Lunes, 05 Octubre 2020 02:25

Historias productivas. “Nuestro mercado es el mundo”: una empresa familiar que suena cada vez más fuerte

ValorA es la firma agroindustrial de la familia Ricca que desde sus inicios, allá por 2011 en la localidad de El Tío, no ha parado de crecer. Como en una orquesta, cada integrante se especializa en un instrumento y lo toca con destreza. Todos se ensamblan armoniosamente para producir el mejor sonido, ese que surge de la sinergia del trabajo colectivo. María Florencia Ricca, la mayor de cuatro hermanos, es la voz cantante que relata su historia. 

La tradición agroindustrial nace con sus abuelos maternos que supieron levantar una empresa de metalmecánica en la ciudad cordobesa de San Francisco y más tarde, en 1995, cuando su padre compra Los Almendros, un campo de 200 hectáreas en El Tío, comienzan a sentarse las bases de ValorA. “A raíz de esa vinculación es que nosotros siempre pesamos en qué podríamos hacer en ese campo para agregar valor, siempre de la mano de la industria, nunca desde la producción agropecuaria sola”, dice Florencia.

El proyecto de ValorA arrancó “siendo una aceitera muy pequeña, con la idea que teníamos en mente cuando compramos el campo sobre la ruta 19, de industrializar la producción propia y materia prima”, repasa. La empresa se creó, desde un comienzo, pensando en que todos trabajarían en ella. “Todos nos criamos en el entorno industrial y en la fábrica, y eso hizo que cada uno piense qué le gustaría hacer de su vida siempre enfocado en la producción de algún bien o servicio y en la exportación, y con el tiempo se creó esta empresa familiar en la que cada uno tiene un lugar”, cuenta.

Alfredo, su padre, es el director de orquesta y de ValorA; Florencia es licenciada en Administración Agraria y responsable de las Áreas de Gestión de Calidad y Producción Primaria; María Victoria es licenciada en Comercio Exterior y se ocupa de esos asuntos y de Logística para la exportación; José es licenciado en Administración de Empresas abocado a su especialidad y Finanzas; y César Francisco que está estudiando Ingeniería Electromecánica se dedica al desarrollo de nuevos productos y mantenimiento industrial.

Los tres hermanos mayores estudiaron en Buenos Aires y trabajaron en distintas compañías de renombre durante la cursada universitaria, pero el objetivo fue hacer la carrera lo más rápido posible para sumarse al proyecto familiar. Cuando Florencia regresó a San Francisco comenzó a ayudar a su padre en las tareas del campo donde producían alfalfa para rollos y fardos. Por esos tiempos, también implantaron 1 ha de almendros, 600 plantas traídas de Mendoza que se malograron antes de llegar a su umbral productivo por un ascenso de napas allá por 2017.

También invirtieron en la producción apícola, llegando a tener 1.000 colmenas y una sala de extracción habilitada por Senasa. “Cuando me casé y quise tener hijos, vendimos las colmenas porque era un trabajo muy pesado y no le encontramos la vuelta con el tema del personal”, recuerda la empresaria. Así, dejando atrás otras actividades, Valor A se afianzó finalmente en la producción de aceite y expeller de soja y proteína vegetal y se mantuvo en constante expansión.

La empresa en números

En 2011 Alfredo, su hijo José y cuatro empleados dieron inicio a ValorA, produciendo aceite y expeller de soja. El aceite se vendía para un refinado posterior, para biodiésel u otros usos, y el expeller para los tambos o productores ganaderos de la zona.

“Rápidamente, cuando empezaron con esto, la inversión realizada dejó de ser rentable y seguimos pensando en la cadena de valor así que en 2013 importamos una línea de producción para hacer texturizado de soja”, señala Florencia. Y con el foco puesto en los mercados externos, en diciembre de 2014 exportaron el primer contenedor de texturizado.

Hoy 25 personas trabajan en ValorA y procesan unas 8.000 has de soja/año. La planta tiene una capacidad de industrialización de 45 tn/día y cuenta con Aduana desde 2019. “La materia prima la obtenemos mayormente de productores de entre 30 y 50 km a la redonda, excepto la harina hipro que la compramos a distintos proveedores en Rosario”, indica la empresaria.

A partir de 2014, las ventas al exterior fueron aumentando gradualmente y, actualmente, están exportando un contenedor por día a 15 destinos. “El año pasado compramos otra línea de producción que nos permite trabajar, además, con harina de alta proteína de soja y con otras materias primas como garbanzo, por ejemplo”, detalla Florencia. Hoy comercializan texturizado de soja, expandido de garbanzo y harina precocida de garbanzo. De lo producido, el 95% del texturizado de soja y la totalidad del garbanzo se exporta. “Nosotros siempre decimos que nuestro mercado es el mundo, siempre nos enfocamos en la exportación”, asegura.

Sin embargo, apuntando al crecimiento y la diversificación, indica: “Estamos trabajando en aumentar el volumen de ventas en el mercado interno, por eso creamos la marca propia Soyalitas, texturizado de soja envasado en paquetes de 250 gramos que se comercializa en dietéticas y herboristerías del país en una versión clásica y otra con agregado de vegetales deshidratados y saborizado para preparar salsa vegetariana instantánea”.

ValorA cuenta con certificación Halal, Kosher, BPM (Buenas Prácticas de Manufactura) y HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) y están trabajando en la implementación de ISO 22.000 la norma internacional para los sistemas de gestión de seguridad alimentaria. Por otra parte, la unidad productiva Los Almendros ha sido certificada en Buenas Prácticas Agrícolas de la provincia de Córdoba por tercer año consecutivo. Y en 2019, la firma fue distinguida por ProCórdoba y el gobierno provincial por su trayectoria exportadora.

Como empresa participan activamente en la Cámara de Comercio Exterior de San Francisco de la que Florencia es vicepresidenta y hace dos años son parte del grupo CREA del Este que ella preside.

El momento es ahora

“Hoy en día Argentina tiene una oportunidad muy grande en el negocio de alimentos y no hay que desperdiciarla, por eso hay que hacer bien las cosas, generar alimentos de calidad con la inocuidad correspondiente y nosotros nos estamos formando y trabajando en eso”, sostiene la empresaria.

Con ese fin, en ValorA apuntan a lograr una calidad de materia prima certificada que les garantice trazabilidad y calidad en el producto final. “Estamos haciendo un trabajo riguroso con los proveedores y los productores generalmente responden porque hay una relación de muchos años, de confianza y de pertenencia”, dice.

Para poder aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados externos, uno de los obstáculos que habría que vencer, según la licenciada “es la falta de previsibilidad que hay en Argentina, el cambio constante de políticas y de escenarios que hace que uno no pueda pensar a largo plazo y que es la manera en que nos hacen pensar nuestros clientes del mundo”.

Otro de los puntos que juegan en contra para Florencia es la falta de competitividad “por los altos costos de producción” que tiene Argentina. “En nuestro caso, por ejemplo, el gas y la electricidad son costos muy importantes, también los de transporte y de flete”, detalla. Por eso, y de su bolsillo, están realizando la obra para llevar el gas natural a la planta y también están levantando un parque solar.

“Yo veo una gran oportunidad para Argentina como productora de alimentos y no de cualquier alimento sino de uno con calidad garantizada, certificada, con trazabilidad, de otra forma, directamente no vamos a poder acceder más a los mercados internacionales”, remarca la empresaria.

Clarín – Kitty Vaquero