceros de Cerrillos y de las localidades cercanas, que vienen personalmente al campo a elegir la hacienda. Eso hace que las ventas sean bien personales.

“Al principio les costó negociar conmigo pero se acostumbraron. Yo hice algunos cambios. Antes los clientes entraban a los corrales y elegían los animales que querían, lo que complicaba mucho el manejo. Ahora trabajamos en el armado de lotes de hacienda lo más parejos posibles y los dejamos elegir de ese conjunto de animales”, explicó.

Al hacer el balance de la coyuntura del feedlot, Fermoselle está conforme con la ganancia de peso diaria pero sabe que se puede mejorar y un desafío es conseguir terneros de la mayor calidad posible.

​Otro de los problemas es que es un año difícil para el engorde a corral. "El precio del ternero está inflado y el gordo no se puede aumentar por la situación económica. Como la cotización del maíz y la soja aumentó, la ecuación del feedlot en este momento es negativa", advirtió.

Es la misma encrucijada que en este momento enfrentan todos los feedlots. Quizás la diferencia es que en Salta el engorde a corral cumple dos grandes funciones: asegura la provisión de carne propia, sin tener que "importarla" de otras provincias con mayores costos logísticos. Es una forma de agregar valor al maíz y a la soja, que evita que los granos tengan que recorrer más de 1.000 kilómetros hasta los puertos del Gran Rosario. Por eso es importante que el margen rinda.

Clarín – Gastón Neffen