Jueves, 17 Septiembre 2020 02:26

Hersilia celebra cinco años de impulso a la agroecología en el periurbano

“La pandemia que tiene en vilo al mundo no nos encuentra desprevenidos”, remarcan desde el equipo para la promoción de la agroecología de Hersilia, una población, de poco más de tres mil habitantes del departamento San Cristóbal, que cumplió cinco años de fomento de la agroecología en el área periurbana. Si bien sus protagonistas no vinculan la ausencia de casos de Covid-19 al desarrollo de su programa, establecido oficialmente a través de una ordenanza sancionada el 1 de septiembre de 2015, consideran que la iniciativa “fue un acierto, frente a la debilidad inmunológica en que se encuentra el planeta”.

“No nos conformamos con haber alejado sustancialmente las fumigaciones de nuestro entorno para que no nos perjudiquen los químicos, sino que trabajamos en la concientización sobre la necesidad de alimentarnos de manera más saludable”, explicó Fermando Albrecht, a La Capital, uno de los vecinos autoconvocados por la salud y el ambiente que impulsaron una normativa que, en 2011, fue pionera en el país al alejar el uso de agroquímicos a menos de 800 metros del área urbana.

“En medio de la crisis sanitaria y de los debates sobre el acuerdo porcino con China y los episodios de quemas en las islas, reafirmamos que descontaminar lo más posible nuestros suelos, aguas y el aire que respiramos, junto a la producción de alimentos de cercanía, libres de agrotóxicos y más accesibles para la comunidad, fortalece nuestra capacidad de resistencia y resiliencia”, argumentó Albrecht.

Para el vecino, los cinco años transcurridos desde el comienzo del Programa de Promoción de la Agroecología y la Producción Orgánica fueron posibles gracias al equipo de trabajo multidisciplinario conformado por la comuna, la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral, la Agencia de Extensión Rural Ceres del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), Agricultura Familiar, Pro Huerta, la Asociación Para el Desarrollo Regional Ceres/Hersilia y Vecinos Autoconvocados de Hersilia y Ceres, además de instituciones de consulta.

“Hay un trabajo en equipo que se consolidó en el tiempo donde el mérito es la democratización del proyecto”, ya que los caminos que toman los piensan y transitan en conjunto. “Además, la comunidad comenzó a pensar, a vibrar y vincularse en un sentido más relacionado a la salud, al respeto del ambiente y de la vida. Esos son los mayores logros, son principios que se impregnaron en la cultura del pueblo”, repasó Albrecht.

Recuperar el equilibrio

“Conseguimos cambiar de paradigma y pararnos en la vereda de enfrente del modelo agropecuario que avanza sobre la naturaleza y que crea virus y patógenos. En Hersilia trabajamos en un proyecto para recuperar los equilibrios de la naturaleza, la salud de la tierra, el agua, el aire y la biodiversidad. Esto es lo que disminuye las posibilidades de la aparición de patógenos que nos agredan”.

“No es lo mismo enfrentar el coronoavirus u otra enfermedad respirando agrotóxicos inmunosupresores a estar alejados de estos y que nuestros cuerpos tengan que dar una lucha menos. No es lo mismo respirar aire limpio que contaminado con humos y tóxicos”.

Los hersilienses supieron sortear muchos escollos para arribar a este punto y hoy pueden ver los logros y afrontar nuevos desafíos. “Debimos superar los prejuicios y presiones. Hoy la agenda y las discusiones de trabajo se construyen con mucho afecto y en base a tres pilares fundamentales que son: Hersilia, pueblo libre de agrotóxicos; caminando la agroecología y el respeto a la diversidad”, indicó el vecino y sostuvo que los objetivos son “el trabajo saludable, sustentable y rentable para cada uno de los productores; la posibilidad de que la materia prima que se produce en nuestro territorio pueda ser transformada en alimento y genere trabajo y un espacio donde concentramos todos los beneficios que la agroecología nos proporciona para incentivar nuevos proyectos como el Centro Integral de Servicios Agroecológicos que prevé la reproducción de semillas, plantación de frutales y producción de bioinsumos, entre otros”.

