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Jueves, 13 Agosto 2020 02:28

Soja: divide al campo la idea de reinstalar aranceles diferenciales

El Gobierno continúa con el plan de fomentar el agregado de valor en el sector productivo, tal como lo hizo en marzo cuando modificó las alícuotas de los derechos de exportación y a la vez instaló diferenciales para la exportación de harina de trigo y aceite de girasol. En aquel momento, si bien se barajó la idea de reinstalar los diferenciales arancelarios en la soja, no se llevó adelante, y hoy esa alternativa cobra fuerza. El objetivo que se persigue al tomar este tipo de medidas es mejorar la competitividad de la industria y que eso tenga un impacto positivo en toda la cadena en términos de ganar en rentabilidad y generación de empleo. Por ejemplo, en aquel momento, al modificar los esquemas mejoraron su posición la exportación de legumbres, pesca, maní, porcinos, maíces especiales, ovinos, embutidos, harinas y aceites entre otros.

Hoy el dato que inquieta al Gobierno es la caída de las exportaciones de harina de soja, que en el mes de julio se ubicaron significativamente por debajo del año pasado. En total, habrían sido embarcadas desde nuestro país unas 2,35 millones de toneladas de harina y pellets de soja, lo que implica una caída en términos interanuales del 22% y en lo que va de la campaña, los mismos embarques cayeron un 11% al hacer la misma comparación.

La grieta de la soja es puertas adentro, divide a la agroindustria y no se basa simplemente en si conviene exportar poroto de soja o un subproducto industrializado, sino lo que pasa con los precios que recibe el productor, que es quien aduce que el diferencial arancelario que se evalúa reinstalar sería en definitiva una ventaja para la industria.

Desde la producción primaria, fuentes técnicas consultadas argumentan que ese mecanismo genera una transferencia de recursos de un sector a otro, porque la industria compraría poroto con un descuento de precios por una retención más alta que la que tiene para luego exportar el subproducto. Aseguran que no debería haber un sector protegido que se beneficia por una protección impositiva porque finalmente termina generando una situación de ineficiencia.

Por otra parte, Enrique Erize, analista del mercado de granos, aseguró que “la medida que tomó Mauricio Macri en 2018 al retirar los diferenciales no benefició en nada al productor y a la vez dejó un elevado índice de capacidad ociosa en el complejo agroindustrial del Gran Rosario, uno de los más eficientes del mundo”.

Además, aseguró que “Argentina produce poroto de soja y tiene capacidad para procesarlo. En el mundo no hay muchos países que puedan procesar una cantidad importante de granos, sólo China y la Unión Europea pueden hacerlo, por lo tanto la venta de granos -en medio del conflicto entre China y EE.UU.- benefició fuertemente a los asiáticos y una prueba de eso es que COFCO se transformó en la principal empresa agroexportadora en las últimas campañas”.

“Cuando uno exporta granos tiene pocos países a los que les puede vender en cambio cuando se exporta harina, los destinos son más de 150”, destacó Erize.

En cuanto a la discusión de los precios pagados por la industria, hace tiempo la Bolsa de Comercio de Rosario analizó el precio pagado por la industria y lo comparó con el precio FAS teórico de la exportación entre 2016 y 2018, es decir que al menos durante los dos años y medio anteriores a la modificación de los aranceles que hizo Macri, el productor cobró en promedio u$s10 más por tonelada respecto de lo que debería haber cobrado si en la Argentina no hubiera industrias que demandan grano.

Independientemente de la grieta y de la conveniencia de un esquema a favor de los productores o de las fábricas, lo importante será determinar qué es lo más favorable para la Argentina y lograr una correcta definición del concepto de agregado de valor, que implique seducción a inversores para fomentar el desarrollo productivo.

Ámbito Financiero – Daniel Aprile