Martes, 22 Septiembre 2020 02:27

Ganadería “de alta gama”: para asegurarse el maíz del feedlot invirtieron en riego subterráneo

En el lugar indicado y en el momento justo. En el año de una gran sequía, que algunos analistas indican que es una de las más graves en 60 años y que afecta a la provincia de Córdoba significativamente, invertir en riego ya es disruptivo y, si este es subterráneo, es una innovación fuera de lo común. La familia Boccolini, en Río Cuarto (Córdoba), no dudó: ellos decidieron soterrar las primeras 78 hectáreas con riego por goteo, pensando en la ganadería y también en la agricultura para su feedlot.

Es la primera parte de un plan de cuatro etapas. Allí son dueños de 1.200 hectáreas, pero trabajan sobre 2.000 totales. Dentro de esta superficie, hay 256 hectáreas, que rodean al feedlot, que serán el núcleo ya que alimentarán a 1.800 cabezas. También alquilan campos mixtos en Chaco (Taco Pozo) y Santiago del Estero (Campo Gallo).

Juan Boccolini, gerente técnico de la empresa, toma la palabra en nombre de la firma, que refleja el legado de su padre, Santiago (Foto de portada, izquierda). Lejos de las profesiones técnicas tradicionales que se escuchan en el sector, él es ingeniero biomédico.

Quizás por su conocimiento de la fisiología e histología general, adelanta y sostiene que su “corazón” lo tiene más en la ganadería que en la agricultura.

Hace memoria y recuerda vagamente el momento en que su padre armó el primer encierre, con 50 a 100 animales, con el propósito de sacar la hacienda del pastoreo directo y aprovechar esa superficie con cultivos agrícolas, que eran más competitivos por entonces.

“Creo que todo eso sucedió en mis primeros años del secundario”, rememora y admite, de alguna forma, que los avances fueron muy vertiginosos en estos veinte años de trabajo.

Aunque lejana, esa decisión de su padre lo marcó. Sembró en él la visión del sistema y el agronegocio, los conceptos clave de la transformación productiva y el valor agregado que está amplificando los horizontes hoy en día.

Con sus 32 años, al joven le gusta la tecnología. Por estos días está muy entusiasta y tapado de trabajo porque le entregaron la “llave” de paso del conjunto de bombas que irrigarán el área de riego subterráneo en el que acaba de invertir la empresa.

El diseño del riego, que implicó el trabajo de 28 personas, significó el soterrado de 428.000 metros lineales de mangueras, que están cada 1,05 metros de distancia entre líneas, a 30 centímetros de profundidad y con cada gotero a 75 centímetros entre sí.

“Estoy yendo y viniendo. El riego, la maquinaria, la decisión de siembra, el fertilizante, la ganadería… Tenemos que probar cómo funciona el sistema de riego luego de cinco meses de arduo trabajo para su instalación. Además, con la sequía no hay una gota de agua en los perfiles. Necesitamos aplicar y acumular urgente unos cien milímetros en esas 78 hectáreas para poder sembrar el maíz antes de fin de mes”, explica, como parte de su rol ejecutivo y que no pierde de vista ningún detalle.

Esas hectáreas con riego son fundamentales para el sostén de todo el feedlot. Allí planea sembrar maíz, que picará para silaje a fines de diciembre, y luego sembrará otro maíz, de segunda, para grano que cosechará alrededor de mediados del año que viene. Con toda esa producción del cereal tendrá la comida de un año ganadero completo. Como parte de la rotación bajo riego, luego vendrá el trigo y después la soja de segunda.

En el resto de la superficie de ese campo sembrará maíz en secano, en una fecha más tardía y cuando las recargas de lluvias lo permitan, y también soja. En Río Cuarto, detalla Boccolini, no hay lluvias importantes desde marzo.

Como parte del manejo ganadero, la empresa compra terneros de 200 kilos en el norte del país, los recrían allí por un año (hasta 350 kilos) y luego viajan a terminarse al feedlot en Córdoba, hasta 550-600 kilos, vendiendo un novillo de exportación a la Unión Europea.

Bajo el análisis comparativo, especifica el ingeniero, se decidieron por el riego soterrado por el menor consumo eléctrico y del agua que implica; también pueden regar día y noche, evitando ciertas inclemencias climáticas.

Además, cultivos como el trigo, y teniendo en cuenta las temperaturas muy bajas de la zona en el invierno, no pueden regarse por aspersión. Asimismo, aplicando riego subterráneo no quedan parches sin riego como sucede con el pivote central.

La única desventaja, que reconoce Boccolini, es que con riego subterráneo el paño es fijo.

“Siendo regantes podemos sembrar trigo que antes no lo cultivábamos porque los inviernos son muy secos por acá. También ya estamos en proceso de ampliación del feedlot, con unas 1.000 cabezas más ya que nos estamos asegurando esa comida que necesitamos”, se alienta el joven.

En esa región cordobesa, la rotación clásica que hacían era a base de cultivos de verano, maíz-soja de primera y, sobre hectáreas de silaje, implantaban un cereal de cobertura.

Ahora, gracias al riego y el trabajo de dos productores decididos, Santiago y Juan, todo está más integrado. Una historia productiva que refleja, sin dudas, lo que representan las decisiones estratégicas para seguir creciendo.

Para los Boccolini, la balanza, ahora, la inclina la ganadería pero antes, fue la agricultura. Por eso, entendieron que lo mejor era un modelo de estabilidad e inteligente, que ya están armando.

Infocampo – Pablo Losada