Conciencia

Para Albrecht en los nueve años que se cumplieron del alejamiento de los agrotóxicos y a partir del inicio del programa de fomento a la producción agroecológica “en Hersilia hay una cultura de la revalorización de la cuestión ambiental, del cuidado de los árboles, del valor de la agroecología para la producción de alimentos sanos para la comunidad y del cuidado de la vida y la salud. Incluso esta conciencia se fue extendiendo a poblaciones vecinas que demandan los productos agroecológicos porque entienden su importancia en ese aspecto”.

Incluso, los relatos de los pobladores confluyen en ese sentido. Son narraciones que relacionan los proyectos agroecológicos con las formas antiguas de producir alimentos. “Una vecina me dijo que esto que estamos experimentando ya se hacía. En materia de producción de alimentos y equilibrio de la naturaleza se trata de rescatar un pasado que no solamente consiste en recuperar lo que hicieron nuestros ancestros, sino que se cuenta en términos de esperanza: con la tecnología y los conocimientos de hoy, cómo no poder concretar eso que se hizo en otras épocas con muchísimas dificultades”, reflexionó Albrecht.

Con ese espíritu, los vecinos de Hersilia apuntan ahora a un futuro de afianzamiento de la producción biodiversificada bajo la consigna, no solo de producir alimentos sanos sino, además, cuidar el embellecimiento del paisaje a través de sus virtudes naturales. “No solo soñamos con tener un pueblo sano sino también que sea bello. No tenemos montañas ni ríos, entonces debemos centrarnos en la naturaleza”, explicó y añadió que “son conceptos que se unen y que además generan trabajo. Lo bueno es que en la medida en que avanzamos nos encontramos con otros vecinos que tienen saberes para producir para si mismos y para la comunidad. Nuestro anhelo es que, en el futuro y aunque sean pequeños, tengan terrenos para concretar sus proyectos y así continuar con lo que ya se viene realizando. Lo central es desarrollar una comunidad armónica en la que nadie quede afuera”, finalizó.

La mirada oficial

En un repaso del proceso, el presidente comunal, Celestino Nicolau, contó a este diario que “el proyecto de agroecología nació cuatro años después de haber creado la ordenanza que alejó las fumigaciones a 800 metros. Fue muy duro ese momento porque había que tomar la decisión de hacernos insultar por los productores; pero luego, con el paso del tiempo entendieron que era necesario, vieron las ventajas y empezaron a acompañar y a sumarse”.

“Venían con el argumento de que estaban complicados porque no sabían qué producir en esas 300 hectáreas en las que no podían fumigar. Siempre con la idea de que si no utilizaban agroquímicos no podrían obtener los mismos rindes. Les explicamos que desde la comuna priorizamos el ambiente y la salud de la gente. Eso es más importante que lo que podemos perder en 300 hectáreas sobre más de 64 mil que tiene el distrito y si hubiéramos permitido fumigar cerca de la gente hoy tendríamos hasta el agua contaminada”, reflexionó Nicolau.

“Al principio costó, hubo resistencia de diversos sectores, como la gente de Sociedad Rural, entre otros. Pero con mucho trabajo de todas las instituciones que participan llegamos a un acuerdo y logramos poner en práctica los alcances de la ordenanza”, señaló.

“Desde la mirada del productor entendíamos que en esos terrenos crecería el monte si no hacíamos nada, pero por otra parte les hicimos ver que teníamos actividades alternativas y que en esa extensión podíamos producir muchísimos alimentos sanos y redituables".

Desde el comienzo del proyecto desde la comuna se solventan además los sueldos de dos ingenieros agrónomos que aportan conocimientos técnicos, evalúan, diseñan y gestionan los proyectos, además de capacitar a los vecinos.

Entre otras iniciativas, ahora encararán en terrenos comunales la instalación de un vivero de árboles autóctonos para abastecer a la localidad y a la región y una huerta demostrativa. “También apoyamos a los pequeños productores y a quienes desean sumarse a la vez que propiciamos periódicamente las ferias de productos saludables”, se entusiasmó el jefe comunal y detalló que entre ellos “hay huerteros, ganaderos, agricultores, apicultores y un tambo que ahora comenzó a producir quesos”.

“Ahora estamos buscando una ayuda económica de parte de la provincia. Tuvimos contacto con el Ministerio de la Producción y próximamente tendremos una reunión porque ellos también están interesados en este modelo para replicarlo en otras localidades”, precisó Nicolau y detalló que “son frecuentes las consultas de otras localidades de la provincia que quieren comenzar este camino. No tenemos problemas y humildemente nos brindamos a facilitar la ordenanza y el asesoramiento que necesitan”.

La Capital (Rosario) – Luis Emilio Blanco

 

"Por sus beneficios la agroecología ganó terreno entre los profesionales"

Para Marcelo Lovaisa, licenciado en trabajo social con posgrado en desarrollo rural y técnico de la Agencia de Extensión Rural Ceres del Inta, “lo que ocurrió en Hersilia es sumamente positivo. Hay muchos avances en cuanto a concientización y a la visibilidad, que genera un aporte no solo para la localidad sino para la región. Empieza a haber demandas a partir de que alguien escucha el caso. Se arma una dinámica que origina intriga a otro productor, de otra comunidad e, incluso, también hay que hacer un camino entre los técnicos. La agroecología como modelo de producción no pertenece al modelo hegemónico y por lo tanto siempre está en una especie de forcejeo constante. Es como armar una picada en medio de un matorral”, señaló el especialista en términos regionales y agregó que “paso a paso se va avanzando”.

“Hace años uno entraba al aula y el profesor fumaba, al igual que el 80 por ciento de los alumnos”, recordó Lovaisa y sentenció: “Si hoy entrás fumando a un aula te sacan a patadas en el traste. Qué pasó en el medio. Simplemente un proceso, digno de una tesis de sociología, que no evidencia las causas precisas, pero si el antes y el después. Con la agroecología se da el mismo fenómeno. Antes, éramos muy pocos los técnicos que hablábamos del tema, que trabajábamos en las huertas de traspatio y de autoconsumo de alimentos. Hoy está más difundido tal vez porque en algún momento fue política pública o por el trabajo hormiga en fueros académicos o en la práctica. También porque el sistema de cultivo predominante tiene falencias cada vez menos disimulables”.

“Muchísima gente se volcó a la agroecología sin saber siquiera qué era. Lo hizo porque se cayó del sistema y era lo único que sabían hacer. Experiencias de ese tipo se dieron por ejemplo en La Plata donde los productores del cinturón hortícola, si no tenían determinada escala que le permitiera acceder a los insumos que le impone el modelo agropecuario industrial, tenían que retirarse a poner un quiosco. Cuando escucharon a un técnico hablar de agroecología se abrazaron al modelo cual tabla de salvación para un náufrago”, contó y reflexionó: “Estas causas diseñaron una realidad totalmente distinta que estoy en condiciones de analizar porque recuerdo cómo era lo anterior. Pero las nuevas generaciones lo viven como un descubrimiento y quizás no puedan dimensionar que se avanzó mucho en este terreno”.

Para graficar el fenómeno, Lovaisa contó que recientemente participó de una reunión en la que un propietario de campo, que responde al prototipo de productor mixto (lechero y agrícola) del departamento San Cristóbal, su socio -que además tiene dos máquinas para aplicar agroquímicos- y un ingeniero agrónomo jubilado le pidieron que los asesore para comenzar un emprendimiento agroecológico. “Me sorprendí porque esos interlocutores nunca hubieran pedido ayuda para una iniciativa así años atrás. Ese es un indicador contundente de cuánto se avanzó”, dijo.

Lo viejo y lo nuevo

“El desafío es hacer agronomía en base a los principios de la ecología. Cuando uno ve que en el mundo natural existen 250 mil tipos de relaciones, procesos, sinergias y vínculos, que forman una gran complejidad que es importante conocer para saber leer e interpretar para luego dar fundamento a la agroecología, entiende que trata de un concepto que suma lo ambiental, pero también lo humano y lo social. Es la suma de los viejos conocimientos con la ayuda de los nuevos, ante el desafío de producir respetando los principios ecológicos”, definió el licenciado.

“Cuando no estaba presente el modelo actual, que es diseñado y responde a intereses bien claros como el que proponía la revolución verde, la gente no necesitaba que le hablen de agroecología porque la vivía. El campo estaba habitado, había cremerías, escuelas y casas. En ellas había caballos, chanchos, corderos, chivos, gallinas, pavos y patos. Tenían quintas, frutales y sembrados. Eso era la agroecología. Era conocimiento ancestral y no hacía falta un teórico para que baje conceptos sobre cómo trabajar”, rememoró y definió que “para el cambio de modelo no se hizo una consulta popular. Hubo una puja en la que triunfaron los más poderosos que derrumbaron ese sistema y modelaron el actual, lleno de baches, en el que la única variable que interesa es la rentabilidad”.

“Ahora retornamos a los principios agroecológicos lo que no significa, como a veces nos chicanean, volver al arado de mancera. No es volver a vivir en el campo con carencias como marginal. Es ser crítico de lo presente y recuperar lo anterior sumando lo bueno de la tecnología, respetando la complejidad y la integralidad de los procesos que nos brinda la naturaleza”, esgrimió.

Para Lovaisa, el gran acierto del trabajo realizado en Hersilia obedece a la visión transversal del conflicto que dividía aguas y enfrentaba a productores y vecinos. “Esta pandemia nos hizo salir de la vorágine y analizar lo realizado hasta el momento. En esta localidad se construyó mucho y el abordaje a través de una trama interinstitucional es lo que le posibilitó el desarrollo y le garantiza el futuro a este tipo de iniciativas”.

El especialista asegura que, en un análisis introspectivo, “actualmente hay mucha demanda de asesoramiento para desarrollo de emprendimientos agroecológicos y lo importante es evaluar quiénes son los actores. Esto tendrá a corto plazo un efecto multiplicador que, a su vez, moviliza a los profesionales. El ingeniero agrónomo que se desempeña en nuestra zona muchas veces pone en juego su prestigio y la mirada social cuando comienza a pisar un terreno para el cual no fue preparado. Eso pasa y pasará durante mucho tiempo”.

“Hay que ser cauteloso y evitar emitir juicios acelerados. Los procesos no son pacíficos, hay lugares en los que hay conflictos muy tensos, con altos niveles de agresión en donde hay que empezar a construir desde los escombros. Pero como contracara hay que ver que hubo muchos avances. Hoy vemos, por ejemplo, que en la institución para la cual trabajo tiene dos centros experimentales con módulos agroecológicos. Con matices y discusiones, pero se concreta algo que era imposible plantear hace unos años”.

Los profesionales

“Muchos agrónomos y veterinarios vimos en la agroecología una posibilidad de dar el enfoque que necesitábamos a nuestras profesiones”, remarcó Brian Murphy, un ingeniero agrónomo que integra la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral y, junto a su colega Violeta Paganni, asesoran en el proceso de transición agroecológica de Hersilia. “El actual sistema es injusto en diversos aspectos y los profesionales también somos afectados. Hay cada vez más especialistas a quienes no les cierra el modelo de agronegocios como está planteado en Argentina. A raíz de eso reflexionamos y deliberamos sobre nuestra situación como técnicos y trabajadores del sector. Es así que vimos en la agroecología una posibilidad de darle el enfoque que necesitábamos a nuestras profesiones y conformamos la red de técnicos”, describió Murphy.

En ese momento, en Hersilia habían sancionado la ordenanza de promoción de la agroecología y fueron convocados para trabajar allí, y desde entonces, viajan una vez por mes con un equipo de profesionales para asesorar y acompañar el proyecto. “Problematizamos el modelo de transgénicos y agroquímicos y queríamos darle un enfoque distinto a nuestras profesiones vinculado al reclamo de las comunidades por la afectación, no solo de los agroquímicos, sino por cómo está planteado de manera injusta e inequitativa”, graficó el ingeniero y rescató a la localidad como “un bastión en la materia que evolucionó gracias a que los vecinos se organizaron desde las bases y se transformaron en referencia para otras localidades. Generamos así un espacio que nos permite un desarrollo distinto. Nos abrió muchas posibilidades como críticos y nos permite desarrollar capacidades, visiones técnicas y prácticas de un sinnúmero de características de otro modelo de extensión. Podemos así trabajar en una localidad con las bases organizadas, con los vecinos autoconvocados, con las instituciones y fundamentalmente con los pequeños productores, además de articular con el Estado local, provincial y nacional”.

“Este proceso nos habilita a llevar adelante nuestro trabajo en un entorno muy estimulante. Desarrollamos una agronomía distinta a la que está planteada y a la visión que tenemos desde la facultad. Esta propuesta es una luz de esperanza que nos permite aplicar la agroecología, que es nuestra forma de entender la profesión”, dijo Murphy y recordó que “hace cinco años estábamos solos. No había recepción a los planteos y críticas que se hacían hacia la profesión como parte de un modelo agropecuario. Había mucha reticencia y prejuicios hacia la agroecología. Se cerraban espacios institucionales y académicos frente a estos planteos y hoy vemos que la realidad dio un giro de 180 grados. Es totalmente distinta la percepción de parte de otros colegas, instituciones y universidades”.

Según narró el ingeniero “estos espacios institucionales antes rechazaban claramente todo lo que tuviera que ver con esa disciplina y la crítica al modelo agroindustrial, aún vigente. Gracias a la lucha en todo el mundo, y particularmente en Argentina de las comunidades afectadas por el agronegocio, hoy se arribó a otra situación. Las contradicciones del sistema mostraron sus límites claros. Esa forma de producir llegó a un techo y presenta serias limitaciones en distintos aspectos”.

“Lo vemos claramente en la cuestión ambiental en relación a la contaminación, pero también con la aparición de malezas resistentes, que no se las puede combatir con el sistema químico. Es un modelo que no tiene más herramientas para proponer”, argumentó y consideró que “esta crisis lleva a una situación límite que hace que todos comiencen a ser más receptivos a los planteos que se hacían desde diversos lugares”.

Repensar la capacitación

“Ahora hay muchísimos cursos y profusa participación de actores que antes rechazaban la agroecología y hoy comienzan a ver las ventajas de sus principios, de la utilización de los bioinsumos, los cultivos de cobertura y las herramientas para otro tipo de labranzas. Mientras tanto, los profesionales estamos en situación de repensar nuestra formación que claramente se dio en paralelo con la liberación de la economía, con la imposición de los transgénicos y los insumos vinculados a las empresas transnacionales”, remarcó Murhpy y aseguró que “fue un proceso que también colonizó a la universidad pública. Por ejemplo, muchos de los que nos recibimos como ingenieros agrónomos en distintas universidades del país cursamos la carrera sin la materia de microbiología de suelos porque la habían quitado de los planes de estudio. Hoy esa disciplina es la base de la agroecología”.

Por esa razón, los profesionales sensibles a los reclamos se vieron en crisis y se vincularon para encontrar herramientas que den respuestas a las necesidades de un sinnúmero de localidades. “Se organizaron y plantearon propuestas frente a los atropellos y al avasallamiento del modelo químico y transgénico a gran escala”, enfatizó el agrónomo y remarcó que “esto se refleja ahora en el aumento de las consultas, tanto de vecinos afectados como de autoridades”.

Además, dijo que “es increíble la cantidad de productores que comienzan a estudiar e investigar la posibilidad de producir de otra manera porque son los primeros que ven las consecuencias de este modelo en el suelo, en las personas y en lo económico. Muchos de ellos llegan acobardados por el costo de los paquetes tecnológicos vinculados al sistema transgénico y el uso de agrotóxicos, que en la medida que incrementa sus costos excluye a quienes lo utilizan”.

La Capital (Rosario) – Luis Emilio Blanco